¿Qué pinta un sacerdote declarando en el juicio de la operación Kitchen? ¿Quién es ese hombre que se relacionaba de manera fluida con el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz; con el ex secretario de Estado, Francisco Martínez, y, sobre todo, con el comisario jefe de la UCAO (Unidad Central de Apoyo Operativo), Enrique García Castaño?

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Silverio Nieto (Almendralejo, 1947) es una persona clave en esta historia, aunque a él el protagonismo nunca le ha gustado, ni tampoco lo ha buscado. Sin su intervención probablemente no se hubiera abierto la causa sobre el caso Kitchen, porque fue él, sin pretenderlo, el que puso en manos de García Castaño (conocido como El Gordo) la pistola humeante para atribuirle al secretario de Estado la responsabilidad sobre una operación en la que presuntamente intervinieron varios policías para robarle documentación sensible sobre el PP y sobre Mariano Rajoy al ex tesorero del partido, Luis Bárcenas.

Pero, vayamos por partes. Don Silverio –así se refieren a él los que le tratan– no es un sacerdote al uso. Se ordenó a los 51 años. Antes había sido marino mercante; después se metió a policía (en 1972 aprobó la oposición como subinspector), y, finalmente, opositó a juez y consiguió plaza en el juzgado de Cebreros. Ascendió a magistrado y ejerció como tal en la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Posteriormente, se doctoró en Derecho Canónico y fue director, desde 2006 hasta su jubilación, del servicio jurídico de la Conferencia Episcopal. No me extiendo más, porque la vida de este personaje daría para un libro.

El caso es que Don Silverio coincidió en la promoción para subinspector con personas que luego llegaron a ser comisarios importantes, como Gabriel Fuentes y José Villarejo. Con ellos siguió manteniendo una estrecha relación a pesar de que dejó de ser policía en 1983, como ha resaltado en varias ocasiones ante el tribunal.

Lo que parece evidente es que fue a través de ellos como trabó amistad con el ministro del Interior, Fernández Díaz, persona de profundas convicciones religiosas. A El Gordo ya le conocía de antes a través de Villarejo. Se dice que fue confesor del ministro, pero eso no está probado. Lo que está fuera de toda duda es que ejerció gran influencia sobre el ministro. Dicen las fuentes que fue el hombre que propuso como secretario de Estado de Interior a Ignacio Ulloa (que ejerció el cargo entre 2011 y 2013), y que también colocó en su gabinete como asesor a Gabriel Fuentes.

Pero cuando se vio con más claridad la capacidad de Don Silverio para persuadir al ministro fue poco después de que Jorge Fernández aterrizara en el ministerio. Algunos ex altos cargos de anteriores gobiernos del PP (como Agustín Díaz de Mera, ex director general de la Policía, o Pedro Morenés, que antes de ser ministro de Defensa había sido secretario de Estado de Seguridad) le habían puesto sobre aviso a Fernández sobre García Castaño. "Cuidado con él, no es trigo limpio", vinieron a decirle. Debía de ser una opinión extendida, ya que en su comparecencia este martes ante el tribunal, el coronel Pérez de los Cobos ha declarado que él le transmitió al ministro su "opinión muy desfavorable" sobre ese comisario. El caso es que Fernández Díaz estaba decidido a cesarle, pero en ese preciso momento intervino Don Silverio para echarle un capote a su amigo, apoyo al que se sumó el ex comisario Enrique Barón. La opinión de estos era que, a pesar de ser un hombre un tanto peculiar, era "un buen policía". Así que Jorge Fernández, contra todo pronóstico, lo mantuvo al frente de la UCAO, una unidad que se dedica a operaciones muy muy especiales.

Don Silverio ha sido un hombre muy influyente en el ministerio del Interior, amigo de Fernández Díaz y, al mismo tiempo, de Enrique García Castaño

Ahora bien, ¿por qué la Fiscalía ha llamado a declarar como testigo a Don Silverio en este juicio? La clave está en un mensaje que le remitió Francisco Martínez en enero de 2020 en el que dice lo siguiente: "Según me dice mi abogado, además de cuestiones formales, la defensa mañana exige entregar al juzgado las actas notariales en las que constan los mensajes recibidos a lo largo de 2013 y 2014 con instrucciones muy claras y explícitas sobre los supuestos 'operativos policiales' de las que trata todo esto (cuya legalidad siempre me pareció clarísima) y que necesariamente conllevarán la citación de Jorge y, probablemente, de Rajoy. Desde luego, nada más lejos de mi deseo".

Martínez contaba con que Don Silverio remitiría ese mensaje a Jorge Fernández Díaz, que había hecho unas declaraciones en un medio de comunicación distanciándose de la operación Kitchen. Era un farol destinado a transmitirle al ministro que si seguía por ese camino podría poner en un brete al ex presidente Rajoy, también buen amigo del ministro.

En efecto, como ha corroborado ante el tribunal, Don Silverio remitió el mensaje al ministro... pero también a García Castaño.

El comisario jefe de la UCAO no quería comerse sólo el marrón de una operación oscura en la que su unidad había pagado a un confidente (el chófer de Bárcenas) para espiar al ex tesorero del PP. En un principio, García Castaño señaló al DAO (Director Adjunto Operativo) de la Policía, Eugenio Pino, como el responsable último de la operación. Pero luego elevó el tiro a Francisco Martínez, tal vez animado por su abogado, Aitor Martínez, que trabaja en el despacho ILOCAD, dirigido por el ex juez Baltasar Garzón. Políticamente, era mucho más atractivo colocar en la cabeza de la trama a un secretario de Estado, que además seguía siendo diputado del PP, y a un ministro amigo de Rajoy (el supuesto beneficiario del espionaje), que a un policía como Pino.

Así que García Castaño se agarró a ese mensaje como aun clavo ardiendo. Según él, esa era la prueba de que en la Kitchen estaba metido hasta el presidente del Gobierno. El Gordo declaró dos veces en la comisión parlamentaria sobre la denominada 'policía patriótica', y aseguró que "por supuesto" Fernández Díaz, Rajoy y María Dolores de Cospedal estaban al cabo de la calle de la operación Kitchen.

En febrero de 2023 la Fiscalía le reconoció a García Castaño su "colaboración tardía" y le rebajó tres años la petición de pena. Posteriormente, el juez García Castellón archivó provisionalmente la causa contra El Gordo por un ictus que éste había sufrido en mayo de 2022.

García Castaño, implicado y testigo fundamental para este proceso, no comparecerá ante el tribunal. Su amigo, Don Silverio, ha declarado que él se enteró de todo este embrollo por la prensa, aunque reconoció que con García Castaño seguía manteniendo una amistad "intensa"; sobre todo, añadió, "después de su enfermedad".