América Latina es una mina de oro para los politólogos institucionalistas porque sus élites y ciudadanos están convencidos de que los problemas de los sistemas políticos se solucionan cambiando las instituciones. De ahí que, entre otras medidas, casi la totalidad de países de la región hayan modificado su sistema electoral asumiendo que así mejorarán la calidad de sus diputados, como si la forma de asignar los escaños fuese suficiente para dotar a sus representantes de sentido de Estado.
Aunque con menos margen, también se han hecho reformas buscando incidir en la mejor elección de presidente. Prueba de ello es el recurso a los sistemas de doble vuelta, al que han transitado muchos países con el fin de evitar que resulten electos candidatos con poco apoyo cuando la votación se dispersa. Esta medida se ha visto reforzada por la idea de que las segundas vueltas generan incentivos para que se produzcan nuevas coaliciones electorales y programáticas en torno a los candidatos finalistas; pero en ese caso es muy difícil que esto suceda por la debilidad de los partidos políticos como agentes de movilidad electoral. Este sistema de elección ha servido más bien para que los electores apoyen a uno de los candidatos como forma de evitar que el otro finalista llegue al poder. Es una forma de apoyo en negativo que provoca un fallo en el sistema de creación de legitimidad electoral y, consecuentemente, debilita el vínculo entre los electores y el presidente electo.
Pero la creatividad reformista no solo llega a los presidentes sino también a los vicepresidentes, una figura cuya principal función es esperar a que el presidente muera, renuncie o sea destituido. El debate sobre dicho cargo se ha vuelto a abrir a propósito del recién electo vicepresidente boliviano, el capitán Edmand Lara, quien se dirigió a los "medios, tiktokers y creadores de contenidos vendidos al gobierno", a través de las redes sociales, para anunciar que "ya no es parte del gobierno". Esta comunicación ha sido el corolario de una serie de pronunciamientos discordantes en los que ponía de manifiesto su malestar por la coalición legislativa formada para apoyar al ejecutivo, por algunas decisiones del presidente y porque no se habían tomado en cuenta algunas de sus propuestas. Sin duda se trata del exceso demagógico de un vicepresidente que surgió como figura pública al cuestionar prácticas corruptas dentro de la policía. Ese giro y su activismo en redes sociales lo proyectaron a la política nacional, donde ha construido una imagen de reformista con un discurso centrado en transparencia y ética pública. No resulta extraño que la relación entre el presidente y el vicepresidente sea conflictiva si se toma en cuenta que Rodrigo Paz y el capitán Lara juntaron sus destinos de forma instrumental, en una candidatura que no tenía muchas posibilidades de hacerse con el poder como finalmente sí sucedió.
Más allá de las declaraciones que hagan los implicados, las funciones del vicepresidente están claramente definidas en el artículo 174 de la Constitución boliviana que, además de la sucesión presidencial, le encarga presidir la Asamblea Legislativa Plurinacional, es decir, la reunión conjunta de senadores y diputados; coordinar las relaciones entre los poderes del Estado y los gobiernos autónomos, sirviendo como puente institucional entre el Órgano Ejecutivo, la ALP y los gobiernos subnacionales o entidades autónomas; participar en las sesiones del Consejo de Ministros y colaborar con el Presidente en la orientación general del Gobierno y la política exterior. En vista de lo anterior, la forma efectiva de "ya no ser parte del gobierno" sería la renuncia, puesto que, si ejerce las funciones que le son asignadas para hacer oposición al gobierno, se convierte en un "conspirador a sueldo", nombre que dio a uno de sus vicepresidentes el cinco veces presidente del Ecuador, José María Velasco Ibarra.
