Opinión

EL GOLPE

Merendolas en las plazas y Ceuta en los tribunales

Merendolas en las plazas y Ceuta en los tribunales
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, atiende a los medios a su salida de la Audiencia Nacional en Madrid | EFE/ Daniel González

Ha resultado raro, extemporáneo, casi ajeno, ver a Vivas ante la juez, que era como verlo dentro de un cuadro de Zurbarán, rodeado de cartujos. Ya es casi raro recordar que hay leyes, Estado, orden y hasta silencio (el silencio parece la primera pista del crimen). Nos estábamos creyendo que España apenas es un conjunto de verbenas plazoleteras y garbanzadas ideológicas en las que el Estado pone iluminación de tiovivo, tómbolas de derechos y masa de churros. Que es sólo un campamento, el que montan unos y el que montan otros, incluso las ministras que salen de la Moncloa con saco, cacerola y carraca. Un campamento, con zoco o asedio, en el que las políticas nacionales las deciden las amenazas o las subastas particulares de sueños y emociones de unos centenares de mozos que se tumban bajo las farolas, como un cielo parisino, y tienden la braga sobre un rey ecuestre, y se hacen trenzas con unas pelotillas que parecen cascabeles. Como ya no vemos al Gobierno salvo para sortear el siguiente jamón, españolísimo y heráldico como un as de don Heraclio Fournier, ni vemos al Estado salvo tocando el organillo populachero, eso de que el orden, las leyes y las formas se manifiesten nos parece un minué. Pero el juez, el político declarando ante el juez, todavía nos dice que todo este campamento de España, toda esta orgía de algodón de azúcar en Sol o de mierda y miedo en Ceuta, y todo el Gobierno de barra libre, no son aún, o no del todo, el abandono del Estado.

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Casi se nos había olvidado Juan Jesús Vivas, o el personal lo confundía ya con algún otro jubilado desahuciado de su piso todo de viruta y duralex, sacado por la policía facha todavía con el alpiste y la bolsa de agua caliente en las manos. O, al contrario, quizá lo confundíamos con algún viejales entrefranquista, Gran Tenedor, que casi parece un título caballeresco, gourmet o divino (se lo imagina uno como un Poseidón de pisos, aunque sería más certero imaginárselo como Wyoming, o Javier Bardem, o Fernando de los Santos, el cuasi marquesito que ha terminado de portavoz de los parias en la acampada de Sol). Se nos habían olvidado, incluso, los ultras y los neonazis, que parece que se los han llevado los fondos buitre como si fueran polluelos calvos. Casi se nos había olvidado Ceuta, en realidad, que es de lo que se trata, y si no se nos había olvidado ya nos creíamos también que en el Trampolín están sólo tocando el pandero, haciendo macramé con los gruesos cabellos o cortando queso con grandes machetes de desbrozar junglas tropicales o troncos humanos. Pero Vivas, o sea el caso de Ceuta, ya va por los juzgados, que es donde cree uno que va a terminar todo el sanchismo, y no tanto en las plazas, donde la política parece ahora una vaquilla.

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Ante la juez Tardón, Vivas ha confirmado que “hubo diez intentos de contactar con Sánchez por la entrada masiva”, según contaba aquí este periódico. Y que sólo habló con Sánchez una vez, las otras se quedaron en el chambelán, Diego Rubio, jefe de gabinete como un confitero jefe, o se quedaron en el limbo de las comunicaciones telefónicas o burocráticas. Yo creo que si al exdelegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, que parecía un pocero, había que llevarle un sobre lacrado para que mereciera su consideración, a Sánchez, príncipe de la paz, Apolo de la democracia y patrón de los desamparados (siquiera con ocho años de santa paciencia o santo olvido), habría que hacerle llegar los avisos con carroza de pan de oro, heraldo con manga de ángel, alabarderos con bigote estilográfico y niños de San Ildefonso con sonajero. Desde la Moncloa, donde quizá no se enteran de nada por el jaleo de las plazas, el clamor popular, el guitarreo con pulseras y los ronquidos y rascamientos de la democracia real, ya han negado que eso sea así. Aseguran que Vivas sólo lo pidió una vez y el presidente, siempre solícito aunque tenga que estar pendiente de los rezos de todos los menesterosos, se le puso al teléfono. De todas formas, esto ya no importa. Primero porque, se pusiera o no se pusiera el presidente tras su teléfono de góndola o tras su cortinilla de palanquín, el caso es que tampoco hizo nada (sigue sin hacerlo). Pero, sobre todo, porque ahora se trata de la verdad judicial.

El caso de Ceuta ya va por los juzgados, que es donde cree uno que va a terminar todo el sanchismo, y no tanto en las plazas, donde la política parece ahora una vaquilla

La verdad del caso ya no está en el relato, en las portavocías, en los medios, en pedir o no pedir el lacre, o el querubín, o la correspondencia laqueada con el huevito pasado por agua también laqueado. En el sanguinolento manual de Sánchez, eso de señalar a un culpable lejano y tremebundo está justo después de la negación y antes de la total indolencia y el definitivo desentendimiento. Lo que pasa es que apenas nadie, aparte de su tropa (aún le queda tropa), ve en Vivas ese malvado que usa la desgracia electoralmente y vive de sembrar odio y división. Y es así, antes que nada, porque sólo hay que tener ojos, y luego porque, en todo caso, es imposible batir en esto al propio Sánchez. Pero ya no es algo que se dirima en la televisión, ante Trancas y Barrancas, donde Vivas parecía el jubilado con miga de pan que a lo mejor es, o en Horizonte, donde seguía pareciendo el gremlin bueno o, si acaso, el abuelo que lo compra. Ni tampoco se dirime en esas entrevistas de Sánchez que son como baños en chocolate y leche de burra. Ni siquiera en las plazas con rayuela, maría y guillotina.

Sánchez encontró en Vivas su enemigo mollar, como encontró en Maricarmen su escapatoria cobarde (es como si se escondiera bajo la mesa camilla con el gato, enroscado cada uno en una pantufla). Ahora que el BOE se personaliza con Maricarmen, casi como antes se hizo con Puigdemont (me pregunto si tendrá celos el prófugo desahuciado, que vive también entre gatos adoptados y mantitas escocesas), Vivas ya no parece ni enemigo, sólo otro anciano que se equivocó con el teléfono o con los papeles. Ha resultado raro esto de Vivas ante la juez, que es como si nos hubieran sacado para la descongelación el drama de Ceuta, que Sánchez da por congelado y se diría que mucho personal también. Esta congelación puede ser mediática y política, pero no será judicial. La Moncloa niega a Vivas pero mentir como testigo ante un tribunal no es como hacerlo ante Iker Jiménez, al que le persiguen, con razón, todos los fantasmas de los que ha vivido, un poco como a Sánchez. No van a decidir qué versión es la verdadera ni el gabinete de Sánchez, con el móvil apagado y las cortinas corridas, ni las calles tomadas por un pelotón de monologuistas o monociclistas, ni los editorialistas con dorsal y teléfono rojos. Ceuta ya está en los tribunales y pronto lo estará todo lo demás. Aunque parezca que no hay más que cacerolazos, merendolas y desmemoria, todavía hay Estado. Eso sí, yo creo que Sánchez está pensando que, llegado el caso, lo mismo también habrá acampadas que lo salven y un BOE que lo beatifique. 

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