Un pastor metodista rompe 94 años de derrotas demócratas en Kansas y recupera una vieja pregunta de Thomas Frank: ¿qué está cambiando en la política estadounidense?
En 1932, Franklin D. Roosevelt ganó las elecciones presidenciales estadounidenses y los demócratas consiguieron un escaño en el Senado por Kansas. Desde entonces, ningún demócrata había vuelto a lograrlo. Hasta este martes 3 de noviembre, cuando Adam Hamilton derrotó al senador republicano Roger Marshall en un estado donde Donald Trump había ganado por más de 16 puntos apenas hace dos años.
Lo interesante de Adam Hamilton es que no es lo que podríamos llamar un "político profesional". Tiene 62 años, es pastor metodista y fundador de la Church of the Resurrection, la mayor congregación de la Iglesia Metodista Unida de Estados Unidos. Cuenta con unos 25.000 fieles en el área metropolitana de Kansas City. También ha escrito más de treinta libros, principalmente sobre religión.
En alguno de ellos, al igual que durante su campaña, también explicó su historia vital. Sus padres abandonaron el instituto cuando él nació (su padre tenía 17 años y su madre 18). Tras su posterior divorcio, su madre tuvo que sacar adelante a tres hijos y la familia llegó a declararse en bancarrota. Vivían en granjas abandonadas. Hamilton se casó con LaVon, su novia del instituto, solo una semana después de graduarse. Durante sus primeros ocho años de matrimonio vivieron prácticamente al día.
Esas dificultades, según Hamilton, le permitían entender los problemas cotidianos de muchas familias de Kansas. Ha sido la razón de presentarse a estas elecciones de medio mandato. Además, para demostrarlo recorrió el estado reuniéndose con vecinos en bibliotecas, parques y centros comunitarios para escuchar sus preocupaciones que, en muchos casos, se parecían a las que tuvo su familia. Es lo que en comunicación política se llama una campaña retail.
El giro republicano de Kansas
Es curioso que en comunicación política uno de los libros más valorados (y que recomiendo) es ¿Qué pasa con Kansas?, de Thomas Frank, escrito en 2004. Frank intentaba explicar una paradoja: ¿por qué tantos trabajadores y agricultores de Kansas, que había sido cuna de luchas agrarias, durante tantos años votaban republicano, incluso cuando las políticas económicas rurales de ese partido parecían perjudicarles?
Su respuesta era que los conservadores habían conseguido que para los habitantes del estado fueran más importantes asuntos como el aborto y la defensa de los valores tradicionales frente a otros problemas de índole económica como los salarios o la desigualdad. Con esa conclusión, Frank se avanzó a la ola de guerra cultural que tanto ha triunfado en el mundo a partir sobre todo de la era Trump. Las emociones por encima de las preocupaciones de, como siempre explica Gutiérrez-Rubí, el metro cuadrado de la gente. Eso sí, al mismo tiempo, Frank también criticaba fuertemente a los demócratas por haber dejado de dirigirse progresivamente a esa ciudadanía rural y haberse acercado solo a las élites profesionales y urbanas. Hizo sentir abandonados a sus antiguos votantes.
La victoria de Hamilton no significa que Kansas haya dejado de ser conservador, pero sí demuestra que las identidades políticas no son inamovibles"
Veintidós años después del libro, y 94 después del último senador demócrata, la victoria de Adam Hamilton permite recuperar aquella pregunta de Frank, pero también plantear otra, y no solo para Kansas, sino para todo Estados Unidos: ¿y si algunos de esos votantes que durante décadas habían priorizado las cuestiones culturales estuvieran empezando a dar más importancia a sus problemas cotidianos? Hamilton no ha renunciado a hablar de religión ni de valores, pero ha centrado buena parte de su campaña en el coste de la vida, la sanidad, los precios de la gasolina o las consecuencias económicas de los aranceles de Trump. También criticó la guerra con Irán por su impacto sobre el precio de los combustibles.
Por supuesto, esta victoria no significa que Kansas haya dejado de ser conservador, ni que las guerras culturales hayan perdido su capacidad de movilización, ni en el estado ni en todo el país. Pero sí demuestra que las identidades políticas no son necesariamente inamovibles. Incluso en territorios donde un partido parece condenado a perder, puede haber espacio para conectar con quienes hace tiempo dejaron de escucharlo. Y sí, por supuesto que el contexto ayuda, con una campaña de su adversario republicano llamándole woke y mal cristiano y, especialmente, con la alargada sombra de Trump.
El cambio político no está garantizado
Porque la victoria de Hamilton no es un caso aislado. Las elecciones del 3 de noviembre han supuesto un auténtico tsunami demócrata, que ha permitido al partido recuperar tanto la Cámara de Representantes como el Senado. Ahora bien, relax para quienes auguran un antes y un después. En 2018, durante las primeras elecciones de mitad de mandato de Trump también se habló de una blue wave. Esa ola azul que permitió a los demócratas recuperar la Cámara de Representantes, con 40 escaños más, aunque los republicanos ampliaron su mayoría en el Senado. Sin embargo, Trump estuvo cerca de conseguir la reelección en 2020 y volvió a la Casa Blanca en 2024. Una gran derrota en unas midterms no implica necesariamente un cambio político duradero.
De hecho, que la oposición gane terreno en unas elecciones de mitad de mandato es lo normal en Estados Unidos. Desde 1862, el partido del presidente ha perdido escaños en la Cámara de Representantes en 38 de las 42 midterms celebradas, incluyendo la última. En los últimos 25 años solo ha habido una excepción, en 2002, durante la presidencia de George W. Bush (y poco después del 11-S). El desgaste del presidente, la preocupación por la economía y el rechazo a algunas de sus decisiones suelen traducirse en un voto de castigo. Lo verdaderamente excepcional de 2026 no es, por tanto, que Trump haya sufrido ese castigo, sino su magnitud (eso sí) y algunas victorias demócratas históricas en estados como Kansas, Carolina del Sur o, especialmente, Texas, donde también ha ganado un seminarista presbiteriano.
Kansas puede mostrar un camino para el futuro de los demócratas, con candidatos que hablen de valores, pero también de los problemas cotidianos de la gente"
¿Y qué pasa ahora con Kansas? Pues, por un lado, que puede mostrar un camino para el futuro de los demócratas, con candidatos que hablen de valores, pero todavía más de los problemas cotidianos de la gente. Por otro, que puede abrir también una nueva etapa para los republicanos: la derrota de Trump (porque es una derrota suya, aunque él diga que no aparecía en las papeletas y que la culpa es de los malos candidatos) puede acelerar la carrera hacia las presidenciales de 2028. Y la lealtad absoluta a Trump quizá ya no parezca una estrategia tan rentable para algunos republicanos. Si no, que se lo digan a Roger Marshall, el candidato republicano derrotado en Kansas.
Quizá sea demasiado pronto para saber qué cambiará en la política estadounidense después de estas elecciones. Pero, 22 años después de la publicación del libro de Thomas Frank, Kansas vuelve a ser un buen lugar desde el que intentar entenderlo.
Xavier Peytibi es consultor de comunicación política. Doctor en Ciencia Política y autor de El método Trump. La fórmula de la comunicación populista. Aquí puede leer todos sus artículos publicados en www.elindependiente.com.
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