Con una energía inagotable, el ex presidente Álvaro Uribe está recorriendo el país a un ritmo desenfrenado para explicar sus críticas a los Acuerdos de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que promueve y apoya el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, quien fuera uno de sus ministros de Defensa. Álvaro Uribe Vélez (Medellín, 1954), hijo del terrateniente antioqueño Álvaro Uribe Sierra, cuyo asesinato se atribuye a las FARC, rigió los destinos de Colombia entre 2002 y 2010. Ahora lidera Centro Democrático, un movimiento político centrado en su figura. Su popularidad se confirmó en las urnas en 2014, cuando fue el senador más votado con más de dos millones de apoyos. Para sus detractores, Uribe, que ha contestado a las preguntas de El Independiente por correo electrónico desde Neiva (Huila), es un auténtico halcón, contrario a cualquier concesión a las guerrillas, a las que acusa de querer convertir Colombia en otra Venezuela. Según los últimos sondeos, el sí ganará en el referéndum del 2 de octubre con un 54% de los votos, aunque cae ocho puntos desde agosto, frente al 34% que votará no, que aumenta seis puntos.

Pregunta.- Colombia vive unas jornadas muy importantes que definirán su futuro. Mañana se firman oficialmente los Acuerdos de Paz en Cartagena de Indias. El día 2 de octubre los colombianos votan en referéndum sobre estos pactos. Usted está haciendo campaña por el no. ¿Por qué defiende que los colombianos voten no?

Respuesta.- Primero, un saludo a todos los colaboradores y nuevos lectores de El Independiente, un medio digital que se perfila como fuente de un periodismo que generará opinión, con independencia y capacidad analítica. Nosotros, los que queremos votar no, también queremos la paz, tanto como la quieren quienes promueven el sí, pero pensamos que este acuerdo no favorece a la democracia, sino que le entrega Colombia a las FARC, en un escenario de total impunidad. Vemos con preocupación que la falta de justicia, de pena adecuada, de pedir perdón, de arrepentimiento, no genera ese sentimiento de reconciliación que se busca, al contrario, esas faltas y esos vacíos generan una tendencia más al rencor y a la venganza, que al perdón. De ganar el no, hemos insistido en que los diálogos deben continuar y ser reorientados, sin que ello signifique regresar a la guerra, porque garantizar la seguridad, entendida como un valor democrático y una fuente de recursos, no es una acción de guerra. El Gobierno y las FARC tendrían que hacer evidente su voluntad política.

P.- Presidente, usted goza de un gran apoyo popular, mucho mayor que otros ex mandatarios de su país. Contribuyó a debilitar a las FARC durante su mandato, es decir, ha participado en el proceso que ha llevado hasta aquí. ¿Por qué no formar parte de la solución, es decir, por qué no intentar desde dentro una paz más justa, si fuera posible?

R.- Nadie está rechazando la paz sino esta manera de hacer la paz que es una manera de estimular más violencia.Lo que pasa es que estamos ante el caso de un Gobierno que cimenta la tolerancia en la indulgencia con el narcoterrorismo. Se confunde la paz con la ausencia de cárcel a los cabecillas del mayor cartel de cocaína del mundo, responsable de miles de secuestros, de reclutamiento, violación y asesinato de niños, y de toda clase de atrocidades. Cuando el delito no ha tenido elegibilidad política en Colombia, las FARC son premiadas con la excepción. Su mérito consiste en haber coaccionado, secuestrado y asesinado a funcionarios públicos de elección popular. Y el terrorismo y el Gobierno se lanzan en una histeria engañosa de paz semejante a los viejos zorros del comunismo que hacían de la paz la escala final para implantar la tiranía. A quienes disentimos en defensa de las libertades, como en mi caso, simplemente nos señalan de enemigos de la paz. A lo largo de este proceso nosotros hemos expresado nuestras preocupaciones, siempre con argumentos, pero nada de lo que hemos dicho ha tenido recibo en el Gobierno.

Estamos ante un Gobierno que cimenta la tolerancia en la indulgencia con el narcoterrorismo

P.- Usted mantiene que la impunidad de los líderes de las FARC es inaceptable. Otros acuerdos internacionales de paz han dado luz verde incluso a procesos de amnistía. ¿Cómo explica ese no a mandatarios internacionales que sí han respaldado acuerdos en sus países con grupos terroristas? Irlanda del Norte es uno de los casos más recientes.

