La campaña electoral en Castilla y León acaba, por fin, de concluir. Poco original, con un nivel político en algunos momentos por los suelos, lo ha hecho de una forma desconcertante y dejando el escenario final mucho más abierto de lo que hace quince días podía preverse. No hay un solo analista que haya limitado estos comicios a un alcance regional. Más al contrario, todos hemos coincidido en señalar su trascendencia, casi con carácter de ‘primarias’, de cara a una convocatoria general, en principio prevista para el final de 2023, pero que puede sufrir aún muchos vaivenes en cuanto a la evolución del escenario político global y en lo que tiene que ver con las expectativas del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del líder de la oposición, Pablo Casado. Siempre he considerado un gran error que en campañas electorales autonómicas se haga un excesivo uso de mensajes nacionales y lamentablemente, algunos han caído en este error y, es posible, que el domingo se arrepientan.

Si hay algo indiscutible en esta campaña es que se le ha hecho tortuosamente larga al PP. El presidente de esta comunidad, que gobernaba con una cómoda mayoría parlamentaria gracias al apoyo de Ciudadanos y de su líder regional, Francisco Igea, decidió de la noche a la mañana destituir a todos sus consejeros de la formación naranja, disolver la cámara y convocar elecciones anticipadas. Se le antojaba a Mañueco este 13-F como una fecha ‘fetiche’, una jornada que se dibujaba en su cabeza como una suerte de 4-M redivivo, en versión castellano y leonesa, para emular la hazaña de Isabel Díaz Ayuso y continuar en el ejecutivo regional, pero con una cómoda mayoría, lo más cerca posible de la absoluta, sin la -para él- ‘engorrosa’ presencia de los liberales que preside Arrimadas. En su descargo, tal vez haya que decir que la iniciativa de esta jugada partiera de la propia dirección nacional del PP, de Casado y García-Egea, que habían esbozado en su cuaderno de bitácora un segundo ‘tsunami’ que catapultara aún más las expectativas del líder popular de llegar al Palacio de La Moncloa en dos años. Pero en política, las cosas no son tan sencillas.

Las cañas se han ido volviendo lanzas para Mañueco.

En los últimos días, el PP, que partía de una demoscopia favorable y el viento de cola de cara a ese objetivo de acariciar la mayoría absoluta -41 procuradores sobre 80- y no depender de la extrema derecha de Vox y sí de pactos puntuales con diputados de formaciones provinciales, se ha ido desinflando. Las razones pueden ser múltiples: desde una falta de un mensaje eficaz de cara a la resolución de los problemas reales de los castellanos y leoneses hasta una excesiva presencia de líderes nacionales, que han desdibujado el papel de Alfonso Fernández-Mañueco. Es difícil ponderarlo. El último elemento que ha terminado por complicar las expectativas de ‘paseo militar’ del PP ha sido la previsible alta abstención. Una baja participación que les perjudicaría gravemente, por el riesgo real -malas condiciones climatológicas incluidas- de que no más de un 60 por ciento de los votantes acudan a las urnas de las nueve provincias en liza.

Daba la sensación de que antes de ir al mitin de turno, se habían pasado por la planta de montería y habían arrasado con la ‘ropita de ganadero’

La alerta la lanzaba Narciso Michavila, responsable de GAD-3, uno de los institutos demoscópicos más prestigiosos y tradicionalmente cercano a posiciones populares: por debajo del citado porcentaje, podría producirse incluso la posibilidad matemática de que la izquierda gobernara. Todo un maremoto en la línea de flotación del PP, que dinamitaría sus expectativas y las de liderazgo nacional del propio Casado, que contaba con estos comicios como una catapulta en su carrera a la Presidencia, de aquí a 2023, tras el éxito de Díaz Ayuso. Un revés para Mañueco sería un golpe muy duro para el presidente del PP y para su secretario General, Teodoro García-Egea.

