Opinión

El juez Peinado puede ser "peculiar", pero su auto tiene base para sentar en el banquillo a Begoña Gómez

Begoña Gómez y Pedro Sánchez, este lunes en la Universidad Tsinghua de Pekín, durante su visita oficial a China.
Begoña Gómez y Pedro Sánchez, este lunes en la Universidad Tsinghua de Pekín, durante su visita oficial a China. | Andrés Martín Casares / Pool / EFE

Juan Carlos Peinado procesa a Begoña Gómez por cuatro delitos y en Moncloa se "avergüenzan" no por la esposa del presidente, sino por el juez. Sólo les ha faltado llamarle prevaricador. Al tiempo. El auto se dio a conocer este lunes (aunque lleva fecha de 11 de abril), cuando la procesada y su esposo, Pedro Sánchez, se encuentran de visita oficial en China. Otro motivo de sospecha para los que piensan que a este juez le mueven intereses espurios.

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No es Peinado un juez que tenga el respaldo unánime de la carrera. "Es un tanto peculiar", me comenta un magistrado conservador. Su forma de instruir ha sido, como mínimo, errática. La Audiencia Provincial ya le corrigió cuando quiso meter en la investigación el rescate de Air Europa. Pero lo cierto es que esa misma Audiencia ha avalado su investigación.

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Un juez es prevaricador o no. Lo que no se puede hacer es descalificarle porque actúe de forma "un tanto peculiar". Arremeter contra el juez no invalida su instrucción. Procesar a la esposa del presidente del Gobierno es algo que muy pocos jueces se atreverían a hacer, sabiendo como se las gasta el poder en estos lares. Él lo ha hecho, y eso ya tiene su mérito. También se puede atacar la investigación argumentando que el caso se abrió por las denuncias de Vox, Hazte Oír y Manos Limpias, la ultraderecha, lo que es cierto. Pero lo que debe importar es si, de verdad, hay base para procesar a la esposa del presidente, cosa que es la primera vez que ocurre en España.

Son cuatro los delitos por los que Peinado quiere sentar en el banquillo a Begoña Gómez y, además, que sea en un juicio con jurado: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación y apropiación indebida.

Enumeraré los indicios que sustentan cada uno de esos supuestos delitos.

Tráfico de influencias.

-Begoña Gómez no tenía estudios universitarios como para ejercer una cátedra y codirigir un máster, en este caso de Transformación Social Competitiva. Según declaró el ex vicerrector de la Universidad Complutense, Juan Carlos Doadrio, es "el único caso conocido" de estas características.

-La esposa del presidente utilizó el Palacio de la Moncloa para hacer reuniones sobre su máster. Es aquí donde el juez introduce el comentario que más ha escocido al entorno del presidente, ya que compara ese uso inapropiado con "regímenes absolutistas", como el de Fernando VII (aquel que puso fin al Trienio Liberal y cuyos partidarios gritaban aquello de ¡Vivan las cadenas!).

En Moncloa, en efecto, se reunió Gómez con el rector de UCM, Joaquín Goyache, quien le dijo a su número dos que había que "crear una cátedra" para la esposa del presidente. La cátedra se creo con celeridad inusitada.

-Gómez apoyó con cartas a al empresario Juan Carlos Barrabés, que trabajaba en su máster, para que una de sus empresas fuera contratada por otras entidades.

-Además, Cristina Álvarez, empleada de Moncloa, hizo gestiones para captar fondos para el proyecto de la UCM, usando incluso el correo institucional de la Presidencia del Gobierno. Ella, afirma el juez, daba "apariencia institucional" al proyecto.

Si de algo habría que avergonzarse es de la falta de prudencia de la esposa del presidente del Gobierno

Corrupción en los negocios.

-Begoña Gómez y Cristina Álvarez trataron personalmente la captación de los patrocinadores de la cátedra (que fueron empresas tan importantes como Google, Telefónica, Indra, Fundación La Caixa, Reale Seguros). Llama la atención que nadie de la UCM -ni el rector ni el codirector del máster- participasen en esa labor, lo que avala la tesis de que se trataba de un proyecto personal y no tanto de una iniciativa de la propia Universidad Complutense. Según Peinado, esta forma de actuar tenía como fin integrar el proyecto en el "patrimonio personal" de la esposa del presidente.

-El juez acusa a Gómez de ofrecer a los patrocinadores como "compensación" un "trato privilegiado" con la administración pública, aprovechando "ser su esposo presidente del Gobierno de España".

Malversación.

-Según el auto, Begoña Gómez contrató a la asesora de Moncloa precisamente porque esta le prestaba servicios de carácter personal.

Apropiación indebida.

-Begoña Gómez era la gestora principal de la cátedra y del software que se creó, "derivando el activo hacia sus intereses propios, en perjuicio de la UCM".

El auto (39 páginas) recoge todos esos indicios, acumulados tras dos años de investigación. Todos los hechos que se enumeran son objetivos y comprobables. Si son suficientes como para condenar a la esposa del presidente, eso lo decidirá el jurado, si es que la Audiencia Provincial no paraliza el proceso.

La cuestión es que Begoña Gómez se lanzó a desarrollar su carrera profesional aprovechándose de su situación privilegiada. A nadie se le ha creado una cátedra careciendo de título universitario. Tampoco el rector acude al domicilio de alguien que le solicita una cátedra, sino que es más bien al contrario, si es que éste tiene a bien recibir al peticionario.

Utilizar las instalaciones del Palacio de la Moncloa para poner en marcha esas actividades es en sí mismo una temeridad. ¿Acaso el rector se iba a negar a crearle una cátedra a la mujer del presidente?

Por otra parte, la petición de financiación debería haber corrido a cargo de la UCM, si de verdad el proyecto era interesante para la Universidad. Ninguna gran empresa se negará a dar financiación a la esposa de Pedro Sánchez. Aunque sólo sea por prudencia. Si, además, interviene una empleada de Moncloa que utiliza el correo de Presidencia para remitir sus mensajes, no cabe duda que el destinatario interpretará con ello que es la propia Presidencia la que está detrás.

Todo ello lleva a la conclusión de que, si de algo habría que avergonzarse, es de la imprudencia y la falta de escrúpulos de la esposa del presidente.

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