Pelín obvio el titular. Jamás torturaría a los cada vez más oyentes de nuestra lista de Spotify con temas que no merezca la pena recordar.

Estos días se ha hablado y escrito mucho sobre este histórico (primer) aniversario que nos recuerda que hubo un mundo sin mascarillas salvo en los quirófanos, y en el que nos dábamos los famosos dos besos con a veces incluso demasiada afición. Muchos ahora se dan cuenta de dónde les venían las famosas gripes anuales. Sí, ya hemos entrado en ese punto en el que nos llaman la atención las series y películas en los que podemos ver eventos multitudinarios normales. Más incluso que cuando vemos las torres gemelas en el skyline neoyorquino o contestadores automáticos de casete.

Pues lo de no olvidar es un deporte muy frecuente en la música. Paseo por un par de recomendaciones: desde el himno disco-funk de Patrice Rushen Forget me nots (No me olvides) hasta una de las absolutas sorpresas de los últimos años: Noisettes con Never forget you (Nunca te olvidaré) Ahí va, de propina, el vídeo:

Pero si un tema ha marcado los 80 a cargo de una de esas bandas históricas que nos transportan a décadas pasadas, ese ha sido Don’t You (Forget About Me) de nada menos que Simple Minds.

Aunque Jim Kerr y su vida daría para artículo y medio, solamente esta canción ofrece motivos sobrados para dedicar un minuto de lectura a conocerla mejor. De entrada es interesante saber que no pertenece a ningún disco de la banda, recopilatorios aparte, claro. Fue un encargo para una banda sonora, en un tiempo, aquel 1985, en el que la música y el cine iban muy a gusto de la mano. Luego las multinacionales empezaron a comprarse y ya resulta complicado separar ambos mundos.

Fue un encargo para una banda sonora, en un tiempo, aquel 1985, en el que la música y el cine iban muy a gusto de la mano

Uno de esos temas que resulta imposible no imaginar cantado en directo resulta que no fue obra de los propios Simple Minds. Suyo es el mérito de convertir en éxito una canción compuesta por el productor que ganó el Oscar por Flashdance (Keith Forsey) y el guitarrista de uno de los más celebrados esperpentos rompedores de los 80 en su vertiente oscura, Nina Hagen. Se trata de alguien llamado Steve Schiff. No se vaya el lector a perder el frikismo de New York, N. Y. de esa cantante de ópera metida en el pop.

Bueno, volviendo a esa canción que tanto nos hacía saltar en los conciertos de Simple Minds gracias a su principio a gritos, es todo paradoja. Ha sido el mayor éxito de la banda, a pesar de que en un principio no querían interpretarla, y de hecho no pertenece a su discografía oficial. Seguimos para bingo: está entre los 100 singles más vendidos de la Historia y no estaba en la banda sonora original de la película Breakfast Club, en la que suena solamente al principio y al final. Y ya. Además de los propios Simple Minds, dijeron “no” a interpretarla Brian Ferry, o Billy Idol entre muchos otros, aunque se arrepintieron más tarde.

Es la historia de un curioso error de artistas y multinacionales del cine y de la música. Como siempre ocurre, el público fue quien tuvo que colocar este tema en el sitio que se merece.

Ahí están los 193 millones de reproducciones de un videoclip en el que podemos ver a una banda de Glasgow hacer lo que puede con un tema que donde se explica mejor es en un gran concierto, como el histórico momento en el que estalló Wembley con Freddie Mercury: el Live Aid de 1985:

No te olvides de mí fue un error que el público hizo grande porque lo merecía. También este último año ha sido una sucesión de algunos aciertos, muchos errores y tres mil leyes. Y si ha salido todo lo adelante que se podía, ha sido, una vez más y como en esta icónica canción, gracias a todos nosotros.