Opinión

Taberna Iglesias: reservado el derecho de admisión

El exvicepresidente segundo del Gobierno y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la presentación del primer libro de Pablo Echenique, ‘Memorias de un piloto de combate’,

El exvicepresidente segundo del Gobierno y exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la presentación del primer libro de Pablo Echenique, ‘Memorias de un piloto de combate’, EP

Todavía no ha abierto la Taberna Garibaldi de Pablo Iglesias y ya le han hecho una pintada al lado de la fachada. Pero no han sido los "fachas", sino un grupo anarquista que reclama la retirada del menú del cóctel Durruti. Por lo visto, los anarcos no quieren que quien dio nombre a la columna que vino a pelear contra las tropas de Franco a Madrid, donde murió de un disparo, sea utilizado por los herederos de los comunistas, que se enfrentaron a sangre y fuego a los milicianos de la CNT y del POUM en Barcelona en mayo de 1937. Viejas rencillas que no se olvidan.

Iglesias ha perdido la esperanza de asaltar los cielos y ahora se conforma con poner un bar "sólo para rojos". Poner un bar es un recurso muy español para la gente que ha fracasado en lo suyo, lo recordaba este fin de semana Borja Martínez en estas páginas al retratar el entorno en el que se ubica la taberna: Lavapiés, el barrio que vio nacer a Podemos y que ahora recoge sus migajas en un garito con derecho de admisión.

El padre de Juan Carlos Monedero (que murió a los 91 años en noviembre del año pasado) tenía un bar cerca de Argüelles, Casa Gala. El hombre estuvo durante décadas despachando cañas y chatos de vino y tenía en la pared una fotografía de Esperanza Aguirre. Al final de sus días parece que se inclinaba más por Santiago Abascal, e incluso puso una bandera de España a la entrada de la tasca.

Pero Salvador Monedero atendía a todo el mundo. Cualquiera podía ir allí a tomarse un cubata sin que el dueño le preguntara si era facha o rojo. Hasta Monedero hijo pasaba por allí de vez en cuando sin que su padre se escandalizara por ello. Es más, aunque no compartía sus ideas, le daba mérito a lo que había hecho su vástago en eso de la política.

Tras fracasar en lo suyo, Pablo Iglesias ha montado un bar. ¿Hay algo más español?

Y es que un bar no es un club donde uno tiene que ser socio o tener un carné para entrar. Sencillamente, es un negocio.

Iglesias pertenece a ese tipo de personas que cree que puede dar lecciones a todo el mundo, y que él es capaz de hacer lo que sea mejor que nadie. En Madrid, trató de pararle los pies a Díaz Ayuso ("el fascismo") y ya vimos cómo le fue. Tampoco parece que haya tenido mucho éxito su aventura como empresario de medios de comunicación: Roures ha roto con él y le ha dejado sólo con su Canal Red, en el que parece que el derecho de admisión no sólo afecta a su audiencia, sino a los periodistas que trabajan allí.

El padre de Monedero terminó cerrando su Casa Gala. Ya era el hombre mayor y su local se había quedado un poco antiguo. Un bar no es un negocio fácil... muchas horas, poco margen y cada poco tiempo hay algún borrachuzo que te da el día.

Pero Iglesias cree que el sólo hecho de que se sepa que él está detrás será suficiente como para llenar a diario la Taberna Garibaldi. Desde luego, él no estará sirviendo copas, aunque se pasará por allí de vez en cuando para conspirar con la parroquia. Tiempo al tiempo.

Yo pensaba pasarme por allí un día, aunque sólo fuera para probar las tapas revolucionarias y los cócteles marxistas que promete la carta. Pero no sé si acercarme. A lo mejor me llaman "facha" y me cabreo. Mejor lo dejo para dentro de unos meses, cuando ya se haya dado cuenta Iglesias de que en un negocio lo importante es tener clientes, no fieles como si fuera una iglesia. A lo mejor se ha equivocado y lo que tendría que haber montado el ex líder de Podemos es una iglesia. Laica, por supuesto.

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2 Comentarios

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Comentarios cerrados para este artículo.

  1. Me gusta este articulo que refleja la humana sencillez, tolerante y transversal del editor.
    «Congregacion laica» bien pudiera ser el nombre del bar. Aunque demasiado simple para Pablo Manuel quien reivindica lo propio y lo ajeno.

  2. Sr G. Abadillo.
    Muy bueno el articulo.
    Incluso peca de bondadoso con el personaje de marras.
    El ultimo párrafo te hace esbozar una sonrisa.