R.- La impunidad consagrada en este acuerdo será la madre de nuevas violencias y de menos soluciones sociales en Colombia. Es importante reflexionar en lo siguiente: países como España, Francia, Bélgica o Estados Unidos no aceptarían impunidad para el terrorismo, ¿por qué hay que aceptar impunidad para el terrorismo en Colombia? Las FARC son el mayor cartel de cocaína del mundo y el Gobierno ha aceptado que el delito del narcotráfico sea conexo con el político, por lo tanto, no los van a encarcelar, no los van a extraditar, pero sí les van a dar elegibilidad política. Nosotros no pedimos cárcel para el guerrillero base, pero sí para los cabecillas responsables de toda clase de delitos de lesa humanidad, de masacres, de secuestros, de reclutamiento, violación y asesinato de niños. Si no son llevados a la cárcel, así sea para penas menos extensas que las ordinarias, no se va a disuadir el crimen.

Países como España, Francia, Bélgica o Estados Unidos no aceptarían inmunidad para el terrorismo

P.- ¿Hay algún proceso de paz en algún otro país que usted considere un modelo para Colombia?

R.- No podría referirme a uno en especial.

P.- Bildu ha llamado la atención al jefe del Gobierno de España, Mariano Rajoy, porque apoya el proceso de paz en Colombia mientras que respalda sus tesis, presidente Uribe, con respecto a ETA. ¿Qué tiene que decir usted sobre la posición de Rajoy?

R.– Es una pregunta que tendrían que hacerle al presidente Rajoy. No es raro que un gobierno diga que apoya el diálogo y la paz. Eso no es lo grave, sino apoyar la impunidad total que se le está otorgando a las FARC en este acuerdo. ¿Por qué quiere que Colombia se arrodille ante los terroristas de las FARC, si nunca le habría dado esta impunidad a ETA?

P.- Durante su mandato logró la desmovilización de miles de paramilitares, pero pocos pagaron sus penas con la cárcel. No era justo, como ahora tampoco lo es, pero es un precio que pagar por algo que puede beneficiar a muchos. ¿Por qué en el caso de los paramilitares lo aceptó como una salida al conflicto y ahora con las FARC no lo ve así?

R.- Nosotros desmontamos el paramilitarismo. Mediante la Ley de Justicia, Paz y Reparación, que fue la primera ley en Colombia que puso por encima de todo a las víctimas, se sometieron 35.000 paramilitares y 18.000 guerrilleros en términos iguales. Lo que se concedió fue un sometimiento atípico a la justicia, una reducción de sentencia, no se negoció la agenda nacional, no se les dio elegibilidad política, no se le dio impunidad al narcotráfico, nosotros no negociamos ninguno de los sectores de la economía ni variamos la Constitución. Primero, yo ordené que pusieran a los cabecillas en la cárcel de La Ceja, después fui informado de un intento de fuga, ordené como presidente que los trasladaran a la cárcel de Itagüí. Allí siguieron asesinando, iban a acabar con el país, entonces levanté la suspensión de las órdenes de extradición y fueron extraditados. Antes de consumar esa extradición, Estados Unidos aceptó -y lo hizo público- que el Estado colombiano tendría pleno acceso a las cárceles de Estados Unidos. Quedaba desvirtuada la idea de que se extraditaban para que no dijeran la verdad. Incluso, eso permitió que aun quienes la víspera se habían declarado como los más furiosos enemigos de los paramilitares, cuando éstos llegaron a la cárcel de Estados Unidos empezaron a visitarlos, a volverse amigos de ellos a ver si ellos declaraban en mi contra.

 Ahí hay una diferencia, del día a la noche, entre lo que ocurrió en esa época y lo que se propone hoy.

P.- ¿Es posible que haya otro camino para la paz en Colombia? ¿Cuál es la alternativa a estos Acuerdos de Paz? ¿No ve riesgo de vuelta atrás, de más violencia?

R.- Todos los colombianos queremos la paz, pero una paz sin riesgo para la democracia, sin impunidad total, sin una justicia a la medida del terrorismo. Una paz que recupere el camino de la seguridad y que dé garantías para que la nación pueda dedicarse a trabajar, a producir, a generar empleo de calidad y a superar tantas dificultades.

