La República Italiana acaba de cumplir 80 años. El domingo 2 de junio de 1946 se celebró un referéndum sobre la forma institucional del Estado. El propio rey de Italia Umberto II acordó con los aliados que se celebraría la consulta como consecuencia de la connivencia de la monarquía con el gobierno fascista de Benito Mussolini. Con un 89% de participación, el 54,3% votó por la república y el 45,7% por la monarquía. Ese mismo día se celebraron las elecciones legislativas, las primeras democráticas en más de 20 años, que se convirtieron en elecciones constituyentes por la redacción de una nueva constitución política. Fue la primera vez que votaron las mujeres en Italia.
Como vio Giorgia Meloni en el referéndum del pasado mes de marzo, la Constitución y la República de 1947 siguen más vigentes que nunca. Al contrario de lo que quería Meloni, el 53,2% votó contra la modificación de la Constitución. Más allá de la caída del sistema de partidos que existía desde 1947 en 1992 y 1993, más allá de la reformulación institucional con la incorporación a la Unión Europea, y la reforma territorial que vertebró el sistema regional actual, las instituciones italianas se mantienen sólidas. Y siguen siendo queridas, valoradas y legitimadas por los italianos, más allá de la cuestión partidista del momento.
Las celebraciones que tienen lugar estos días en Italia muestran que la cuestión institucional en el sur de Europa, muchas veces confundida con la turbulenta situación política, permanece inalterable. Es más, es un punto de estabilidad desde el principio de la posguerra, y por eso Italia ha sido un actor clave para la cohesión europea. El Tratado de Roma se considera la piedra angular sobre la que giraría después la política comunitaria, y el germen del proyecto europeo común.
Como dijo el presidente Sergio Mattarella, en su discurso al cuerpo diplomático con motivo del 80 aniversario de la República Italiana, el país está firmemente arraigado en los valores que ha defendido durante los últimos ochenta años. Se esfuerza por encontrar soluciones pacíficas y apoya la independencia de los pueblos; está comprometido con la defensa de la dignidad y los derechos del individuo; respalda con convicción la cooperación internacional: todos estos principios se encuentran actualmente amenazados. Este espíritu sitúa a Italia como un actor clave hoy en la guerra en Ucrania, en las crisis del norte de África, en la reconstrucción de Siria e Irak, en la relación con Turquía o en la proyección en Asia o África oriental.
Los italianos siguen siendo custodios del pacto de Estado que redactó la Constitución y dio forma y estabilidad a la república"
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, en un acto sobre el sufragio femenino en las elecciones constituyentes de 1946, afirmó que ochenta años pueden parecer poco tiempo comparado con la inmensidad de la historia, pero esos 80 años han forjado al pueblo italiano. "Las mujeres de esta nación han demostrado de lo que son capaces", ha señalado. Por primera vez en su historia Italia cuenta con una mujer al frente del Consejo de Ministros, un hecho que refrenda el camino emprendido hace 80 años de consolidar la igualdad electoral y política a las mujeres. Además, Meloni es uno de los principales referentes políticos para la derecha democrática europea, de la misma manera que lo fue Margaret Thatcher en su día.
La estabilidad italiana de estos 80 años ha hecho que el país sea una punta de lanza de las políticas europeas, y también haya dado en estas décadas un sinfín de figuras pioneras y avanzadas: Alcide De Gasperi, Altiero Spinelli, Carlo Sforza, Emilio Colombo, Romano Prodi, Mario Draghi, Antonio Segni, Gaetano Martino, Enrico Letta, Piero Calamandrei, Emma Bonino, Mario Monti, entre otros. Como también en el campo del constitucionalismo, el espíritu de la Constitución italiana de 1947 sirvió para redactar constituciones posteriores, como la española o la francesa. Constantino Mortati, Leopoldo Elia, Giorgio La Pira y Gaspare Ambrosini, entre sus redactores, fueron quienes forjaron el sistema parlamentario actual, que lleva ochenta años funcionando sin problemas.
Los italianos siguen siendo custodios del pacto de Estado que redactó la Constitución y dio forma y estabilidad a la república. Siempre que el gobierno de turno ha querido tocar los fundamentos de la Constitución en referéndum ha salido perdiendo. Solamente han salido adelante los que proponían una mejora general e institucional. Cinco reformas en ochenta años demuestran la vinculación entre la ciudadanía y su mito funcional. Porque sí, la milenaria Roma existe, sus ruinas están allí y sobre ellas se levantan las instituciones italianas, pero la gente demuestra que siguen atados, no a los emperadores romanos, sino a la tradición republicana.
Guillem Pursals es doctor en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.
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