El uso de la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados para atacar o publicitar medios de comunicación ha pasado de ser una excepción a una herramienta política recurrente. Aunque existen precedentes históricos desde la Transición, como las críticas al diario El Alcázar o a Luis María Ansón, Pedro Sánchez ha marcado un hito al señalar directamente desde el estrado a Iker Jiménez y su programa Horizonte. El presidente acusó al espacio de formar parte de un "patrón de desinformación" y de generar bulos, una maniobra que sobredimensiona el valor de un programa de televisión que ni siquiera es líder de audiencia en su franja.

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Históricamente, los presidentes del Gobierno español habían mantenido una cierta distancia institucional en la Cámara Baja respecto a sus críticas a la prensa. Felipe González, por ejemplo, lanzaba sus ataques contra periodistas como Pedro J. Ramírez o Ansón en entrevistas externas, pero nunca desde la tribuna del Congreso. Del mismo modo, José María Aznar evitó confrontar verbalmente al Grupo Prisa en sede parlamentaria, delegando esa tarea en su vicepresidente Álvarez Cascos, quien se refería a la empresa como "Grupo PRI sociedad anónima". Sánchez, sin embargo, ha optado por personalizar el ataque en la figura de Jiménez, rompiendo con esta contención habitual.

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Esta tendencia de señalar a periodistas con nombres y apellidos se ha intensificado en la última década con la entrada de nuevas formaciones políticas. Podemos y Vox han sido protagonistas de duros ataques contra figuras como Antonio García Ferreras, Ana Rosa Quintana o Ana Pastor, a quienes han acusado de mentir o de actuar como una "Gestapo" de la verdad. No obstante, lo novedoso del caso actual es que sea el propio Presidente del Gobierno quien asuma este rol inquisidor desde el púlpito parlamentario, una conducta que el vídeo compara con la retórica de líderes internacionales como Donald Trump contra la prensa.

En definitiva, la mención de Sánchez no solo supone un ataque a la credibilidad de un profesional, sino que paradójicamente le otorga una visibilidad mediática inesperada. Mientras que en el pasado los presidentes de la Cámara llamaban al orden cuando se atacaba a personas que no podían defenderse, hoy estas alusiones se han convertido en algo rutinario. La intervención de Sánchez ha provocado que el ego del presentador de Horizonte se dispare, demostrando que, en ocasiones, la crítica presidencial puede acabar funcionando como la mejor campaña publicitaria.