ENTREVISTA CON DOS TRILLIZAS. Pedro Sánchez ha empalmado sus vacaciones de lanchita con entrevistas de lanchita, yendo de calita en calita, de selfi en selfi, de espá en espá. Si Aimar Bretos reconfortaba con susurros, como una enfermera de noche, Jesús Cintora y Esther Palomera reconfortaban como profesionales tailandeses, con las manos, con los pies y hasta con las pestañas. Si la SER abrigaba como un útero socialista, con esa cosa de cueva primigenia progresista que tiene, TVE abrigaba como un gran calefactor industrial. Si la SER es como ir a la iglesia del PSOE, TVE es como ir a la fábrica del sanchismo, todo el día haciendo sus turbinas o su cemento o sus salchichas, no ya una casa o un templo sino la casa o el templo en los que se convierte la fábrica para el jefe del conglomerado de negocios. Siempre es un placer diferente que el masaje te lo den los empleados. Me pregunto si Sánchez cenó con Cintora y Palomera antes, como Zapatero con Javier Ruiz y Sarah Santaolalla, para preparar la entrevista como un cumpleaños. Aunque eso de cenar con los empleados sólo lo hacen los jefes blandengues y Sánchez es un killer incluso con bañador de Bob Esponja.
La entrevista hay que mirarla en dos planos, con las dos cámaras, por lo menos, que debe tener toda entrevista. En la cámara de Sánchez, todavía se le podía ver con chaqueta y flotador, como la imitación que le hizo Carlos Latre en El hormiguero. En realidad las vacaciones de Sánchez no son tanto del trabajo sino de la realidad, sigue estando fuera de la realidad, abducido no ya por la Moncloa (todos los presidentes han sufrido su síndrome de castillo) sino por vocecillas de su cabeza. Todavía está Ceuta en llamas, literalmente, con coches y arena ardiendo como si aquello fuera Mad Max (esto debe de ser la “inseguridad subjetiva” de Marlaska), y Sánchez aún les dice a los ceutíes que tienen que asumir “una realidad estructural”. Y claro, con su estructuralismo lo que hacen falta son mas estructuras para acoger a los inmigrantes. Podría ser una Mareta para inmigrantes, se me ocurre. Además, “no son invasores, son personas”, cosa que limita la invasión a robots, alienígenas o mutantes. Por si los ceutíes aún no están contentos con esto, nos recordaba que es “el presidente del Gobierno que más ha ido a Ceuta”. Nos basta el milagro de su presencia, el regalo de su presencia. Todo esto es imposible que se lo digan los chicos del sotanillo de la Moncloa, tienen que ser las vocecillas de su cabeza y los espejitos en el techo de la alcoba.
En el contraplano, Cintora y Palomera parecían que sólo le daban el pie a Sánchez, como en el teatro. Eran más apuntadores que entrevistadores, porque dar el pie para que te respondan “efectivamente”, “como usted dice”, o el maravilloso “absolutamente” con el que Sánchez lo cerró todo con su llave de jefe de la fábrica, eso no es hacer una entrevista. Claro que nadie esperaba una entrevista, sólo a Sánchez repitiendo lo que le dicen sus vocecillas: “he estado al pie del cañón”, “este Gobierno nunca ha aceptado chantajes”… La verdad es que pronto resultó menos interesante el repertorio de alcoba de Sánchez que mirar y escuchar a Cintora y Palomera, que parecían un coro de Julio Iglesias. A Cintora incluso lo veíamos asentir a las palabras del presidente, una auténtica coreografía de confirmación o de sumisión, como el meleneo de aquellas trillizas argentinas. Y ya, la gloriosa última pregunta, que me permito interpretar o traducir del sanchistaní en algo así como: ¿No es mejor la cultura que el odio, y una playlist que la ultraderecha? ¿No le hubieran gustado a Robe Iniesta y a todas las almas sensibles sus recomendaciones, su política y hasta esta entrevista? ¿No nos ilumina usted incluso con tanga de leopardo? ¿No farmea aura el Puto Amo como nadie? “Absolutamente”, contestó, entendiéndolo perfectamente, el presidente.
