Ya ha ocurrido otras veces. A la fatalidad de que se nos marche uno de los símbolos más enraizados en la cultura de todos, nuestra querida Sandy en Grease, se une otra: la de la muerte de alguien a quién conoces musicalmente, pero puede que no lo sepas.

Lamont Dozier tuvo la desgracia de morir, pero además justo el día 8 de agosto de 2022, y su final ha sido eclipsado por el aluvión llegado con el adiós a la protagonista de Xanadú. Comprensible. Lo de Olivia ha sido un golpe bajo.

Es curioso ver cómo algunos conocidos con los que normalmente no converso, se acercan estos días a mí para comentarme detalles que, desgraciadamente a raíz del obituario mediático, salen ahora al conocimiento general sobre la rubia británica australiana. Sí, su padre trabajó en espionaje, y su abuelo fue un premio Nobel de física al que nunca conoció. Pocos fuimos los que en 2017 supimos de la trascendencia personal de que encontrara vivo en México al que fuera su pareja, tras haberle dado por muerto durante 12 años. Muchos la descubrimos gracias a la película Grease y a los singles promocionales que regaló cierta marca de refrescos al llevar al establecimiento un número concreto de chapas de esa marca. ¡Qué ilusión que nos regalaran aquel vinilo de 45 rpm que se acababa a los 3 minutos!

Se ha dicho prácticamente todo sobre ella estos días. Desde su participación en Eurovisión hasta su pueblo favorito de España, pasando por su vida amorosa o esa última videollamada pública a su guapísima hija.

Poco voy a añadir por mi parte a lo ya contado en todas las páginas que se han hecho eco de la noticia, ya que jamás tuve el placer de conocer a esa especie de ángel llegado desde el paraíso Xanadú por gentileza musical de unas de las mejores bandas de la Historia: la orquesta de la luz eléctrica, E.L.O.

Por suerte, no se va la magia que ya impregna para siempre ese celuloide, ni los millones de copias vendidas en el mundo de cada una de sus canciones, dentro y fuera del country. Muchos queremos imaginar que se marchó como en el final de Grease, saludando desde el Ford Deluxe 1948 de Danny Zuko.

Pues ese mismo fatídico 8 de agosto dejó de latir el corazón de alguien que ha compuesto cientos de canciones que en algún momento hemos escuchado. Fue uno de los padres del auténtico “sonido Motown” que bañó de soul la música de los 60.

Salvo para unos pocos, Lamont Dozier no es un nombre que suene demasiado. Bien, pues “por sus obras les conoceréis”: ha sido creador junto a otros y también en solitario de muchas de las canciones que has escuchado docenas de veces.

Durante los cuatro años cruciales para la música negra en Estados Unidos, de 1963 a 1967, Dozier y los hermanos Brian y Eddie Holland crearon más de 25 éxitos totales como Supremes como Stop, in the name of love

Hubo en 1966 una canción que llegó a ser número uno en el mundo, aunque aquí, claro, no sonó demasiado. Reach Out (I’ll Be There)

Siguen apareciendo en las radios adultas de “oldies” canciones como Two Hearts, que compuso junto a Phil Collins para la banda sonora de la película “Buster”.

Un videoclip en el que Collins hacía todos los papeles y que fue imitado de forma genial años más tarde por Outkast en Hey ya!

Volviendo al mago Dozier, en la banda sonora de esa película de escaso éxito en la que trabajó con Collins hay algún que otro tesoro escondido. Por ejemplo, esta explosión de soul de los 60 grabada en los 90 junto a los ya mayorcitos Four Tops llamada “Loco in Acapulco”

Más adelante en su carrera, Dozier trabajó con artistas contemporáneos como Kanye West, Simply Red y Black Eyed Peas. Sus canciones fueron versionadas por los Rolling Stones, Linda Ronstadt, James Taylor y muchos otros. Ganó su Grammy y su Globo de Oro, y pertenece muy merecidamente al “Rock and Roll hall of fame” desde los 90.

Murió un año después de perder para siempre a la que fue la mujer de su vida durante más de 40 años. De pena, dicen algunos. Un hombre con esa extraordinaria sensibilidad no pudo con ello.

Démosle su sitio.