La nueva ola de la pandemia, unida a las crecientes tensiones inflacionistas y la progresiva normalización de la política económica, proyectan una ralentización de la senda de crecimiento mundial en los próximos meses. En este sentido, el Banco Mundial ha revisado a la baja las expectativas de avance del PIB global este año en 0,2 puntos porcentuales hasta un 4,1% anual (vs. 4,3% anual anterior), tras registrar en 2021 la recuperación más dinámica en 80 años con un incremento de la producción de un 5,5% anual.

De esta forma, la coyuntura a corto plazo continuará fuertemente condicionada por las implicaciones socioeconómicas del avance de la variante ómicron, cuya incidencia comienza a repuntar significativamente también en América Latina o en la región Asia-Pacífico, lo que previsiblemente podría profundizar los problemas de suministros de las cadenas de valor y retrasar su normalización ante el incremento del número de cuarentenas, bajas laborales y la escasez de trabajadores. Una situación que ya se está observando tanto en EEUU como en Europa.

Este hecho, junto al encarecimiento de los alimentos y de las materias primas básicas y la crisis energética, eleva el riesgo de una subida del nivel de precios más prolongada y con un mayor carácter estructural. Todo ello en un contexto en el que las principales economías, con la excepción de China y Japón, presentan sus tasas de IPC más elevadas en las últimas décadas, por lo que sus Bancos Centrales han anunciado el menor tono acomodaticio de su política monetaria. Así, no sólo se confirma un desacoplamiento de la estrategia de la Fed y el BCE respecto a las autoridades monetarias de China y Japón, sino también la heterogeneidad del ritmo de su normalización entre EEUU y la Eurozona.

Así, el dato de la inflación de EEUU en diciembre, que alcanzó su mayor nivel en 39 años al situarse en un 7,0% anual, refuerza las expectativas de que la Fed podría comenzar a subir los tipos de interés a partir de finales del este trimestre, una vez finalice su programa de compras de bonos (previsto en marzo), acelerando la normalización de su política monetaria. Un proceso que podría no sólo materializarse con 4 subidas de tipos, sino también con una progresiva reducción de su balance que asciende a 8,8 billones de dólares.

Ómicron, los problemas de suministros, el encarecimiento de alimentos y de materias primas amenazan una subida de precios prolongada»

Adicionalmente, la evolución de la crisis sanitaria durante este trimestre, la elevada inflación y el menor tono expansivo de la política fiscal también condicionan a la baja la confianza de los hogares, lo que podría lastrar el consumo y la actividad de los sectores más afectados por la pandemia. Una circunstancia que determinará la sostenibilidad de la actual recuperación del mercado laboral y de la tendencia de las tasas de morosidad y de quiebra ante un entorno de endurecimiento de las condiciones financieras y de incremento de los costes de producción que afrontan las empresas.

Entre las principales regiones, en 2022 el organismo internacional proyecta un ritmo de crecimiento superior al global en Asia del Este y Pacífico de un 4,6% anual (vs. 4,7% anterior) y en Oriente Medio y Norte de África de un 4,4% anual (vs. 3,6% en junio de 2021), apoyada en su caso por la subida de los precios del petróleo y del gas natural. En contraste, las peores perspectivas se sitúan en América Latina y Caribe con una rebaja del avance del PIB de 0,3 pp hasta un 2,6% anual este año.

Las economías avanzadas registrarán un repunte de su producción de un 3,8% anual en 2022, frente al estimado de un 4,0% el pasado mes de junio. Una corrección explicada principalmente por la rebaja de 0,5 puntos porcentuales de las expectativas de crecimiento de EEUU a un 3,7% anual (vs. 4,2% anual anterior). En el caso de la Eurozona se modera el avance del PIB a un 4,2% anual, frente a un 4,4% previsto anteriormente. En contraste, se proyecta un incremento de la producción en Japón de un 2,9% anual este año, 0,3 puntos porcentuales superior a su anterior escenario macroeconómico (2,6% el pasado mes de junio).

La senda de crecimiento será divergente entre economías avanzadas y emergentes, con desequilibrios acentuados»

Paralelamente, se confirma la ralentización de la economía china explicada principalmente por la atonía de su demanda interna, los desequilibrios de su sector inmobiliario y las implicaciones de la política de covid cero adoptadas para controlar la crisis sanitaria. En concreto, el Banco Mundial sitúa el incremento del PIB de la potencia asiática en un 5,1% anual (vs. 5,3% anual anterior).

Una senda de crecimiento económico que constata no sólo una recuperación divergente entre las economías avanzadas y emergentes, sino también los desequilibrios acentuados y generados a raíz de la pandemia. En este sentido, algunos países emergentes y en desarrollo ante la normalización de la política monetaria, especialmente de EEUU, tendrán que hacer frente a un aumento del coste del servicio de la deuda y a mayores dificultades de acceso a la financiación en los mercados financieros. Una circunstancia que, unida a la menor capacidad de aumentar el gasto y la inversión pública, proyectan que su nivel de producción se mantenga significativamente por debajo de su tendencia pre-covid.

De esta forma, en 2023 un 40% de las economías emergentes y en desarrollo seguirán registrando niveles de renta per cápita inferiores a los de 2019, lo que representa un reto en términos de estabilidad social, económica y geopolítica.

Alicia Coronil Jónsson. Economista Jefe de Singular Bank.