Es el acorde más famoso de los Beatles. Posiblemente, el acorde más popular del pop. Un puñado de notas rasgadas en la Rickenbacker de 12 cuerdas de George Harrison. A Hard Day’s Night fue escrita en apenas unas horas. Ejecutada y grabada casi de inmediato, su arranque ha sido mil veces imitado sin éxito. Más de 40 años después, la ciencia no termina de ponerse de acuerdo para explicar por qué ese acorde es inimitable.

Por más que se intente, el acorde inicial de la canción es irreproducible incluso con la misma guitarra

Está bien documentado el origen de la canción de 1964 que al poco se convertiría en película. A Hard Day’s Night se explica en decenas de canales de YouTube para aficionados a la guitarra. En los últimos años sido analizada por varios equipos de matemáticos y físicos de la acústica con diferentes conclusiones.

El guitarrista canadiense Randy Bachman fue “a Londres a ver a Giles Martin, el hijo de George. Martin es el custodio de las grabaciones originales de los Beatles en Abbey Road Studios. Un archivo, desde luego, masivo”, señanaba en una entrevista para la radio CBC de Canadá.

“Tuve la suerte de poder acceder a todas las grabaciones que quisiera”, continúa, así que me dirigí a las de A Hard Day’s Night. En aquel tiempo se usaban estudios de cuatro pistas”.

Allí pudo ver que, en efecto, hasta ahora los beatlelólogos se habían fijado sobre todo en dos cualidades del sonido: la intensidad y el tono. Dicho matemáticamente, la amplitud de onda y la longitud de onda. Sin embargo, hay otra propiedad clave del sonido: el timbre. El timbre deforma la onda básica dándole la cualidad que nos permite reconocer, por ejemplo, el tipo de instrumento que la ejecuta.

Jason Brown, del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Dalhousie aplicó lo que se llama la transformación de Fourier. Consiste en tomar la representación de la onda de un sonido y, como si de un fantasma se tratase, ver su espectro.

Lo que representa, además del alma de una canción, es cuánta cantidad de cada nota musical hay a cada momento concreto. Es como aislar los tonos, hacer una radiografía a la canción.

George Martin junto a los Beatles

George Martin junto a los Beatles Capitol

Ahí descubrió que algunos patrones revelaban un instrumento más: ¡un piano! Aguien (con total seguridad George Martin) había metido un acorde extra al piano. Éste se sumaría a las guitarras de Harrison y Lenon.

En 2012, otro científico, en este caso de la Universidad de Leeds, publicó que la respuesta al misterio estaba en el pulgar de George Harrison.

Kevin Houston, también matemático, descompuso igualmente el acorde en todas sus frecuencias con la ayuda de un avanzado software. Él añadió imágenes de conciertos. Se fijó en que Harrison está tocando un acorde fadd9 pero tiene el pulgar curvado en torno al cuello de la guitarra. Ahí, presiona la cuerda Mi bajo en el primer traste.

Houston no discute que haya también un piano, eso sí, aunque su teoría es más simple y también cuadra con el sonido original.

¿Alguien tiene la respuesta definitiva? Evidentemente, George Martin, que debió de llevarse la solución al enigma a la tumba. Las declaraciones de Harrison, Lenon y McArtney, como estos estudios científicos, todavía son objeto de controversia en los foros especializados de guitarristas.