En el Templo de Debod, que es como un Egipto dominguero y quiosquero, el PP parecía un coro de Verdi (“Oh, mia patria, sì bella e perduta!”…). Aída no es Nabucco, pero de todas formas la España harta de Sánchez ya da para un éxodo, para una ópera y para un proyecto que parece el del canal de Suez, o sea el de echar a Sánchez. Mientras no hay elecciones (nada obliga a Sánchez a convocarlas, así se lo lleven a Soto del Real con el macuto lleno de calzoncillos largos —Ábalos dice que allí hace mucho frío—), y mientras Feijóo huye de la moción de censura, por pereza o por vergüenza, lo único que tiene el PP es convocar de vez en cuando a la gente para hacer estos brindis al sol. Esta vez literalmente, ante un templo consagrado al dios Amón, que llegó a absorber a Ra. El Egipto trasplantado a Occidente parece que se ha traído con sus piedras el sol egipciaco (el disco solar que luego copiaron nuestros santos, tan limosneros y menesterosos) y también alguna de sus maldiciones con escarabajos y alacranes de oro o de veneno. A lo mejor es una maldición eso de que Feijóo no deje de hacer discursos o ceremonias para matar a las momias vivientes y la momia viviente, Sánchez, se siga carcajeando de todo eso.
El PP, o principalmente el PP, aunque iba sin siglas como sin aparejos, se fue al templo de Debod como se podría haber ido al Escorial o al Bernabéu. Hay muchos simbolismos donde elegir cuando uno sólo hace simbolismo, sea con báculo, con tortilla, con pluma de avestruz o con banderas de plástico de la España, ya digo, egipciaca, dominguera y quiosquera. También, al final, seguramente hubiera sido sólo simbólica, pero mucho más efectiva política y litúrgicamente, la moción de censura (la liturgia de la democracia debería resultarnos más pedagógica que las liturgias orientaloides y sincréticas). Lo que pasa es que en una moción de censura se puede explicar el modelo de partido, de país y de democracia (está claro que necesitamos reformas) que uno pretende liderar, mientras que en el Egipto alicatado del Templo de Debod o en la España cascabelera de cualquier otro domingo invernal, uno sólo puede tallar petroglifos o escenificar zarzuelas. También se puede hablar con Vox tras una mesa, o tras un teléfono, no gritando al viento enarenado de sol, al agua congelada de sol, al sol petrificado de sol del Templo de Debod.
Salir los domingos de manifa, de orfeón o de exorcismo no es que esté mal, ni sea inútil, ni tampoco ridículo. De hecho, hay algunos que cuando salen unos cuantos cientos con pancartón, banderón, pelucón y hasta hachón enseguida nos dicen que son “la gente” o “el pueblo”, y que no sólo están estirando las piernas sino expresando su inequívoca voluntad. A mí me parece bien que la derecha salga a la calle, aunque aquello parezca la salida de los toros o una pradera goyesca. Me parece bien, más que nada, para que el personal se dé cuenta de que cualquiera puede hacer eso y tampoco dice mucho acerca de mayorías, de razones y, menos todavía, de totalidades. Lo que sí es un poco tonto es pensar que eso sirve contra Sánchez. No hace mella en Sánchez, ni en sus fieles, que Cerdán, Ábalos y Koldo hayan probado el frío de la cárcel, que el exministro destacaba porque es lo que más asusta, como el frío de la muerte. No hace mella en él la condena a su fiscal general por haber hecho de esbirro político, ni los audios de esa fontanería actuando como una mafia de bingueros. No hace mella su yo del pasado dejándole de mentiroso y farsante. No va a hacer mella en Sánchez, claro, ver a la derecha en sus sarcófagos de paño, haciendo misas antisanchistas en un domingo entre castizo y rúnico.
Sánchez actúa como un matón y lo que no se le puede permitir a un matón es pensar que realmente te ha acobardado con el empellón o la risotada. Menos, cuando es un matón cadavérico"
Feijóo sale a adorar el sol de los egipcios, de los pájaros o de las castañeras, sin duda, porque no se le ocurre otra cosa. O lo demás que se le ocurre no se atreve a hacerlo, como la moción de censura o usar más el poder orgánico e institucional del PP, sin tener por ello que imitar al sanchismo. Yo no sé si Feijóo va pillando miedo escénico, que a veces en el Congreso parece un niño con clarinete. Sánchez actúa como un matón y lo que no se le puede permitir a un matón es pensar que realmente te ha acobardado con el empellón o la risotada. Menos, cuando es un matón cadavérico. Pero se diría que a Feijóo le avergüenza tener la razón, como tener un clarinete. De todas formas, tener la razón o bastante razón no es suficiente. Hacer el diagnóstico tremebundo del sanchismo (y de Vox) es fácil, no tiene nada de brillante ni de heroico eso, incluso puede ser contraproducente si uno decide irse a un templo emergido, como queriendo ser Indiana Jones. Tampoco espera nadie que Feijóo llegue un día con la carpetilla, saque un argumento o un croquis, e inmediatamente Sánchez dimita. Pero hay cosas que tiene que asumir, que tiene que decidir y que tiene que dejar ver.
Feijóo cambia de sitio las palabras, para soltarlas ante las esfinges de la derecha, y las cambia también de intención, que más parecen arengas para motivarse él que para dañar a Sánchez. Lo de derogar el sanchismo suena a escobazo ratonero, pero hay que explicarse mejor, y no sólo con respecto al sanchismo sino a la partitocracia eclesial, la separación efectiva de poderes, los mecanismos de control, la rendición de cuentas, quizá la ley electoral... En cuanto a Vox, Feijóo tarde o temprano tendrá que hablar con Abascal. Y no al aire, sino frente a frente. Lo que le conviene al PP es un pacto de no agresión y un acuerdo de mínimos, pero diría que a Vox también. Decía Feijóo, al viento o a los cocodrilos imposibles de Madrid, que Vox no debe “equivocarse de enemigo”. En realidad Vox se arriesga precisamente porque el PP todavía no le ha permitido las cuotas de poder e influencia que ambicionan. Pero el que desaparecería, el que se demostraría totalmente inútil para su electorado si Sánchez consigue otro milagro, no sería el PP, sino Vox. Algo así, o al menos algo alternativo pero de utilidad, tiene Feijóo que pensar, decidir, decir, dejar ver. Pero mejor en el Congreso y en Génova, no en domingos que están entre paganos y ridículos, como domingos en el Retiro.
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado