Ayuso y Cayetana son como la fantasía con mellizas de la derecha. Una fantasía que el PP, manejado por sosos con gafa de vaho y por puritanos de rodillitas y ojos cerrados, nunca ha querido admitir. Después de la trastada de Casado, el PP recurrió a Feijóo como a un abuelo de fin de semana, con las prisas del desavío, pero la inteligencia estaba en Cayetana y la fuerza estaba en Ayuso. Era algo que sabía todo el mundo en el partido y también quería ignorar todo el mundo en el partido, quizá porque la inteligencia y la fuerza les parecían cosas jesuíticas, o sea un poco diabólicas en el fondo. Yo creo que es por esa religión de la sosería, que se diría que aquella silla de Génova, alta y tiesa como un reloj de columna, sólo la pueden alcanzar ya señores de tamponcillo, vademécum y quiniela, o niños escolapios indistinguibles e intercambiables, que algo de eso tenía Casado. Desde que Aznar derrotó sin carisma, sin voz y sin nada al primer guapo de nuestra democracia, y luego fue sustituido por Rajoy, que yo suelo decir que es como el paraguas que se dejó Aznar, el PP sólo espera que un nubarrón gris sustituya a otro nubarrón gris. La inteligencia, la fuerza y hasta la alegría se las dan Ayuso y Cayetana, pero a ellos esto quizá todavía les suena a pecado original o a pecado nada original. Al menos, hasta ahora.
Se ha presentado la lista del PP por Madrid y lo que ha pasado, claro, es que nadie ha reparado en Feijóo, como si fuera una farola, y todos se han fijado en Cayetana y Ayuso, que son como las chicas con moto en un PP de seiscientillos. Cayetana, que no es precisamente blanda, ha llamado “chica dura” a Ayuso, pero son dos tipos diferentes de dureza. Cayetana va con florete y Ayuso va con cuero y tachuelas; Cayetana te da con el canto de los libros, con esa cosa de alegoría con libro y lechuza que tiene ella, y Ayuso te da con el cántaro en la cabeza, como una molinera. Cayetana cae mal en la izquierda, no por marquesa sino por intelectual, que es peor (la izquierda ya no tiene intelectuales desde que abandonó la razón, sólo tiene ayatolás de un solo libro y una sola túnica, como si se vistieran con su propia barba). Claro que Cayetana también cae mal en cierta derecha justo por lo mismo, por intelectual. Es muy joseantoniano ese desprecio de la racionalidad ante la emoción, el instinto y la fe, y por eso los así llamados intelectuales falangistas, del primer franquismo, eran más poetas y místicos que pensadores. Justo como les pasa a algunos políticos todavía.
Ayuso también cae mal en la izquierda, pero porque les gana a todo, en las urnas y en la pesca del patito en la verbena, porque les da caña de morena y de rubia de esa misma verbena, y porque, además, se ha cargado ya a media izquierda un poco también así, con la escopeta o el pimpampún de la feria (Ayuso es un poco abusona de feria, como el abusón grandón de los autos de choque). Digo media izquierda, empezando por Pablo Iglesias, icono desbravado de coleta, porque la otra media ya se la cargan ellos solos, sin que Ayuso tenga que hacer nada, salvo abanicarse con la bandera y pisar algún capote para hacer el consiguiente relicario. Eso sí, Ayuso tampoco cae bien en cierta derecha, que prefiere los modos “suaves y misales”, que decía Umbral, o algo parecido le recuerdo. Claro que Umbral se refería al tardofranquismo y ahora esos modos suaves o sólo sudorosos son más de Moreno Bonilla, un poner. A la vez, estoy seguro de que Sánchez preferiría enfrentarse a Ayuso, con toda su iconografía de bruja o dominatrix, que al soso Feijóo, con su pobre iconografía de filatélico que perdió las gafas en el tresillo.
La inteligencia, la fuerza y hasta la alegría se las dan Ayuso y Cayetana, pero a ellos esto quizá todavía les suena a pecado original o a pecado nada original
Con Cayetana y Ayuso tenemos, pues, la derecha que no gusta a la izquierda ni a la misma derecha, y la derecha que le gusta a la izquierda y también a la derecha. A lo mejor a eso se refiere Aznar cuando recuerda o invoca “el gran PP”, o sea una cosa que gustaba y disgustaba a la vez a casi todos, pero que ganaba, oigan. Sin carisma y sin musa, sin intelectual latinista y sin novia cañera y cheli, pero ganaba. Ayuso y Cayetana pueden ser esa fantasía de la derecha y esa pesadilla de la izquierda, como también son esa fantasía de la izquierda y esa pesadilla de la derecha. Uno diría que no se puede tener todo, o a lo mejor sí. Se puede tener al soso para hacer de soso, y despistar poniéndose y quitándose las gafas de los ojos o de la frente. Se puede tener a la intelectual para hacer de intelectual, volviendo a meter ideas y hasta fórmulas, buscando de nuevo la racionalidad en la política tras esta era sentimental, poética y por tanto un poco falangista, como decíamos antes, del sanchismo. Y se puede tener a la chica dura, aun más dura cuando masca chicle, aún más dura cuando se pone gafas, como una maestra de regletazo; tan dura que se derrite el mismo Milei como un terminator con brazo de motosierra; se puede tener a la chica dura, sobre todo a la chica dura, para hacer precisamente de dura ante tanto macarra ventajista.
A lo mejor es eso, que se puede tener al soso, a la intelectual y a la fustigadora. Se puede tener hasta a Moreno Bonilla, que es tibio, triste y quizá fundamental, como esa tercera España que siempre pierde. Y a Borja Sémper, que a mí me parece un centrista más puro, sin tanto amaneramiento ni mantequillera (el centro no son modales, ni tibieza; diría que exige aún más tenacidad y compromiso que el buenismo y que los extremos, a los que es muy fácil arrojarse). El único que no me cuadra, en ningún lado, es Bendodo, que en realidad no sé qué hace en el PP, ni en el mundo. A lo mejor el PP ya no considera diabólicas la fuerza ni la inteligencia y está haciendo su equipo con sosos, estrellones, macarrillas, racionalistas, moderaditos, reales hembras y otras fantasías de las derechas o las izquierdas. Quizá sea la mejor manera de ir desmontando el populismo de Sánchez y el siguiente populismo que les toca desmontar, o sea el de Vox. O no, qué sabe uno. Además, en Génova hay cosas de las que no se habla, como de los fantasmas del edificio, por si se lo tragan a uno las cortinas de la última planta, como ya le ha pasado a alguno. Hay cosas de las que no se habla, como cuando llegó Feijóo, igual que un abuelo con caramelo de café con leche, ni bueno ni malo o las dos cosas, a un partido en el que la inteligencia era Cayetana y la marcha era Ayuso. Y, claro, nadie se atrevía a decir que Feijóo no pegaba arrimado a lo uno ni a lo otro, a la una ni a la otra.
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