El 28 de mayo fue el Día de la República de Armenia. La jornada recuerda y conmemora la primera república de Armenia después tras el hundimiento del proyecto transcaucásico de 1918. Por este motivo, Azerbaiyán y Armenia celebran el día nacional en la misma fecha. Este año el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, organizó un desfile militar por primera vez después de diez años.
Esta exhibición de fuerza militar puede observarse desde tres perspectivas distintas. En primer lugar, se trata de un acto en cierta medida electoral. Pashinyan está en campaña. Las elecciones legislativas tienen lugar el próximo 7 de junio. Son los primeros comicios tras la ofensiva militar azerí contra la autoproclamada república de Artsaj (Nagorno-Karabaj), que provocó su disolución y anexión completa dentro de la república de Azerbaiyán en 2023. Se hacen después de que el primer ministro anunciara en 2024 la salida de Armenia de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) que dirige Rusia. En 2025 hubo un intento de golpe de Estado de miembros de la Iglesia Apostólica Armenia contra el primer ministro impulsado por el arzobispo Mikael Ajapahyan. Y se celebran después de las negociaciones de paz con Azerbaiyán, y de la alianza estratégica con Turquía. Es decir, son las primeras elecciones después del giro occidental de Armenia hacia la Unión Europea y el acercamiento militar a la OTAN.
En segundo lugar, la cuestión geopolítica. Hay una escalada de tensión política con Rusia. Tras la Segunda Guerra del Karabaj (2020), Rusia desplegó tropas de paz en el territorio con el mandato oficial de proteger a la población armenia frente a las fuerzas azerbaiyanas. Sin embargo, cuando Azerbaiyán lanzó su ofensiva militar en 2023, las tropas rusas no opusieron resistencia alguna y abandonaron sus posiciones. Sin ninguna fuerza que las frenara, las fuerzas azerbaiyanas completaron la ocupación del territorio en menos de 48 horas. Este hecho provocó una ruptura entre Ereván y Moscú, y también explica el giro pragmático hacia Ankara, Bruselas y Washington DC por parte de Pashinyan.
Si Moscú no es de fiar para garantizar los compromisos adquiridos, mejor cambiar las alianzas estratégicas. Es la conclusión de Armenia. Y gracias a ello se han dado unas garantías de seguridad y de paz que han permitido que pueda haber ya un corredor económico entre Turquía y Armenia, y entre Azerbaiyán y Armenia a través de Georgia.
Rusia ha amenazado constantemente a Pashinyan con convertir Armenia en un Estado paria. Al contrario de lo que pretendía, esta actitud de Putin ha llevado a que se refuerce aún más el papel de la Unión Europea y la OTAN en el Cáucaso Sur. El desfile también ha sido una demostración de fuerza, ya que se ha exhibido armamento francés, indio, iraní y chino. También armenio. Todo adquirido después de 2022, después del acuerdo de Praga donde Armenia y Azerbaiyán reconocieron respectivamente su integridad territorial.
Lejos de la voluntad de Moscú, la diplomacia armenia ha conseguido consolidar el país como un actor clave en el Cáucaso Sur
En tercer lugar, el juego diplomático y las alianzas. El aprovisionamiento de armamento por parte de Armenia de China, India e Irán demuestra que, a pesar de su acercamiento a la Unión Europea, EEUU y la OTAN, diplomáticamente el país va más allá. Una de las constantes campañas que lanza la oposición a Pashinyan es que el distanciamiento de Moscú hace que mengue la soberanía armenia, y esto demuestra lo contrario. La aparición de armamento iraní, como también la notoria presencia del cuerpo diplomático iraní encabezado por su embajador en el desfile de Ereván, poco después del apoyo electoral de Trump a Pashinyan, demuestran que el juego diplomático armenio. Si bien se ha movido respecto Moscú, no lo ha hecho frente Irán, pues mantienen una histórica alianza estratégica ambos países.
Lejos de la voluntad de Moscú, la diplomacia armenia ha conseguido desde 2022, y más aún desde 2024, consolidar el país como un actor clave en el Cáucaso Sur. Incluso aliados estratégicos de Rusia, como son Irán y China, han cerrado acuerdos comerciales y diplomáticos con Armenia. Es una demostración de cómo la influencia rusa en la región agoniza, solo sostenida por un gobierno georgiano cada vez más debilitado.
Las encuestas sitúan a Pashinyan en cabeza por amplia mayoría, frente a una oposición fragmentada, y en parte enfrentada entre sí. Tendremos que estar atentos a las elecciones, pero, es posible que las facciones prorrusas intenten injerir en las urnas, pues hasta dentro de cinco años no se repetirán. Y de allí las constantes amenazas en cualquier movimiento que separe, aún más, Armenia de la esfera de influencia rusa. Lo que parece claro, eso sí, es que Armenia ha recuperado su orgullo y se ha puesto en pie.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.
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