Después de meses de discusiones, el Parlamento Europeo aprobó esta semana por un estrecho margen el mandato para comenzar a negociar con la Comisión y el Consejo la que será la primera Ley de Restauración de la Naturaleza en Europa. Una ley que ha estado en el foco mediático al haber sido secuestrada por la extrema derecha, a quien ha seguido con una estrategia errónea el líder del PPE europeo Manfred Weber, abrazando las teorías negacionistas del cambio climático. Esto ha roto la denominada mayoría von der Leyen (conservadores, liberales y socialdemócratas) con la que hemos aprobado durante esta legislatura el paquete de medidas derivadas del Pacto Verde Europeo.

Mediante una campaña de desinformación sin precedentes en un grupo político europeo, la derecha ha intentado enfrentar al sector primario con otros sectores, difundiendo fake news sobre el contenido de esta ley: desde el descarte obligatorio del 10% de las tierras agrarias europeas -poniendo en peligro la seguridad alimentaria e incluyendo expropiaciones a los agricultores- hasta la supresión de todas las presas en los ríos europeos -lo que conllevaría la eliminación de la energía hidráulica- pasando por la desaparición de barrios enteros en distintas capitales europeas, que serían destruidos para plantar árboles. Una espiral de mentiras que ha impedido un debate sosegado sobre el contenido de una ley clave para luchar contra el cambio climático y hacernos más resistentes a las duras consecuencias del mismo que, de hecho, ya estamos viviendo en Europa.

Contra esta campaña de desinformación, que afortunadamente no ha triunfado en el Parlamento, aquí dejo algunas respuestas concretas a preguntas sencillas que pueden no estar claras para muchos ciudadanos.

¿Qué es la Ley de restauración de la naturaleza?  

Se trata de una ley que pretende restablecer al menos el 20% de la superficie terrestre y marina de la UE para 2030, y lo hace estableciendo objetivos vinculantes que deben ser cumplidos por los distintos países de la Unión en aquellos ecosistemas que estén en mal estado. A partir de la elaboración de sus Planes Nacionales de Restauración, los países establecen cuál es el área que restaurar (superficie de referencia favorable), cómo (medidas específicas) y cuándo y dónde las pondrán en marcha.

 ¿Por qué necesitamos esta ley?

Según los datos científicos, un 80% de los hábitats de la UE a nivel de la Unión están en mal estado, lo cual pone en grave peligro nuestro futuro. La lucha contra el cambio climático es una moneda de dos caras. Una es reducir las emisiones, para lo que necesitamos la transformación de nuestros sectores productivos; la otra cara es la restauración de todos nuestros ecosistemas, para recuperar los sumideros de carbono y el equilibrio ecosistémico con los que poder recuperar los servicios que nos presta la naturaleza. Así nos lo han advertido los miles de científicos que nos han implorado aprobar esta ley.  

¿Por qué esta ley no atenta contra la actividad económica ni la seguridad alimentaria, sino que las potencia?

Los beneficios de restaurar el 30% de nuestros hábitats en mal estado se han estimado en 64.249 millones de euros; los costes, en 7.400 millones. La restauración no es un gasto, sino una inversión. Y los riesgos de la inacción son enormes: según el Banco Central Europeo, el 72% de las empresas de la eurozona y tres cuartas partes de los préstamos bancarios de la UE están expuestos a la pérdida de biodiversidad. Por ello, la comunidad empresarial, con compañías como IKEA, Coca Cola e Iberdrola, nos han pedido reiteradamente la aprobación de una ley ambiciosa.

Esta ley tampoco atenta contra la seguridad alimentaria. Todo lo contrario. Con el 60-70% de los suelos europeos insalubres, un declive constante de los polinizadores y un contexto de sequía y desertificación, necesitamos más que nunca restaurar nuestra biodiversidad. Y no lo digo yo. Hay mucha evidencia científica que muestra cómo la naturaleza y los sistemas alimentarios están estrechamente vinculados: adoptando prácticas agrícolas más positivas para la naturaleza podemos mejorar la retención de agua en el suelo y la productividad de los mismos.

¿Por qué esta ley es vital para garantizar la salud de nuestros ciudadanos?

Porque, en contra de lo que dice el grupo popular europeo, nuestras ciudades no están en peligro por esta ley: lo están sin esta ley. Con el incremento de la temperatura del planeta, las ciudades serían infiernos si no somos capaces de adaptarlas. Unas 6.700 muertes al año se atribuyen al efecto isla de calor, producido por la absorción del calor del hormigón y el asfalto, muertes que podrían evitarse plantando árboles en un 30% del espacio urbano. No se trata de eliminar casas para plantar árboles, sino de aprovechar el espacio para aumentar la masa arbórea y los espacios similares, como techos o paredes verdes. Por ello, esta ley ha tenido el apoyo de los alcaldes y regiones europeas representadas en el Comité de las Regiones, sin distinción de partidos.

Más allá del ruido político en el Parlamento Europeo, esta Ley de restauración de la Naturaleza tiene muchos apoyos y aliados en la UE. La comunidad científica, el mundo empresarial, la Asociación europea de Energías Renovables, ONGs ambientales, comunidades rurales, el Comité de las Regiones de la UE y 20 gobiernos que han votado a favor en el Consejo. Y lo más importante: una mayoría de ciudadanos y los jóvenes que en la Conferencia sobre el Futuro de Europa nos demandaron políticas ambiciosas para proteger y restaurar nuestra biodiversidad.

La próxima semana iniciamos el diálogo y negociación con la Comisión y el Consejo para conseguir un texto final que constituirá el corpus de la futura ley, a falta de ser refrendado de nuevo por el Parlamento Europeo. Tras la gran derrota sufrida por Manfred Weber, espero que el Partido Popular Europeo se comprometa con las negociaciones. Una parte importante de su propio grupo se lo está pidiendo y rechaza ir del brazo con la extrema derecha en políticas ambientales. Bueno sería también que la delegación del PP español abandonara el seguidismo que ha hecho de la parte más ultra de Vox representada por Jorge Buxadé.

Tenemos que conseguir que esta ley sea aprobada en esta legislatura. Una norma para restaurar la naturaleza que supone recuperar la economía garantizando un desarrollo sostenible, rescatar suelos, acuíferos, ríos y bosques, la mejor garantía de seguridad alimentaria; una ley para restablecer la salud de todos en el presente, para garantizar la del futuro, porque no hay ciudadanos sanos en un planeta enfermo.

Esta ley, por tanto, no va sólo de la naturaleza. Va de los derechos de todos a vivir en un ambiente limpio, sostenible, seguro y sin riesgos. Y los derechos humanos, como hemos dicho en muchas ocasiones, no tienen ideología. Por eso no se entiende la batalla política que el PPE ha hecho de esta ley. El partido, que colaboró al inicio de las negociaciones, tiene ahora la oportunidad de dejar el negacionismo de lado y comprender que han perdido una batalla que ellos decidieron convertir en tal. Con su fracaso, toda la sociedad europea ha ganado. Con su compromiso para el futuro, ganaremos todos.


Soraya Rodríguez es eurodiputada del Parlamento Europeo en la delegación de Ciudadanos