La guerra ha estallado en el PSOE  y ya no les es posible a los contendientes seguir manteniéndola bajo el manto de esas apelaciones a la reflexión a la que se abonaron no hace tanto los barones críticos con la deriva de su secretario general. Es más, es que ahora necesitan que esa guerra salga a plena luz porque quieren, unos y otros, intentar que el adversario se arrugue y retroceda atemorizado ante la amenaza que le pueda suponer la exhibición de los colmillos que, como un perro de pelea, muestre su contendiente en su expresión más feroz.

Ese y no otro es el sentido de estas informaciones «no oficiales» que surgen desde la dirección del PSOE y que sus miembros se niegan a confirmar pero eluden desmentir. Y esas informaciones lo que dicen es que Pedro Sánchez se dispone a convocar unas primarias dentro de un mes. Lo que pretende enseñando los dientes es que Susana Díaz vea amenazado su plan de hacer saltar limpiamente de la secretaría general a Sánchez porque todos saben que la presidenta andaluza le tiene miedo a la idea de confrontar su candidatura con la del hoy máximo dirigente socialista ante los militantes. Y tiene motivos para temer ese pugilato, del que puede salir seriamente dañada.

Ella a su vez está llamando a todos los que tienen poder político y representación orgánica dentro del partido para que sumen sus voces e impidan de un solo golpe en el Comité Federal del día 1 de octubre que el secretario general consume su propósito de llegar al poder por la vía que sea, que a día de hoy sólo puede ser con un acuerdo con Podemos -lo que sumaría 156 escaños- al que tendría que incorporarse necesariamente ERC, con sus 9 diputados, los ochos escaños de la antigua Convergència y el imprescindible PNV con sus cinco diputados.

Este es el único posible gobierno que permitiría a Pedro Sánchez alzarse con la presidencia porque está ya claro que Ciudadanos no se va a subir en el mismo carro que Podemos ni para formar gobierno ni para facilitar una investidura que lo haga posible en estos términos.

Los críticos de Sánchez tienen que elevar sus razonamientos por encima de la simpleza binaria «Rajoy o el cambio»

Ese es precisamente el que Alfredo Pérez Rubalcaba llamó «el gobierno Frankenstein» y el que espanta a muy buena parte de los barones, aunque probablemente no moleste demasiado a una militancia radicalizada cuyo primer objetivo es impedir que gobierne el PP. A esa militancia es a la que Pedro Sánchez está dispuesto a recurrir, primero para fortalecerse en su  puesto y, segundo, para iniciar la huida hacia adelante que le acabe llevando a La Moncloa. Por eso no es descartable que a la altura del 1 de octubre el secretario general ponga sobre el tapete un acuerdo de este tenor para retar a sus adversarios a asumir la negativa a que el PSOE alcance el poder porque prefieran, y ahí está el reto más duro tras el que se va a parapetar Sánchez, que su partido ceda el paso y facilite con su abstención la investidura de Mariano Rajoy.

En ese Comité Federal los críticos de Sánchez van a tener que afinar mucho sus argumentos y van a tener que elevar sus razonamientos muy por encima del planteamiento simple y binario que emplea sistemáticamente la actual dirección del PSOE : o Rajoy o el cambio, es decir, yo.

No existe en este momento una reflexión sosegada sobre las consecuencias que sobre el país y sobre el propio Partido Socialista tendría un gobierno trenzado con esos mimbres tan dispares y con algunos de sus objetivos tan dañinos para España. Si en el Comité Federal, quienes se oponen a una salida como la que acaricia su secretario, no son capaces de desmontar la urdimbre destructora que sustenta ese proyecto, no es descartable que España termine asomándose al precipicio al que le abocaría un gobierno de esas características.

Aquí  se está jugando, aunque alguno de los contendientes no se haya ni fijado, algo infinitamente más trascendente que el simple detalle de quién va a liderar finalmente el Partido Socialista Obrero Español.