¿Por qué quiere Rajoy que Colombia se arrodille ante las FARC si nunca le habría dado esta impunidad a ETA?

P.- En procesos tan complejos como el que se ha vivido en Colombia la paz tiene un precio. ¿Cuál es el precio que usted pagaría por la paz en su país? ¿Qué haría usted ahora si fuera presidente?

R.- Lo que he venido haciendo a lo largo de mi vida pública: ser un combatiente por la democracia.

P.-  ¿Usted desconfía del presidente Santos, que fue su ministro de Defensa cuando su Gobierno logró reducir el poder de las FARC, en este proceso? ¿Por qué?

R.- Tuve cinco ministros de Defensa, él fue ministro un tiempo, y siempre estuve atento a orientar la política de seguridad directamente como presidente. Tomé las decisiones y asumí las responsabilidades en casos delicados. Para responder, prefiero recurrir a aquel poeta que decía que «detrás de la vanidosa ambición hay la posibilidad de un gran payaso».

P.- La falta de estructuras estatales sólidas en gran parte de Colombia está en la raíz del conflicto que sufre el país desde hace décadas. ¿Cómo se puede hacer más Estado si el país tuviera que seguir dedicando tantos recursos como ahora a combatir a las guerrillas? ¿No es más razonable probar otras vías y dedicar esos recursos a crear Estado?

R.- En Colombia no hemos tenido una insurgencia civil contra una dictadura militar, sino una democracia respetable que ha sabido corregir sus defectos, sin claudicar ante el terrorismo. Negociar con terroristas sí, cuando suspendan las actividades terroristas, y ¿qué hacer con ellos? Justicia; hay que dar beneficios, pero no impunidad total.

P.- Presidente Uribe, usted ve riesgo de que la entrada de las FARC en política acerquen a Colombia a realidades como la venezolana. ¿No cree que tienen más fuerza unas FARC con armas que unas FARC desarmadas y sometidas al escrutinio de los ciudadanos en las urnas?

R.- Primero, nosotros no nos oponemos a que tengan curules (escaños), nuestra preocupación es que las tengan en cabeza de personas incursas en delitos de lesa humanidad. Puede haber otra preocupación sobre el número de curules, porque si se suman las 10 que tienen fijas más las otras que podrían obtener, que son 16, porque en esas zonas donde se crearán circunscripciones especiales tienen gran influencia. Yo pregunto: ¿Por qué 26? ¿Por qué tantas? Entonces alguien dice: “No, es que las 26 curules, apoyar el partido político a las FARC, -que nosotros nunca le apoyamos partido político a los paramilitares-, eso es muy poquito, nadie los va a elegir”.  ¡Cuidado! En El Salvador, se demoraron para elegirlos, pero cuando llegaron desde hace siete años han paralizado la economía. Miren la situación de desconfianza de inversión que hay allí.

Y el otro tema es las prebendas que le dan al partido de las FARC. Es muy cuestionable un grupo político de terroristas. Mi pregunta es: ¿Por qué van a tener 32 emisoras? ¿Por qué van a tener hasta el 2022 el 15 % del fondo de los partidos, y entre 2022 y 2026 el 10 %, y en adelante un aporte que puede ser del 5 % para los temas de la difusión de sus tesis? Algunos colombianos me han dicho: “Es que hemos tenido una democracia restringida”. Yo no comparto eso; aun en el Frente Nacional, que fue transitorio, todas las expresiones de la política tuvieron presencia. Una de las grandes preocupaciones es que así se derrote a las FARC electoralmente, los gobiernos quedarán amarrados a la agenda de ese grupo, que el Gobierno quiere subir a la Constitución, a partir del sí.

P.- ¿Cree exportable el modelo chavista a Colombia, o a España incluso con Podemos, cuando en este momento, con Maduro al frente, es un modelo en horas bajas?

