A lo mejor nuestra izquierda verdadera ya sólo tiene sentido en Los Ángeles, con su lujo de utopías y sus lentejuelas de lágrima. A lo mejor donde no pega, como un guiri con camisa hawaiana, es en El Bierzo o en la Maragatería. Se ha criticado mucho a Yolanda Díaz por irse a los Óscar en carroza de pétalos o en avión de plumón justo cuando su partido desaparecía de Castilla y León dura y escandalosamente, como expulsado a gorrazos por los paisanos. Pero a mí me parece de lo más coherente, porque lo de Yolanda sólo se puede hacer en un ministerio cinematográfico o en un plató ideológico, así que ella iba a los Óscar a trabajarse lo suyo con mucho más fundamento y beneficio que si se hubiera ido a predicar o a llorar a una hoya, a una peraleda o incluso ante la desganada realeza de los pavos del Campo Grande. A los Óscar se puede ir vestida de princesa con hucha o de hombre orquesta con pegatinas, como iba Javier Bardem, héroe de bombo y platillo. Pero si vas así al campo o a la barriada, si sales así a la realidad y al relente de España, ya casi te apedrean. Yolanda tenía que irse a Los Ángeles / La La Land porque aquí ya no puede bailar el claqué de los pobres y los deshollinadores con zapatitos de Cenicienta. El único que puede todavía es Sánchez, que ha borrado a la izquierda a su izquierda, simplemente, bailando mejor con sus botines de estafador.
De Castilla y León a La La Land va una fina señorita del Titanic a morir con la sombrillita, o va una comunista de oasis a beber por última vez de esas cascadas de musical que aún hacen allí con las tragedias o la moralina. Pero a mí me sigue pareciendo más necesidad que caprichito, homenaje o vanidad subvencionada (todos los políticos tienen la vanidad subvencionada, y a veces sale más caro dejarlos por esos restaurantes de Madrid con los camareros vestidos de barbero antiguo que pasearlos por Beverly Hills en una limusina como un enganche sevillano). A Yolanda no le hemos visto ni el pelo ni una pluma allí en Los Ángeles, con lo que no creo que se pueda decir que lo suyo era una misión institucional (no se puede representar ni al Estado, ni a la cultura española, ni al Gobierno progresista o sólo almodovariano si nadie te ve). Sin embargo, el viaje aparecía en su agenda institucional y fue pagado, por supuesto, con espléndido y esplendoroso dinero del contribuyente. Pero no la hemos visto para nada. Sí, lo que me parece sospechoso no es el viaje, sino su discreción.
Yolanda en Los Ángeles, la izquierda en La La Land, qué buscaría ahí un político que luego no quiere figurar, que se cuela por la puerta de atrás, como una espía de embajada vestida como para un asesinato nupcial; que no va a la fiesta con el elenco de Sirat, que uno imagina con algo de baile de vampiros de Eduardo Casanova... No se trata de hacer demagogia ni de ser cutre, que ya digo que ir de paradores nos puede resultar más caro que ir a Santa Mónica. Aunque sí pienso que tal inversión pública se hubiera merecido ver a la presidenta vestida de cisne proletario (esperanza para todos los parias del mundo), de repollo progresista, de musa de los desmayos o los escándalos, de Mary Poppins rubia al lado de ese Bardem también de Mary Poppins, o de lo que se hubiera vestido. El viaje se merecía discursito y hasta pegatinazo, que si no para qué. Pero no hubo nada de eso. Yo creo que el viaje de Yolanda era íntimo y definitivo, era como su despedida del mundo, su adiós a la vida. Yo creo que Yolanda fue a morir a Los Ángeles como Nicolas Cage se fue a morir a Las Vegas.
En España ha quedado Sánchez, que maneja las mentiras, las excusas, las indulgencias y el claqué de la izquierda verdadera
Yolanda se despide de la vida, la izquierda se despide de su La La Land yendo precisamente a Los Ángeles / La La Land. Es un final cinematográfico para este último ciclo vital de una ideología cinematográfica, algo que a mí me parece poético y casi piadoso. En la ciudad de los sueños, Yolanda sueña el último sueño rodeada de cristales y charcos de luz o de linfa. A Yolanda le han robado la izquierda, le han robado la vida, se la ha robado Sánchez, por supuesto, que le ha regalado la última noche bajo estrellas y burbujas. No se la ha robado a ella sola, claro, que IU también parece ahora huérfana de votos como de aperos (Podemos ya hace mucho que sólo era un bar de parroquianos muertos, algo como de Amenábar, aunque yo creo que Irene Montero también se hubiera ido a Los Ángeles, quizá con moño rosa o quizá con alguna clase de luto feminista, reivindicativo o sólo de mala sombra, como el luto de Chloé Zhao, la directora de Hamnet). Sí, a toda la izquierda le han robado el cielo por asaltar y las escalinatas doradas por las que subir, pero Yolanda era como su alegoría con traje de papel, luz de palmatoria y cabellera jónica. Yolanda en La La Land es toda la despedida de esta izquierda.
Nuestra izquierda verdadera cada vez tiene menos sitio, y va desapareciendo de los parlamentos como si fueran ascensoristas. Ya sólo tiene sentido, o más bien descanso o consuelo, en Los Ángeles, ciudad de santos, locos, artistas, mendigos, estafadores, criminales, ilusos, a veces indistinguibles, sobre todo cuando se echan encima la chistera o el duelo. Aquí en España ha quedado otra cosa, o sea ha quedado Sánchez, que maneja las mentiras, las excusas, las indulgencias y el claqué de la izquierda verdadera mejor que la propia izquierda verdadera. No es que él sea más hábil que los popes o zarinas de la izquierda de siempre, es que la izquierda de siempre nunca tuvo el poder, la fuerza bruta y hasta las chistorras blandas o ablandadoras que tiene Sánchez.
Yolanda fue y volvió de Los Ángeles como un fantasma empolvado. No le importaba Castilla y León como ya no le importa la vida, me parece a mí. Ahora, a la izquierda de fantasía y grillos sólo le queda construirse otro La La Land, como una noria, y llamarlo refundación o melancolía. Por allí pasarán el tafetán, la melena y las solapas, en ceremonias de autoexpiación y autoindulgencia, mientras el país les da la espalda. Sánchez ha mandado a Yolanda a morir o a congelarse bajo las crueles estrellas de Los Ángeles, pero él es la misma mentira y el mismo futuro, sólo que con un poco más de cuerda, de recursos y de sangre aún. Uno puede presentarse en los Óscar con una chapa, un molinillo de papel o unos chapines rojos, pero no puede presentarse así ante la realidad, el relente y la catástrofe de España. Ya no. Yolanda fue y volvió de Los Ángeles como una paloma que se mandaba Sánchez a sí mismo. También a Sánchez sólo le queda La La Land, aunque no se perderá sin más en una cama de tallos, como Yolanda, que ahora parece Ofelia, sino que lo veremos caer todavía bailando en su musical.
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