Tal vez haya sido la excesiva presencia de líderes nacionales del partido de la Calle Génova lo que haya contribuido, paradójicamente, a desinflar los buenos augurios con los que parecía contar, de saque, el candidato. Intervenciones de José María Aznar, de Isabel Díaz Ayuso y algunos otros, muy comentadas, pero que han desdibujado el liderazgo del barón regional. Añadan a esto el dardo envenenado del expresidente del Gobierno que, el primer fin de semana de campaña, cuestionó sin citarla expresamente la propia ‘autoritas’ de Casado -el único que apenas ha aparecido por los mítines- y obtendrán un ‘cocktail’ letal que ha ido indigestando a esta formación con el paso de los días.

Un pésimo marketing’ político

Desde el punto de vista de la comunicación política, esta campaña ha sido de todo menos normal; incluso desde el punto de vista estético, algunas fotos en los primeros días de líderes nacionales de la derecha, PP y sobre todo Vox, parecían más propias de una obra de teatro medieval que de una cita electoral en una región de agricultores y ganaderos, sí, pero del siglo XXI y bastante menos infantiles de lo que algunos políticos madrileños, ‘urbanitas’, aparentaban creer. Tal y como retrataba de forma certera Javier Aroca, daba la sensación de que antes de ir al mitin de turno, en alguna pequeña capital de esa Castilla profunda, se habían pasado por la planta de montería de algún gran almacén del madrileño barrio de Salamanca y habían arrasado con la ‘ropita de ganadero’ para acudir con lo que ellos suponían que debía ser el ‘atrezzo’ adecuado. Las fotos con ‘vaquitas’ de algunos, o entre campos de remolacha de otros, hacían ver a la legua que lo más cerca que habían estado de la leche era en el supermercado y rozaban el esperpento. Si atendemos a los mensajes, el nivel no era muy superior.

Muchos mensajes en ‘clavenacional, pocas soluciones concretas para Castilla y León.

En el caso del PP, el contenido se ha centrado casi en su totalidad en un argumentario en clave nacional, enfocado a intentar ‘machacar’ al presidente del Gobierno y con escasas propuestas específicas para aliviar la situación de las gentes de una comunidad que vive como ninguna el drama de la despoblación, del olvido y el atraso económico y que ven con desesperación como la mayoría de sus jóvenes emigran hacia otros lugares de España o del extranjero en busca de un futuro que en Castilla y León se les niega. Nada acerca del irrisorio precio al que se paga el litro de leche a los ganaderos, nada sobre la Política Agraria Común diseñada desde Bruselas y que ha hecho encallar económicamente a cientos de miles de agricultores, y menos aún acerca de soluciones de futuro para mejorar la digitalización en este vasto territorio que, al atraso económico y social une ya el retraso tecnológico que mantiene aún a cientos de miles de castellanos y leoneses en el siglo pasado.

La catástrofe para el PP se consumaría… cuando menos lo esperaban sus dirigentes

La izquierda, por contraposición a todo lo dicho respecto al PP, partía con un escenario más que desfavorable. Luis Tudanca salía al ‘ring’ con una mano atada atrás por las declaraciones, mal entendidas, del ministro Garzón acerca de las ‘macrogranjas’ que se unían a la famosa polémica del ‘chuletón’. Sin embargo, a pesar de su discreta inicial presencia mediática, Tudanca, con el apoyo de Sánchez, se ha ido viniendo arriba hasta llegar al punto en el que, aunque matemáticamente parece muy complicado, no es descartable al cien por cien que pueda encabezar un gobierno de izquierdas. La catástrofe para el PP se consumaría… cuando menos lo esperaban sus dirigentes.

La España vaciada es la otra gran incógnita de estos comicios. Su estreno, despreciado por casi todos hace pocas semanas, podría ser más exitoso de lo pronosticado. Las espadas están en todo lo alto y habrá que ver cómo queda conformado, finalmente, el ‘puzzle’ parlamentario con el que nos encontremos en la noche del domingo 13 de febrero. ¡Ojalá sea para bien de los castellanos y leoneses y para el futuro de esa gran comunidad!