Elecciones Andalucía 17M

Opinión

Las cinco razones por las que Juanma Moreno puede gobernar en solitario en Andalucía

Juanma Moreno preside en Huelva la reunión ordinaria del Consejo de Gobierno.
Juanma Moreno preside en Huelva la reunión ordinaria del Consejo de Gobierno. | EUROPA PRESS

La decisión de Juanma Moreno de adelantar las elecciones andaluzas al próximo 17 de mayo se debe a razones puramente electorales. Esto es una obviedad, pero conviene recordarlo porque la fecha es una apuesta que no siempre sale bien.

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Las razones que han llevado al presidente andaluz a convocar antes de lo previsto (los comicios podían haberse celebrado a finales de junio) son los siguientes:

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La constatación de que el 'No a la guerra' como elemento movilizador de la izquierda no ha tenido el éxito esperado. Ni en la calle, ni en las urnas. El PSOE enfocó las elecciones en Castilla y León bajo ese lema y lo que obtuvo fueron dos escaños más (pasó de 28 a 30), pero a costa del hundimiento de la extrema izquierda. Las manifestaciones convocadas hasta el momento en toda España han sido un fiasco.

La fragmentación de la extrema izquierda. La división de los partidos a la izquierda del PSOE es su mayor debilidad. Lo fue en Castilla y León y puede serlo también en Andalucía. El adelanto obliga a los partidos de este espacio a acelerar unas negociaciones que nunca han sido fáciles. De hecho, lo más probable es que se dé la posibilidad de que haya hasta tres papeletas en representación de ese nicho ideológico (lo de nicho va sin segundas): Por Andalucía, Adelante Andalucía y Podemos. La fragilidad de la extrema izquierda beneficia enormemente al PP, ya que rentabiliza los restos allá donde esos partidos no alcanzan para sumar un escaño más. Para dar una idea de la importancia de ese efecto, hay que recordar que en las elecciones de 2022, de los 58 escaños que obtuvo el PP, unos 12 tuvieron su origen en los restos, que benefician más al partido más votado con arreglo al método D'Hont.

El frenazo de Vox en Castilla y León. El peor escenario para Juanma Moreno en Andalucía sería ganar por menos margen que hace cuatro años y que un Vox fuerte le exija entrar en el gobierno con carteras de peso. De hecho, el enemigo a batir para el PP no es el PSOE, sino Vox, aunque Juanma Moreno diga que no hay que hablar del partido de Abascal. El hecho es que Vox, que iba como un cohete en Extremadura y Aragón, sufrió un traspié en Castilla y León. Sacó un escaño más (pasó de 13 a 14), pero no llegó al 20% de los votos y, desde luego, tampoco tuvo la subida que registró en las autonómicas extremeñas y aragonesas. Parece que la división interna del partido, con figuras de relieve como Iván Espinosa de los Monteros y Javier Ortega Smith lanzando pullas a diario a Abascal y su núcleo duro, le está haciendo daño al partido. De aquí al día 17 de mayo la tensión no va a bajar, sino al contrario. Por eso, para Vox, este no es precisamente el mejor momento para competir en Andalucía, aunque aspire a tener un buen resultado.

Desgaste máximo del PSOE. El Partido Socialista no levanta cabeza en Andalucía desde que Susana Díaz perdiera el gobierno de la Junta. Juan Espadas no fue un buen recambio y la moderación de Juanma Moreno ha provocado que muchos andaluces que antes votaban PSOE ahora voten PP. Dos datos económicos avalan el cambio a mejor que se ha producido en Andalucía en los últimos ocho años. El crecimiento del PIB en 2025 fue del 3,2% (la media nacional, según el INE, fue del 2,8%), mientras que el índice del paro -el mal endémico andaluz- ha pasado de representar el 22,8% en 2018 al 14% con que cerró 2025. A eso hay que añadir la mala gestión del accidente ferroviario de Adamuz (que causó 46 muertos y cuyas causas aún se desconoce) y el retraso en la recuperación de la línea de Ave a Málaga, imputables al Ministerio de Transportes, cuyo titular, Óscar Puente, no le está haciendo ningún favor a las expectativas de su partido en la región. Las últimas encuestas apuntan a una notable caída del PSOE, que podría pasar de los 30 escaños actuales a 25 (su peor resultado desde que hay comicios autonómicos).

Montero se arriesga a estrellarse en Andalucía, pero Sánchez no la dejará tirada

5º María Jesús Montero no sirve para representar el cambio. Cuando se supo el día de las elecciones, la ya ex ministra de Hacienda proclamó: "Ya hay fecha para el cambio en Andalucía". Mal puede representar un cambio una persona que entró como viceconsejera de Sanidad en 2002, que luego ascendió a consejera de Sanidad en 2004, y que, desde 2013 a 2018, fue consejera de Hacienda. Montero estuvo en el gobierno de Manuel Chaves, en el de José Antonio Griñán y en el de Susana Díaz. No fue su único error. Tampoco fue una buena idea hablar de sí misma en tercera persona como "la mujer que más poder ha acumulado en España" y, al mismo tiempo, esgrimir la renuncia a ese logro como muestra del sacrificio que está dispuesta a hacer para "rescatar a los andaluces".

Ahora se presenta como "defensora de la sanidad pública", pero durante su gestión al frente de la sanidad andaluza llevó a cabo un recorte de 16.000 millones de euros y abrió la puerta a la colaboración de la sanidad pública con la privada. Como titular de Hacienda impulsó una rebaja del impuesto de sucesiones, de la que ahora seguramente reniega.

La "mejor política" que ha conocido nunca Pedro Sánchez -eso dijo el presidente en su despedida- también es la responsable de la 'financiación singular' para Cataluña, pactada con ERC para que los republicanos apoyen los presupuestos nacionales y los de Salvador Illa. Precisamente para no ponerla en un brete, el presidente de la Generalitat ha metido en el congelador sus cuentas públicas para que, de esa manera, la cesión del IRPF a Cataluña no jugara en su contra en los comicios andaluces. Ese aplazamiento no va a evitar que el PP le reproche que haya impulsado una reforma que da a Cataluña una mejor financiación.

Aunque eso no se sabía antes de la convocatoria electoral, el hecho de que Montero no haya renunciado a su escaño en el Congreso es otro factor que jugará en su contra. La excusa de que lo ha hecho para no perder su plaza en el Hospital Virgen del Rocío es espuria, ya que en ningún caso se hubiera dado esa posibilidad si, como es lógico, logra ganar su escaño como número uno en las listas del PSOE en Andalucía.

Quizás la intención de Sánchez al enviar al matadero a su número dos -tanto en el Gobierno como en el partido- sea la de evitar una debacle histórica en Andalucía, pero el riesgo de un descalabro es evidente. Por ello es lógico que le haya prometido algo si, como apuntan las encuestas, el PSOE sigue condenado a pasar otros cuatro años en la oposición y con Vox pisándole los talones.

Las elecciones las carga el diablo y no se puede dar por seguro un resultado hasta que no se cierran las urnas. Es evidente que Sánchez se va a volcar en Andalucía en las próximas semanas y que Montero contará con todas las familias socialistas andaluzas en su apoyo. Pero el margen es tan amplio -en 2022 el PP casi dobló en votos al PSOE- que pensar en una victoria es creer en los milagros. Sólo una metedura de pata de las que hacen época podría amargarle el mes de mayo a Juanma Moreno. Aunque, lo más probable, es que Montero, es decir Sánchez, acumule su cuarta derrota electoral en menos de seis meses. Todo un récord.

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