R.- Nuestra preocupación es con la agenda del socialismo del siglo XXI de Venezuela, que es la agenda de las FARC y que infortunadamente está en cuerpo presente en los acuerdos de La Habana. Las FARC empezaron en el marxismo leninismo y terminaron en el castrochavismo. Pero en ella ha predominado un mercenarismo narcoterrorista y este Gobierno pone la democracia colombiana como si hubiese sido una de esas dictaduras de América Latina y la pone de igual a igual con el terrorismo. Someten a las Fuerzas Armadas a un tribunal de justicia transicional. Las FARC participarán con el Gobierno definiendo los requisitos y las organizaciones que proveerán esos jueces. Y eso va a llevar a que muchos militares y civiles, para no ir a la cárcel, tengan que aceptar un delito no cometido, lo cual hará un gran daño al futuro de Colombia, a la historia del país y a la confianza en las instituciones. El Gobierno convierte a las FARC en interlocutor frente a la política de narcotráfico y frente al tema agropecuario. Esto es lo que, poco a poco, nos va llevando por un camino muy parecido a la tiranía chavista venezolana.

Nosotros no queremos este camino para Colombia ni para España. Afortunadamente, ustedes tienen una democracia con más capacidad de resistir y una muralla de defensa de la democracia que es la Unión Europea.

La agenda del socialismo del siglo XXI de Venezuela es la agenda de las FARC

P.- Cree que el Papa, de origen argentino, debería desempeñar un papel más activo en América Latina, en procesos como el venezolano, o en el que vive Colombia.

R.- Por respeto, jamás he opinado sobre los sumos pontífices.

P.-  Si gana el no en el referéndum del 2 de octubre, ¿no será más fácil para las FARC seguir con la guerra? ¿No es mejor un acuerdo imperfecto a que no haya acuerdo?

R.- Reitero, es un tema de voluntad de política. Si gana el no, nosotros pedimos que no se rompa la mesa, que no se rompa el diálogo, sino que se reoriente, aun cuando dicen que esto es una falsa expectativa. No lo es, explico por qué; la Constitución le da la facultad al presidente de negociar y la Corte Constitucional ha dicho claramente que si gana el no, el Gobierno no pierde la facultad de seguir dialogando, porque la norma que le da al Gobierno esa facultad aquí no está en juego. Entonces, el Gobierno ha dicho que no se puede, nosotros creemos que sí se puede, además las FARC misma ha dicho que no están interesados en regresar a la guerra. Una cosa es que el Gobierno no tenga la facultad para hacerlo, que la tiene, y otra que no quiera.

Si gana el ‘no’ pedimos que no se roma la mesa, que no se rompa el diálogo

P.- Y si gana el sí, ¿qué hará usted?

R.- Si gana el , eso inmediatamente activa el acto legislativo que le permite al presidente de la República incorporar a la legislación colombiana, por decreto, todo lo que esté en los acuerdos que sea materia de ley ordinaria, lo que hemos llamado nosotros una facultad exorbitante, sin límites materiales y por eso tenemos ese acto legislativo demandado ante la Corte Constitucional. Enseguida, lo que sea materia de reforma constitucional y subir a la Constitución todos los acuerdos, lo hacen por un procedimiento expedito de reforma constitucional, que incorporaron mediante acto legislativo para este caso, que nosotros también lo tenemos demandado ante la Corte Constitucional porque consideramos que sustituye la Constitución, y que impide que quienes estamos en desacuerdo tengamos opciones de negar una sola de las proposiciones que lleva el Gobierno al Congreso de la República.

En ese proceso, ¿qué haremos nosotros? Seguir con nuestros argumentos en el Congreso, donde somos minoría, y avanzar por los únicos tres caminos que tenemos: seguir hablando con el pueblo colombiano respetuosamente, marchar por las calles de Colombia y preparar un buen gobierno para 2018.

Si gana el ‘sí’, hablaremos con el pueblo, marcharemos por las calles y prepararemos un buen gobierno para 2018

P.- Si me permite, termino con una pregunta que planteaba el escritor Héctor Abad Faciolince a su cuñado, víctima de las FARC y que votará no en el referéndum: ¿No es mejor un país donde tus mismos secuestradores estén libres haciendo política, en vez de un país en que esos mismos tipos estén cerca de tu finca, amenazando a tus hijos, mis sobrinos, y a los hijos de tus hijos, a tus nietos?

 R.- Es mejor un país donde se defienda la democracia con coraje. Es lo único que da buenos frutos en el largo plazo.