Macarena Olona, sin más que meditar por las peñas, contemplar veletas de iglesia y cuidar santos con policromía de pájaro carpintero, ya se ha convertido en alternativa. Ya la comparan con Giorgia Meloni, que va camino de gobernar Italia armada con útero crucífero y envuelta en obviedades que ella cree heroicidades (se presentó diciendo que era “mujer, madre, italiana y cristiana”, como si estuviera en First Dates de Carlos Sobera). Yo creo que las alternativas no surgen por un hecho heroico ni por un discurso heroico, por mucha patria de entretelas y mucha cubertería de sacristía que uno se eche encima, sino porque toca. Llega un momento en que el personal se da cuenta de que algo no va bien en el país o en la derecha o en la izquierda o en ese partido que renquea o muere o supura por el orzuelo, y el primero que se separa un poco y levanta la mirada hacia las nubes angelicales o las nubes menstruales se convierte en alternativa. Yolanda Díaz tampoco ha hecho nada y ahí está ella también, de alternativa flameante o temblorosa.

En Italia, una mujer que viene del neofascismo juvenil, que es como si Mussolini te pareciera Justin Bieber, puede acabar gobernando la tercera economía de la eurozona y la octava del mundo. Tiene algo de grupi de Mussolini, algo de Ana Magnani y algo de señora de la AMPA, y desde luego es una populista sin pudor, una populista en rulos, desde su misma presentación para el ligue. El populista siempre sale diciendo que es como cualquiera, que es como el pueblo, no como los demás políticos, a pesar de que en el otro extremo haya otro diciendo exactamente lo mismo. Esto lo vemos en Yolanda Díaz, tan pueblo que se va a hacer la compra al pueblo, y lo vemos en Macarena Olona, que se postula en Andalucía simplemente como andaluza. O sea, que Olona va por el buen camino: se presenta con obviedades, la españolidad manola, la andaluzura en ensalada y tal, y tampoco le falta la oportunidad, este Vox que está en decadencia no porque se quede sin rojos sino porque, como a Podemos, ya lo vamos conociendo.

Meloni, Olona y Yolanda son alternativa no tanto por prometer soluciones sino por hacerse notar en medio del caos, siquiera con otro caos. Italia siempre ha sido un caos, así que allí la cosa depende más de la moda y de los estribillos (la frase de Meloni, su mujeridad patriótica y devota, la convirtieron en remix unos DJs). Aquí, Podemos ha muerto de cansancio y chorradas como un guateque juvenil de madrugada, y Vox empieza a notar a Feijóo, que es un quemasangre, un cansino que va a aburrirlos y a vencerlos a todos (si el PP no nos va a matar de aburrimiento va a ser por Ayuso, la de los dados de bambú en los ojos). Su entorno se desmorona y algo hay que buscar, aunque al final lo que salga sea Meloni ahí pariendo la patria entre sudores bíblicos, Olona pintando eccehomos por las cuevas, o Yolanda recogiendo margaritas y puerros para el pueblo.

Macarena Olona ya es alternativa, no porque haya hecho nada memorable, sino porque el personal va captando la decadencia de ese Vox de Curro Jiménez por el que sólo suspira Pedro Sánchez»

De momento, Olona está en fase de pupa, esperando la transfiguración, mientras que Meloni ya está ahí, a punto de triunfar con su potaje de vigilia y su populismo balconero (Mussolini era también muy balconero, hay líderes que más que políticos o mesías son como cantaores de saeta). Eso sí, en Italia la derecha está destruida, es un carromato de payasos entre la cuartelería y las mamachicho. Aquí todavía está el PP, en el que Feijóo ha puesto orden y un reloj de cuco entre somnoliento y avisador que a lo mejor ha heredado de Rajoy. Este PP otra vez galleguista, práctico, ambiguo y cojitranco lidera las encuestas y hasta ha empezado a marcar la agenda de la actualidad, metiendo por ejemplo esta guerra de los impuestos, con Moreno Bonilla retando a Cataluña, ahí es nada la fuerza de la imagen. Mientras, Sánchez anda de procesión de la vendimia, de gira de Luis Miguel o haciéndose fotos con Bill Gates, que ya sólo parece un youtuber de bricolaje.

Macarena Olona no tiene aquí el mismo panorama que en Italia, aunque también se presente como otra figura potente, mujeril, neorealista, que quizá remite a una especie de matria de derechas, como una mamma italiana, una midòna romaña o una estanquera de Fellini algo guerrillerizadas. Vox aquí ha ido perdiendo brío, como toda novedad, y más cuando, después de tanta retórica del galope, vemos que al llegar a las tareas de gobierno se apoltronan como todos, si no más, y se pasan el día recolocándose el paquete de calcetín y salpicando de perdigones el discurso político. Sólo hay que fijarse en el vicepresidente de Castilla y León, que parece que sigue en la fiesta toga de alguna fraternidad de universidad pija americana.

Macarena Olona ya es alternativa, no porque haya hecho nada memorable, sino porque el personal va captando la decadencia de ese Vox de Curro Jiménez por el que sólo suspira Pedro Sánchez. Hasta la propia Olona, un poco con rodillo de amasar, ha dicho que en Vox hace falta “menos testosterona” y “más sentido de Estado”. Todo no va a ser pasearse con el pecho palomo y los pulgares en el cinto, buscando rojos. Aunque tampoco puede ser vestirse de fallera en Sevilla, ni hacer vino ideológico con los pies morenos. Olona es alternativa, de momento, simplemente porque se ha apartado un poco, lo suficiente. Yolanda Díaz también lo hizo, como la señorita en la playa que se aparta de la sombrilla y ya todos le prestan atención. Y ahí está ella, de alternativa, con todo el mundo observando cómo mira las olas o el barco del arroz.

Olona también se apartó y también mira el mar de la política, y a lo mejor hasta mira a Meloni allá en el horizonte, con su carpeta de Mussolini como de Backstreet Boys y la patria como un churumbel colgando de la teta. Olona, igual que Yolanda, está retrasando su decisión y el baño, que a lo mejor nunca pensó en el baño, sino en que la miraran. Macarena Olona seguramente nunca llegará a Meloni, pero ahora tampoco necesita hacer mucho más que dejarse mirar, que ya el personal la colocará donde vea que hace falta. Hasta Vox ayudará. De hecho, ya lo está haciendo.