He aquí uno de los grandes discursos de Pablo Casado, de esos que no acostumbra a pronunciar más que en las grandes ocasiones, lo cual quiere decir cuando se siente especialmente presionado. En este caso por Vox y por el presidente Pedro Sánchez.

Respecto a las pretensiones de Vox de cara a la negociación para intentar n acuerdo, el líder del PP lo dejó claro con una frase clarísima en su significado y que seguramente ocupará los titulares de muchos de los periódicos de hoy: “Nuestros principios son nuestras condiciones”.

En esa frase se resume bien el ámbito en el que el vencedor de las elecciones en Castilla y León va a plantear las negociaciones con los demás partidos con representación en las Cortes castellano leonesas. Pero ésta era una advertencia dirigida particularmente a Vox y a las primeras exigencias que ya ha planteado por adelantado públicamente: la derogación de la ley autonómica contra la violencia de género y el decreto que regula la Memoria Histórica en esa comunidad.

Nuestros principios son nuestras condiciones»

Pablo Casado

Sobre este último punto de la Memoria Histórica no se han pronunciado ni Casado ni Fernández Mañueco pero sobre el anterior sí lo han hecho los dos. El presidente del PP lo ha dejado claro: “Para nosotros la igualdad no es negociable, ni la cohesión territorial, ni la integridad autonómica, ni la integración en Europa” en un evidente aviso a los de Santiago Abascal y al mismo tiempo al Partido Socialista que acepta los planteamientos de las fuerzas independentistas con  las que tiene un acuerdo de legislatura.

En  términos generales ha explicado sin matices que “Nosotros no aceptamos el revisionismo constitucional, ya sea en contra de las comunidades autónomas, las diputaciones, la monarquía o la Justicia independiente porque creemos en la España de la convivencia y la tolerancia”. Ha sido una manera contundente de fijar la posición del Partido Popular tanto respecto del partido situado a su derecha como los que están a su izquierda.

La misma senda había recorrido pocas horas antes Alfonso Fernandez Mañueco cuando habló por la mañana ante la junta directiva del PP en su comunidad: “Si alguien piensa que el PP de Castilla y León va a dar un paso atrás en defender la igualdad entre hombres y mujeres, se equivoca”.

Y otra advertencia dirigida a los pequeños partidos provincialistas con los que habrá de negociar también pero a los que ha anticipado que no va a ceder “a chantajes de apoyos por privilegios de unas provincias sobre otras”. Su intervención incluyó un aviso a Unión  del Pueblo Leonés, que tiene aspiraciones independentistas dentro de la comunidad: “La integridad autonómica no es negociable. Si alguien piensa que vamos a trocear la comunidad de Castilla y León, se equivoca de cabo a rabo”.

Mañueco anticipaba así de algún modo el discurso que por la tarde pronunció el presidente del PP porque el castellano leonés advirtió directamente a Vox que “la integración en Europa tampoco es negociable. Si alguien piensa que vamos a romper nuestros lazos con Europa, que se llama vacunas, PAC [Política Agraria Común], infraestructuras…se equivoca”.

Se refería Mañueco a Vox que a finales del pasado enero convocó en Madrid una cumbre de dirigentes de ultraderecha europeos pero antieuropeístas – es decir partidarios del desmantelamiento de las instituciones comunes de la UE- entre los que estaba el presidente húngaro Viktor Orbán, con posiciones muy próximas a las de la Rusia de Putin, de quien es interlocutor privilegiado.

En estos aspectos las palabras pronunciadas por la mañana por Mañueco y las formuladas por la tarde por Casado fueron prácticamente idénticas, aunque el discurso de éste último amplió el ámbito de su mensaje, dirigido también al Partido Socialista al que acusó de haber hecho lo imposible y hasta lo inadmisible para que el PP saliera derrotado de estas elecciones o, en su defecto, saliera prisionero de Vox, y ahí es donde le estaría esperando Pedro Sánchez para acusarlo de pactar con la “ultraderecha”.

Los partidos de la izquierda insisten una y otra vez en utilizar este recurso de agitar el fantasma de la ‘ultraderecha’ para concitar la movilización de los votantes ‘progresistas’

Los partidos de la izquierda insisten una y otra vez en utilizar este recurso de agitar el fantasma de la “ultraderecha” para concitar la movilización de los votantes considerados “progresistas”. Pero deberían haberse dado cuenta ya de que es un truco inservible porque está comprobado que, a pesar de agitar el espantajo de siempre, los votos a Vox no dejan de crecer mientras los apoyos a las posiciones de Podemos y del propio Partido Socialista no dejan de disminuir.

Es un recurso fracasado y en el que ya nadie se cree. Se ha demostrado en las elecciones de Castilla y León pero ya se había comprobado en las de Madrid cuando Podemos convocaba a la clase obrera a detener al «fascismo» que se cernía como negra amenaza sobre la Comunidad, con los catastróficos resultados para la izquierda que no merece la pena recordar porque todo el mundo los conoce.

Por eso no tuvo ningún sentido -hasta el punto de que pareció una broma de mal gusto- que ayer mismo el presidente del Gobierno sugiriera en cierto modo la posibilidad de que el PSOE se abstuviera en la votación de investidura de Fernández Mañueco si el PP establecía un “cordón sanitario” -una expresión que le es muy querida a la izquierda y que resulta profundamente antidemocrática- contra Vox en toda España.

Ahí habría que preguntarle al presidente del Gobierno por qué no hace él lo propio con sus socios: con Podemos, que siempre ha estado contra “el régimen del 78″ y contra la Constitución que lo consagra; con ERC, un partido independentista que busca desmembrar España y derribar su Constitución, y con el partido proetarra cuyos máximos dirigentes lo han sido también de la banda terrorista ETA. Todos estos son los que le sostienenen el poder.

Un dirigente que sobrevive políticamente gracias al apoyo de semejantes formaciones políticas carece de la más mínima fuerza moral para reclamar a su principal adversario que establezca ninguna clase de “cordón sanitario” a nadie porque es él el que está manchado por sus pactos de supervivencia con unos partidos que son enemigos declarados de España y no tienen otro objetivo que destruirla desde dentro.

A Mañueco le espera de aquí en adelante un tormento de negociaciones sin un futuro mínimamente aceptable

Y aquí viene la segunda cuestión: dado que los votos recibidos por PP y PSOE en Castilla y León constituyen más del 60% de los emitidos, y dado que cada una de estas formaciones se reclama moderada y más próxima al centro que a los extremos, sería razonable y obtendría el agradecimiento general que ambos partidos negociaran y alcanzaran un acuerdo sobre los puntos de un gobierno estable en ese territorio. Sería lo razonable y precisamente por eso mismo no va a suceder.

El PP va a apostar, ya está claro, por un gobierno en solitario y ni siquiera considera la opción de pactar un gobierno de coalición con Vox que en la misma noche electoral ya había dado por supuesto que iba a entrar en el gobierno de Valladolid.

Conclusión: A Mañueco le espera de aquí en adelante un tormento de negociaciones sin un futuro mínimamente aceptable y no está claro en qué va a acabar su particular Vía Crucis político. Los de Abascal ya han adelantado que no les asusta una repetición de elecciones.

“O salvamos lo común o nadie salvará lo suyo” predijo Casado ayer. Tendremos ocasión de comprobarlo.