Por raro que parezca, en la Argentina de Milei también hay tensión entre el presidente y la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien en este caso, además de esperar en el banquillo, tiene la función de presidir el Senado porque su diseño institucional es similar al de EEUU, país inventor de este modelo presidencial. El conflicto se alimenta de diferencias profundas en estilo, prioridades y construcción de poder. Milei ejerce un liderazgo personalista, vertical y mediático, donde la centralidad de su figura deja poco margen para otros actores. En cambio, Villarruel intenta capitalizar su propia agenda —particularmente en memoria histórica, Fuerzas Armadas y seguridad— y busca autonomía política. La tensión se expresa en intentos de marginación dentro del Senado y agendas temáticas no coordinadas.
Daniel Noboa, de Ecuador, es otro claro ejemplo de gobernante incómodo con una vicepresidenta que buscaba autonomía política. La ruptura con la exvicepresidenta Verónica Abad fue temprana. Al igual que lo ocurrido en Bolivia, también se trató de una alianza instrumental entre un candidato sin mayores posibilidades iniciales de obtener la presidencia y una candidata mujer a la que necesitaba para formar binomio, debido a que la legislación electoral ecuatoriana obliga a que las candidaturas sean mixtas. Una vez en el poder, aprovechando que la Constitución del Ecuador determina que la persona que ocupe la vicepresidencia desarrollará las funciones que el presidente designe, Noboa la marginó ordenándole como "misión diplomática" un rol periférico en Israel, alejándola física y políticamente de la toma de decisiones. Con el avance de la invasión de Israel a Gaza fue trasladada a Turquía en condiciones materialmente imposibles de cumplir, lo que fue utilizado para que una funcionaria del Ministerio de Trabajo la sancionase, algo que de facto implicaba su cese por incumplimiento de funciones y abandono del cargo: todo ello fue una aberración jurídica y democrática del tamaño de una catedral. La relación se deterioró aún más con declaraciones cruzadas, denuncias públicas y una evidente desconfianza personal; pero quizá lo más relevante de todo el caso Abad fue que puso de manifiesto la tendencia autoritaria de Noboa.
En Perú, donde es muy fácil cesar a un presidente aduciendo "incapacidad moral permanente" y obteniendo los votos de 87 de los 130 diputados, el “vicepresidente” tiene muchos incentivos para tratar de aprovechar esta debilidad y formar una coalición que destituya al presidente y le permita gobernar. Debo aclarar que el cargo de vicepresidente no existe desde 2018, pero en las múltiples alternancias que se han dado en el poder desde entonces han jugado ese papel los presidentes del Congreso, que son los "vicepresidentes" de facto al ser los "suplentes" del presidente, dejando de manifiesto los peligros de ese modelo de sucesión.
Los conflictos se dan cuando la pareja que forma la candidatura no tiene una trayectoria política común o no debe fidelidad a un partido"
Volviendo al tema de las reformas institucionales, ¿qué se puede hacer para evitar este tipo de conflictos y favorecer la gobernabilidad de los países? Giovanni Sartori, en el prefacio de su libro Ingeniería constitucional comparada, plantea que siempre hay que preguntarse si realmente sabemos qué es lo que se necesita cambiar y cómo cambiarlo. En este caso, lo que parece obvio es que los conflictos se dan cuando la pareja que forma la candidatura no tiene una trayectoria política común o no debe fidelidad a un partido. En ejemplos citados está claro que el problema se debe a la improvisación en la formación de candidaturas y a la cada vez mayor intrascendencia de los partidos políticos como espacio de selección de las élites de gobierno. Dicho lo cual, si se me pregunta cómo se puede reformar el sistema para que eso cambie, solo me atrevo a decir que, de haber una solución, no sé cuál sería. Lo único que me parece meridianamente claro es que sería un proceso a medio plazo que debería implicar no sólo a los partidos, sino a la sociedad en su conjunto pues los partidos no dejan de ser una representación de esta.
Francisco Sánchez es director del Instituto Iberoamericano de la Universidad de Salamanca. Aquí puede leer todos los artículos que ha publicado en www.elindependiente.com.
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