La pregunta ahora es: ¿Quién manda en Venezuela? En la rueda de prensa en Mar-a-Lago, Donald Trump aseguró que Estados Unidos controlará el poder hasta que se consolide la transición a la democracia. Añadió que el gobierno estaría compuesto por las personas que le acompañaban en la comparecencia, un equipo liderado por el secretario de Estado, Marco Rubio. Pero, ¿quién está ahora al mando sobre el terreno? Ahí, el presidente de EE.UU. fue poco concreto, pero dejó entrever que habrá una figura que haría de nexo entre el chavismo y el futuro gobierno: Delcy Rodríguez. Es decir, la número dos de Nicolás Maduro.

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Está claro que la operación de detención y extracción del presidente de Venezuela (bautizada como Resolución Absoluta), desde el punto de vista militar, ha sido un éxito. Pero la acción de la unidad de élite Delta Force no podría haber sido tan limpia y tan rápida sin apoyo interior. Lo que demuestra que hay grietas en el régimen, incluidas las altas esferas de las Fuerzas Armadas.

¿Qué papel ha jugado Delcy Rodríguez en la caída de Maduro? Eso pronto lo sabremos. Aunque hay indicios de que ella ha sido clave en todo esto. Primero, cuando se intentó una salida pacífica, la administración norteamericana la propuso a ella como sucesora del dictador, una vez que éste hubiera abandonado Venezuela. El segundo indicio es que Trump ha confesado en la rueda de prensa que Marco Rubio ha tenido conversaciones telefónicas con ella en las últimas horas. Pero, lo más importante, es que la propia Rodríguez se mostró dispuesta a trabajar con Estados Unidos en favor de una transición ordenada en esas conversaciones.

Por el momento, lo que hay en Venezuela es un vacío de poder. Los llamamientos a la movilización popular del ministro del Interior, Diosdado Cabello, parece que no han tenido mucho eco en las calles de las principales ciudades. Sin embargo, el chavismo sigue teniendo fuerza entre las clases populares, y, en principio, controla la cúpula militar. Maduro ya no está, pero el régimen, de momento, sigue en pie.

Llamó la atención que Trump eludiera la pregunta sobre la propuesta de María Corina Machado para que el poder sea transferido de manera inmediata a Edmundo González Urrutia, ganador de facto de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. Machado reclamó para Venezuela una Transición Democrática (término copiado del proceso que vivió España tras la muerte de Franco), y afirmó: "Lo que tenía que pasar, está pasando". ¿Estarán dispuestos Machado y la oposición democrática venezolana a aceptar un periodo transitorio liderado por Delcy Rodríguez?

Estados Unidos es un maestro en derrocar regímenes, pero un desastre en estabilizar los países que invade o cuyos regímenes ayuda a derrocar. Lo más difícil viene ahora y de eso todavía sabemos muy poco. El mayor peligro sería que se desatara una guerra civil en Venezuela. Por eso es tan importante saber qué papel van a jugar ahora las Fuerzas Armadas del país.

Tras la detención de Maduro hay un vacío de poder. El mayor peligro sería una guerra civil

Lo que ha hecho Trump, llevar a cabo una operación militar y secuestrar al presidente de un país soberano, es una buena noticia para Venezuela y para el mundo libre, pero es un acto ilegal con arreglo al Derecho Internacional y a la Carta de la ONU. El presidente de EE.UU. usó como aval de legitimidad para su acción la llamada "doctrina Monroe", que, en la práctica, da carta blanca a la Casa Blanca para intervenir en cualquier país de América Latina si considera que incumple sus compromisos o viola los derechos humanos. La teoría fue inspirada por el presidente James Monroe (1817/1825), como un arma contra el imperialismo europeo. Después fue perfeccionada por el presidente Theodore Roosvelt (1901-1909). Claro que entonces no existían ni la legalidad internacional ni las Naciones Unidas.

Recurrir a la doctrina Monroe es como retroceder casi dos siglos en la historia.

Que Maduro es un dictador y que se ha beneficiado del narcotráfico (se le considera jefe del llamado Clan de los Soles) parece fuera de toda duda. Pero eso no le da derecho a Trump a violar la soberanía del país y actuar como si fuera el gendarme de la justicia internacional.

Europa, si es que existe como potencia global, debe rechazar estos métodos, que suponen una vuelta atrás en la doctrina inspirada por la ONU.

En principio, la detención de Maduro se ha llevado a cabo para ponerlo a disposición de la justicia, ya que está acusado por el tribunal del distrito sur de Nueva York de cuatro delitos relacionados con el tráfico de drogas y de armas. Recuerda mucho esta operación a la que llevó a cabo por el presidente George H.W. Bush en Panamá (1989-1990) para destituir al general Manuel Noriega, más conocido como cara de piña. En aquella ocasión también había una acusación -fundada- de narcotráfico, pero lo que más le preocupaba a Estados Unidos era la conservación del Canal de Panamá.

Maduro ha esquilmado Venezuela, ha violado derechos humanos, y ha provocado la salida de millones de venezolanos del país. Es un dictador sin escrúpulos.

Sin embargo, es evidente que Estados Unidos tiene un ojo puesto en la principal riqueza del país: el petróleo. Trump se refirió en su comparecencia en varias ocasiones a esa fuente de riqueza y dijo que EE.UU. está dispuesta a invertir miles de millones para recuperar su pujanza. ¿Tiene en mente Trump cobrarse en petróleo el precio de liberar a Venezuela de Maduro? Nunca hay que olvidar que, además de presidente de EE.UU., Trump es un empresario muy espabilado. Tal vez, demasiado espabilado.

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