Los ataques iraníes han alcanzado varias veces los puertos comerciales de Omán. Es un hecho que puede sorprender. También hace pensar sobre la situación real en la región. El sultanato se ha caracterizado desde su independencia por ejercer de puente entre diferentes facciones, y entre distintos Estados musulmanes. Ha sido la discreta puerta de atrás de la diplomacia del Golfo Pérsico. Fue un país clave durante las negociaciones entre Irak e Irán, entre Irak y Kuwait, entre Qatar y Arabia Saudí, entre las diferentes facciones del Yemen. También entre Estados Unidos e Irán durante el intercambio de prisioneros en diferentes ocasiones.

Tal es la relación con los diferentes países del Golfo Pérsico que aún ahora el sultán Haitham bin Tariq ha exigido directamente a Irán el cese de los ataques, como también el fin de la escalada regional. Es importante que, según la retórica de la Guardia Revolucionaria, cualquier infraestructura de EEUU en la región será convertida en un objetivo legítimo para los misiles y los drones iraníes. En este sentido, cabe destacar que en Omán se encuentra la base aérea de Thumrait y el puerto de Duqm, que prestan apoyo logístico a pesar de no ser utilizadas como posición de ataque. La explosión del puerto de Salalah, donde se alcanzó y destruyó gran parte de los tanques de combustible, ha tenido como consecuencia directa que Irán haya tenido que desvincularse del ataque. Omán afirma que está bajo investigación.

A pesar de la voluntad de guerra total que desea la Guardia Revolucionaria para legitimarse internamente, Omán mantiene los canales diplomáticos abiertos con Teherán. Es el único socio con quien mantiene vínculos diplomáticos en el golfo Pérsico, después de que Qatar haya prometido responder a los diferentes ataques iraníes cuando crea el momento oportuno. La polarización por la respuesta iraní contra objetivos civiles en Baréin, Kuwait, Qatar, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos tiene como consecuencia que Omán desempeñe un papel todavía más relevante.

Con el cierre del estrecho de Ormuz, Omán es la única válvula de escape. Sus puertos de Salalah y Duqm, ubicados fuera del golfo, permiten que el crudo de Arabia Saudí y Emiratos fluya hacia los mercados globales sin cruzar la zona de combate. Así se evita el colapso total del suministro energético. Al compartir las aguas territoriales del estrecho con Irán, Omán es el guardián de la legalidad internacional. Sin embargo, su neutralidad está bajo máximos históricos: los recientes ataques cerca de sus costas demuestran que, en una guerra total entre Irán y Occidente, ni siquiera el mediador más leal está a salvo de los "errores" balísticos o de las advertencias tácticas de Teherán.

Dentro del Consejo de Cooperación del Golfo, Omán actúa como el freno diplomático. Mientras sus vecinos consideran la respuesta militar, Mascate mantiene la única línea telefónica directa con el régimen de los ayatolás. De este modo, impide que el bloque árabe se convierta en una alianza de guerra abierta, algo que incendiaría definitivamente la península.

Omán ya no es un actor, sino el tablero de cristal sobre el que se juega la supervivencia del orden internacional"

El sultán Haitham bin Tariq ha de hacer equilibrismos. Por un lado, la Oman News Agency ha emitido condenas inusualmente duras contra la violación de su soberanía; por otro, el Sultán sigue atendiendo las llamadas de la Presidencia iraní para evitar que el conflicto escale a una invasión de su enclave en Musandam. Omán sabe que si renuncia a su mediación y se une militarmente al CCG, el estrecho de Ormuz se cerrará para siempre, y con él, la última esperanza de una salida negociada a la guerra de 2026.

En conclusión, Omán ya no es un actor, sino el tablero de cristal sobre el que se juega la supervivencia del orden internacional. Mascate no sólo custodia un paso geográfico de una relevancia obscena, sostiene la última arquitectura de una diplomacia global que ha saltado por los aires. Si la neutralidad del sultán Haitham bin Tariq termina por sucumbir ante la balística de precisión iraní o la asfixiante presión logística de Occidente, no sólo asistiremos al cierre físico del estrecho de Ormuz. También será el funeral del único interlocutor con capacidad de sentar a todos los actores implicados en una mesa de negociación.


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.