Yolanda Díaz se ha cargado ella sola lo del 23-F desclasificado, cuyos tricornios y coronas prometían llenar el cielo y las noticias como dirigibles en llamas. Yolanda se ha metido ahí en medio, como siempre, entre las naves de guerra y los cataclismos políticos, con halo de santa que reclama toda la luz y todo el fuego, para anunciarnos la anunciación inversa de que no será candidata. La verdad es que la presencia, la ausencia o la duda de Yolanda siempre me han parecido el mismo producto y el mismo truco, aunque seguramente a ella le parecían el mismo milagro y el mismo regalo. Tiene uno la impresión de que Yolanda ha ido y ha vuelto ya muchas veces, con sus alas y mangas de ángel, desde la izquierda pura a la izquierda posibilista, desde el receptáculo acampanado de la voz del pueblo a la simple justificación ideológica de Sánchez, desde el molino a la era, así todo el tiempo. De hecho, su presencia o ausencia es todavía el principal asunto doctrinal en la izquierda. O sea que ella se va poco, o no se va, o no distinguimos muy bien si se va o se queda. O incluso se va demasiado, como ahora, oscureciendo las molduras mordoré de ese 23-F que Sánchez nos presenta o vende como un confesionario restaurado. De nuevo, mucho espectáculo para desaparecer sin más. 

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Yolanda se quita tanto de en medio que lo tapa todo con su manto estrellado, majestuoso, sacrificial y exagerado. Es verdad que la expectación por este 23-F revelado o desfondado no ha durado mucho, ni siquiera la santa semana de Sánchez, de lunes de anunciación a lunes de anunciación (Sánchez es otro santo que reclama toda la luz y todo el fuego, y no le habrá hecho ninguna gracia que Yolanda le haya robado su retablo aparatoso y falso, como de varga del Rastro). No ha caído la Monarquía, ni han caído los pajarracos negros de la derecha, ni ha pasado nada en realidad, salvo algún detalle y algún chisme que no dan para entrar en la historia de España, ni siquiera en la historia de los lunes milagreros de Sánchez, que son sus jueves berlanguianos. Aun así, tocaba hablar de golpismo irredento, de bigotazos perennes, de ajuares de correajes como bragueros de capilla de exvotos, y de mucha derecha con olor a cenicero y funeraria. Pero resulta que Yolanda decide que hay que hablar de ella en vez de hablar del enemigo en tan propicio día, o sea que se prepara una descomunal publicidad que ya no va a necesitar. Puesta en duda la modestia de los que se retiran, a lo mejor sólo nos queda el truco de los que nunca se van.

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Uno no se cree nada de Yolanda, ni cuando deshojaba la margarita antes ni cuando, por lo visto, ha terminado de deshojarla ahora (era una margarita descomunal o eterna, como de Sísifo con margarita). Así, con esta frase, “se ha deshojado la margarita”, según contaba Cristina de la Hoz, han definido el momento en IU, otros con pesada margarita de siglos y de hierro, como hélices antiguas. Pero Yolanda suelta una margarita y coge otra (la de postularse, la de presentarse, la de seguir, la de irse, la de gobernar, la de no irse de nuevo, la de ser sanchista, la de ser aún más sanchista...) y uno ve que sigue suspirando con toda la falda llena de pétalos y lazos. Se puede pensar que Yolanda no se va, sino que la echan la realidad, las elecciones y hasta la propia izquierda en las raspas, pero eso, aceptar la realidad sin más, es lo menos de izquierdas que uno puede imaginar (viven en su cabeza de lana, como decía yo ayer). Reconocer que tu mayoría social no es mayoría, que el currito no te adora como si fueras la diosa rubia de la propia cerveza, que has gobernado tan mal que no te vota ni el Cojo Manteca, sería inconcebible para Yolanda y además inaceptable para toda la izquierda, que con eso se negaría a sí misma. No es una margarita lo que manejan, sino más bien una noria eterna de la que no pueden escapar. Ni siquiera Yolanda, me parece a mí.

Yolanda, siendo mayoría social, mayoría de progreso, musa del obrero, sirena del Gobierno y azote o azotaina de la derecha, y además no teniendo la izquierda nadie más, dice que se acabó, y yo no me lo creo. Sólo hay que ver su vídeo, ese vídeo con el que ha querido contraprogramar los tejerazos y borbonazos planeados para el día, para darse cuenta de que el adiós sólo es la primera frase, una frase que se pierde como un leve arpegio de arpa, y luego lo que sigue es un discurso de campaña con todo su argumentario y su floricultura de campaña. Quiero decir que termina el vídeo y ya no te acuerdas de que Yolanda ha dicho que no será candidata, más bien parece que vuelve a pedirte el voto como otra margarita para deshojar o para comer. Además, se preocupa de dejarnos claro que seguirá por ahí, como aleteando, entre hada y gobernanta, con disponibilidad indeterminada o calculada.

Es el momento, es el modo, es el historial de ir y venir a por margaritas como a por agua del caño, más el historial de no aceptar ni la realidad ni las contradicciones. Si la izquierda sigue intentando unirse y reconstruirse cuando se supone que ya estaban unidos y reconstruidos, si son capaces de ofrecerse como alternativa de gobierno cuando se supone que ya gobiernan, y si encima su paraíso por llegar también es de ida y vuelta, tampoco va a resultar tan raro que Yolanda se vaya para volver a volver. Sobre todo, si la izquierda no tiene a nadie. Rufián no puede liderar un proyecto nacional sin que lo apedreen lo mismo en Cataluña que en Algeciras, además de ser ya un poco carne de velada de Ibai. Irene Montero fracasó todavía más que Yolanda y ahora sólo parece una alemana loca a la inversa que se ha ido a Europa a vivir entre el lujo burocrático y el jipismo de pies negros. Los demás son desconocidos o indistinguibles, incluido Bustinduy, que podría ser José Pablo López o viceversa.

Yo diría que sólo queda Yolanda, que a lo mejor se va al Cielo, como en una dormición mariana, y sigue disponible para los milagros y las apariciones, como otras veces. En el viaje del héroe (y la izquierda está llena de héroes), éste siempre rechaza la misión en un primer momento, hasta que el mentor o la diosa (a lo mejor Sánchez, que no va a encontrar mejor sanchista que Yolanda) lo reconduce. Yolanda sigue en el Gobierno, sigue en el foco, sigue con el apoyo de Sánchez y sigue en sus prados aunque la realidad de la izquierda sea un secarral. A mí me parece que lo que ha hecho Yolanda es empezar una campaña espectacular, nada menos que quitándole el tricornio a Tejero, como si fuera Lola Flores echándole guindas al pavo. O quizá, simplemente, es que no quiero quedarme sin la musa de mis pastorales, con suspiro, cántaro y margarita.