Este mes se cumplirán 27 años desde que la OTAN lanzara una campaña de bombardeos sobre la antigua Yugoeslavia que duró 78 días. La campaña, que golpeó con furia a Belgrado, causó 2.500 muertos y 12.500 heridos, según cifras oficiales.
El objetivo de esa guerra fue detener la limpieza étnica que se estaba llevando a cabo en Kosovo por parte del ejército del líder serbio Slobodan Milosevic.
El presidente de Estados Unidos era entonces el demócrata Bill Clinton y el secretario general de la OTAN el socialista español Javier Solana. El líder laborista, Tony Blair, que era en esas fechas primer ministro de Gran Bretaña, justificó la intervención como "la prueba de que la fuerza militar puede utilizarse para liberar a la gente".
El bombardeo sobre Yugoeslavia se produjo al margen de Naciones Unidas. Los defensores del ataque lo justificaron diciendo que era la única forma de evitar el veto de Rusia o de China en el Consejo de Seguridad de la ONU.
El hecho es que la OTAN violó la legalidad internacional y casi ningún país, a excepción de Rusia, levantó la voz para denunciar esa violación. Vladimir Putin ha recurrido oportunistamente al "precedente de Kosovo" para justificar la invasión de Ucrania.
La guerra contra Irán, desatada el pasado 28 de febrero por Israel y Estados Unidos, también se ha hecho al margen de la legalidad internacional. Es evidente. Esa ha sido la excusa que ha utilizado Pedro Sánchez para su campaña de 'No a la guerra', y es también el origen de la división que se ha generado en el seno de la Unión Europea sobre la posición a adoptar en ese conflicto que ha desestabilizado Oriente Medio y ha generado una enorme volatilidad en los mercados de valores y de materias primas a escala global.
La legalidad internacional, la ONU, no ha servido desde hace décadas para detener las guerras. Son necesarias nuevas reglas
La tensión interna en el seno de la Unión, con posiciones distantes, como, por ejemplo, la que defiende el canciller alemán Merz o la que proclama el presidente español, afloró el lunes en Bruselas, cuando la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ante una reunión de embajadores de los países miembros de la UE, afirmó que "Europa no puede ser la guardiana del viejo orden mundial", ni "debe llorar por el régimen iraní, que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo", para concluir: "Siempre defenderemos el sistema basado en normas que ayudamos a construir con nuestros aliados, pero ya no podemos confiar en él como la única forma de defender nuestros intereses, ni asumir que esas normas nos protegerán".
Von der Leyen dejó en mal lugar a Pedro Sánchez, que se escuda en la "legalidad internacional" para su 'No a la guerra'.
Inmediatamente, hubo respuestas. Primero, por parte de la vicepresidenta de la CE, Teresa Ribera, quien, en conversación con Carlos Alsina, dijo en Onda Cero: "Es muy peligroso entrar en un debate en el que parece cuestionarse el derecho internacional o la necesidad de trabajar al margen del derecho internacional". Poco después, Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, echó leña al fuego: "Este mundo multipolar requiere soluciones multipolares, no esferas de influencia donde la política de poder reemplaza al derecho internacional". Finalmente, el ministro Albares apostilló tras el Consejo de Ministros: "La alternativa al orden internacional es el caos". Tampoco se podía esperar una reflexión más profunda por su parte.
La reflexión de Von der Leyen no viene sino a constatar un hecho: la apelación recurrente a la legalidad internacional no ha servido para parar ninguna guerra. Hoy es un hecho que Rusia, China o Estados Unidos operan al margen de esa legalidad y cuentan con la garantía del blindaje que le ofrece la propia legalidad, a través de su capacidad de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, del que son miembros permanentes, para invadir o atacar a cualquier país que, según su criterio, suponga una amenaza para su soberanía.
La legalidad internacional saltó por los aires hace 27 años y desde entonces se ha vulnerado continuadamente.
¿Qué capacidad tiene la Unión Europea para frenar una guerra como la que se está llevando a cabo en Irán si su socio de referencia en la OTAN es Estados Unidos? ¿Qué capacidad de defensa autónoma de esa alianza transatlántica tiene Europa para frenar las ambiciones expansionistas de Putin? Ninguna.
Proclamar que la "alternativa al orden internacional es el caos", como ha hecho el ministro de Exteriores, es una perogrullada. Porque ya estamos instalados en el caos.
Estados Unidos lleva mirando con desconfianza a la ONU desde hace muchos años. En tiempos de George W. Bush, tras el ataque a las Torres Gemelas, el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, abanderó la idea de crear "alianzas de voluntarios" puntuales para operar casos concretos, lideradas por Estados Unidos. Por supuesto, al margen de Naciones Unidas.
Donald Trump es un digno heredero de aquella doctrina. Ha actuado sin ningún rubor en Venezuela, secuestrando al dictador Nicolás Maduro, y hace dos semanas ha emprendido un ataque combinado con Israel que ha dado como resultado la muerte del ayatolá Jamenei y ha incendiado a la región del Golfo Pérsico.
¿Acaso hay alguien con poder suficiente como para exigir a Trump el respeto a una legalidad internacional que se viola constantemente?
Aunque Sánchez ha querido jugar el papel de "némesis" de Trump, el desequilibrio es tan evidente que nadie se lo toma en serio. Al presidente español se le ha visto el plumero, la necesidad de encontrar una consigna que movilice al electorado de izquierdas, y no parece que vaya a lograr el consenso en el seno de la UE para detener a Trump.
La ONU se creó el 26 de junio de 1945, justo seis semanas después de la rendición de la Alemania nazi, y poco antes de que formalmente concluyera la Segunda Guerra Mundial. Sus objetivos son loables; y, de hecho, cumplió su papel durante un tiempo, aunque en un contexto de Guerra Fría.
Reflexionar sobre si esa legalidad internacional es ahora útil o no es muy oportuno. Cargar contra Von der Leyen es algo así como matar al mensajero. La realidad es que ya no sirve.
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1 Comentarios
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hace 9 segundos
Pues nada, a partir de ahora sálvese quien pueda.
Sin duda un mundo sin normas o donde no es necesario cumplirlas será mucho mejor