A Pedro Sánchez se le acumulan los apocalipsis como al que se le acumula la plancha. Ahora, la España de la inflación y la crisis, además, arde por sus picos igual que un celuloide antiguo de romanos o ladrones de Bagdad. Arden los bosques con su pelaje de lobo ardiendo, arde el guardia de tráfico como todo un cuartel de bomberos, arden las ciudades con espejismos y esqueletos en las paradas de autobús, y arde el españolito rezando a un botijo como una figura de Pompeya. Pero Sánchez no tiene culpa de nada, y además está ya casi de vacaciones después de haber quedado muy satisfecho con el debate sobre el estado de su colchón, que sigue bien hermoso y saludable ahí aislado del país como un oasis de paipáis, lociones y chorritos. Volvemos a estar en manos de la cogobernanza, que en verano tiene nombre como de yate, y quizá sólo hay una persona en el Gobierno ocupada en la catástrofe climática: Yolanda Díaz. Yolanda está ya escuchando al planeta y a los niños que hablan por el planeta, como si fuera Betty Missiego, o sea que esto tiene pinta de arreglarse pronto.

España arde como un miriñaque de historia y pasto, el españolito arde como José Luis López Vázquez cabreado, pero Yolanda ha pegado su oreja a la caracola de la Tierra y escucha a las oruguitas y a las estalactitas. El proceso de escucha de Yolanda, lento y cuidadoso como el de oír crecer la yerba, empezó en ECOOO, “cooperativa de no lucro que fomenta la participación y empoderamiento ciudadano en el ámbito energético”, y que ya suena a algo entre sindicato, rancho vegano y modelo de frigorífico. Pero la asociación o comuna sólo era el marco, a lo que iba Yolanda era a escuchar a unos jóvenes hablar de la emergencia climática, que quizá los chavales perciben esas cosas antes, por ultrasonidos, como los perretes. O son los únicos que pueden salvarnos, unos cuantos chavales con walkies, mapas y gorras de béisbol, como en las películas de los 80. El caso es que a lo mejor los jóvenes no saben tanto de cambio climático como los científicos, pero ya digo que hacen mejores coros de Eurovisión y Yolanda tiene su carrera clara.

España arde como un farolillo, el mundo entero arde como un mapa pirata, y Yolanda Díaz se va a charlar con chavales en Lavapiés, a ver si ellos saben qué hacer con el cambio climático, con los turnos de los bomberos forestales o con los turnos del cuarto de baño. Para publicitar el evento, Yolanda colgó en Twitter una animación en la que salían una ballena, una margarita, una ranita o un molinillo de papel, como tarjetitas silábicas de escuela infantil. Parecía que invitaba a los animalitos a una fiesta de Peppa Pig, o que nos llevaba a todos de vuelta a la guardería, que es lo que creo que quiere, llevarnos a la guardería política e intelectual como si fuera Dora la exploradora. Su target, claro, no son los niños de guardería, sino una sociedad infantilizada e infantilizante.

Nos llevaba a todos de vuelta a la guardería, a la guardería política e intelectual como si fuera Dora la exploradora. Su target, claro, no son los niños de guardería, sino una sociedad infantilizada e infantilizante»

Y tampoco quiere aprender nada sobre emergencia climática, sino que la vote ese chaval u otro parecido que ha sido llamado y alarmado por una ranita, al que le habla la ranita, la ranita a la que escuchará Yolanda si hace falta, la ranita en la que se convertirá Yolanda si hace falta. 

España arde y Yolanda escucha, pero no escucha a España, ni a las llamas, ni escucha al planeta pintado con ojitos japoneses ni al planeta real. Yolanda escucha a sus posibles votantes para saber qué darles, qué decirles, cómo halagarlos. En un círculo escolar o megalítico de sillas, Yolanda tomaba nota atentamente de lo que iban diciendo los chavales, cosa que parece una tontería si uno quiere salvarnos de la extinción, pero que tiene todo el sentido si sólo estás haciendo un estudio de mercado. El científico nos dirá que a mayor concentración de dióxido de carbono, más energía devolverá el océano a la atmósfera y más extremo será el clima, y es tan claro e incontrovertible como que un hierrajo se oxidará. El científico nos dirá que la mejor energía de transición hasta que seamos capaces de hacerlo todo con el sol o con las ranitas es la energía nuclear. El científico pedirá investigación, inversión, inteligencia y pasta. Pero esto, para la izquierda de ranita y margarita, es un coñazo elitista, capitalista y sin alma.

A Yolanda Díaz no le sirve para nada lo que diga el científico. Pero la juventud, ah, idealista, solidaria, igualitaria, además de suspirar por huertos en las azoteas enseguida señalará que el calentamiento global es “un problema de clase”, que hay que alejarse de la “consumocracia” y que incluso conviene desterrar esa obsesión tan fea con el PIB y empezar a medir “el placer, la libertad o la felicidad”, que leo en ‘El Debate’ que todo esto lo dijeron de verdad los chavales. De nuevo, la sociedad civil a la que escucha Yolanda es sólo un eco de su propio runrún interior, o quizá croar interior en este caso. Yolanda, por supuesto, apunta todo mientras sonríe la ranita. Otros también sonreirán, seguro, recordando cómo en aquellas asambleas, círculos y plazoletas de Podemos se arreglaba el mundo votando en cajas de zapatos.

España arde como una vieja techumbre, el españolito arde como un torero electrocutado, y Yolanda se va a hablar con chavales sobre el último de los apocalipsis que está en el comandero de Sánchez o del mundo. Yolanda no escucha a nadie, escucha a los suyos, se escucha a ella misma por detrás de toda la fila india de un pueblo de claque, limosna y banda de música, como los señoritos. No hay escucha, sólo eco. No hay soluciones, sólo adhesiones. La verdad es que Yolanda, en aquella presentación suya en el Matadero de Madrid, no atendió mucho a la emergencia climática, ni a la hora, y casi nos mata allí a todos a sartenazos de sol. Qué más da. Enchufar el sol y salvar la tierra apenas está un poco más allá de dar la felicidad a toda España con su abrazo universal. España arde, Sánchez vacaciona y Yolanda escucha a las ranitas. A España, a Sánchez y a sus apocalipsis les espera un Podemos de osos amorosos. A ver cómo los manejamos esta vez.