LA ANTIENTREVISTA BUENA. La otra entrevista de la semana, antientrevista habría que decir después de la de Sánchez con mellizas argentinas o tailandesas, fue la de Cristina Pardo a Óscar Puente. El nuevo programa de Pardo, La mesa, es un poco caótico, a veces parece una terapia de grupo, a veces parece una mesa muy loca de Jesús Quintero y a veces sólo parece un autobús con la gente bajando y subiendo. Pero la entrevista a Puente sí fue una entrevista, lo que debe ser una entrevista a un político. Aunque parezca algo de Sorkin, y a lo mejor lo es (puede que me suene de algún discursito de The Newsroom), un periodista ante un político (ante todos) debe intentar extraer información o mostrar perspectivas que permitan al ciudadano tomar mejores decisiones sobre su gobierno. Esto incluye la obligación de descubrir las inconsistencias, las contradicciones, las fallas de argumento, de datos o incluso de carácter, algo que no es agresividad sino oficio. Y esto hizo Pardo ante Óscar Puente, el despiojador de Sánchez que, claro, sólo atinaba a contestar con sus tics mecánicos de despiojador. Antes de la entrevista a Sánchez, el presidente de RTVE, José Pablo López, que es un teleñeco, adelantaba en X, con recadito, que iban a hacer “algo revolucionario, entrevistar al Presidente sin insultarle y dejándole responder”. Pero no se trata de dejarlo responder, sino de que responda a lo que se le pregunte, y que, diga o calle, eso nos sirva para evaluar la realidad y su labor de gobierno. Pardo lo hizo y Puente se fue, como siempre, rascándose después de haber rascado.
ACTUALIDAD CON EL PENUMBRA. Cristina Pardo ha crecido en La mesa; se lo merecía, cree uno, que se ha llevado ella demasiado tiempo entre el infoentretenimiento, más entretenimiento que info, y un extraño azafatismo ahí al lado de ese Iñaki López que es sólo un presentador de ruleta de la suerte o así. Sí me sorprende que Pardo traiga tanto a Iván Redondo, aunque a lo mejor lo trae como Quintero al Penumbra. Iván Redondo es un personaje de Pantomima Full, un vendehúmos o un vendebragas que en realidad no tiene ni humo ni bragas que vender, sólo los pregona con estribillos de vergüenza ajena, como eso de “yo no milito en el misterio, milito en la claridad”. Redondo hace gracia en un programa que ya digo que juega con la seriedad y el caos, pero es todo lo que habría que desterrar de la política, convertida por gente como él, y los bobos que lo creen, en el marketing de un producto que ni siquiera existe. Diría que, en realidad, Redondo nunca ha conseguido ni demostrado nada. Cuando llevó a Pedro Sánchez no lo llevaba tanto él sino la inercia, y a partir de ahí su patrocinado sólo ha ido cayendo, como él mismo. Su habilidad ha sido inventarse su propio lenguaje, como el begoñés de Begoña, un lenguaje en el que él y el mundo pueden ser todo lo que quiera porque para eso se lo inventa. No analiza nada, no predice nada, no explica nada salvo su psicología de bisoñé y, eso sí, cómo funciona un negocio vacío y autorreferencial. Pero bueno, por una buena entrevista uno puede aceptar que luego venga el Penumbra a explicarte la actualidad sin explicarla.
ACTUALIDAD CON RITA BARBERÁ. Al periodista, la verdad, le encanta ser la noticia. Diría que los tertulianos de la lista de Interior estaban mayormente entre los horrorizados orgullosos y los simplemente orgullosos. Lo que creo que no puede estar nadie es sorprendido. Por supuesto que los políticos y las administraciones tienen listas y dosieres, de periodistas y hasta de cantautores o acuarelistas, y que utilizan para dar el telefonazo santo o el telefonazo mortal, y para rellenar ese evento de las fiestas o ese asiento de la tertulia que les espera a la medida o con el estilo, como una silla de fraile. Sabemos que los políticos van a hacer, sin duda, todo lo que no esté expresamente prohibido, y algunos, sobre todo si son de la casa Sánchez, que es como la casa Lannister, también lo que esté prohibido, que por algo se creen impunes e inmunes. Lo que no puede ser es que esta lista no sea fácil llevarla por lo penal, sólo por lo administrativo, y además por la cosa de protección de datos. Pero eso de que los políticos redacten leyes que les perjudiquen ya sabemos que cuesta.
El periodista, con su ego frágil y algo ridículo pero característico, como el de la folclórica, claro que quiere estar en la noticia, en las listas, en las negritas y en los saraos. No creo yo que se haya sentido realmente molesto Gonzo por la polémica sobre la entrega de Salvados dedicada a Rita Barberá. Más bien al contrario, que así el personal no sigue pensando que el programa es de Évole. En lo de Marc Giró, que me sigue pareciendo una cosa hecha como para guiris que van al casino, vino a defender Gonzo su propuesta no inactual sino atemporal, y desde luego muy periodística, como si fuera un artículo de Cuartango. ¿Pero cómo va a ser inactual una cosa en la que salen Aznar, Rajoy, Camps, y Feijóo como si fuera un bachiller, y hasta falleras, las atemporales falleras, como atemporal es la derecha? Es como si fuera inactual, y menos en estos días, un especial sobre Franco.
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