Pedro Sánchez confía en un milagro. Superar a las Mareas en Galicia y lograr 10 escaños en el País Vasco. Es decir, controlar la Xunta en coalición con los socios de Podemos, descabalgando a Feijóo; y que el PSE le dé la mayoría al PNV para que Urkullu pueda seguir al frente de la Lehendakaritza.

Todo hombre tiene derecho a aspirar a lo más alto, a cumplir su sueño. El líder del PSOE se aferra a esa posibilidad por remota que parezca. «El futuro no está escrito», les gritó a los suyos en un mitin en Galicia, como un Lawence de Arabia redivivo.

Si lo logra, estará salvado. ¿Quién se atrevería a negarle la legitimidad si consigue en una sola jornada sumar dos autonomías a las siete donde ya gobierna el PSOE en solitario o en coalición? Por eso, aunque parezca temerario, hoy habrá muchos dirigentes socialistas, los que quieren echarle, que esperan y desean unos resultados desastrosos para su partido.

Se quejan en Ferraz, con razón, de la falta de solidaridad de sus compañeros. «El día de la fiesta mayor de la corrupción del PP», señala una fuente cercana al secretario general, «con los escándalos de Matas, Barberá y la comparecencia de Guindos por el caso Soria en el Congreso, Susana Díaz montó su particular ofensiva, a la que se sumaron personajes como Rubalcaba, contra el aparato del partido, basada en una supuesta guerra sucia contra Fernández Vara«. La misma fuente se pregunta: «¿Perdonarán las bases esta iniquidad?».

Pedro Sánchez

El ruido ha ido subiendo de tono hasta alcanzar el estruendo con la entrevista de García Page en la que deja a Sánchez a los pies de los caballos. ¡Y eso en la recta final de las elecciones vascas y gallegas!

Ya nadie puede negar el ruido de sables. El golpe de mano se ha venido gestando durante meses y los planes de los rebeldes se han ido retransmitiendo paso a paso en los medios de comunicación, con una torpeza que recuerda la metedura de pata de Largo Caballero cuando el 28 de octubre de 1936 anunció por radio un contraataque contra el cerco franquista de Madrid 24 horas antes de que se produjera. La guerra de Gila: «¿Es el enemigo? Que se ponga».

Si los resultados no son tan buenos como espera Sánchez (aunque no sean tan malos como le augura la mayoría de sus barones) a partir de mañana se abrirá una crisis sin precedentes en el segundo partido de España. De cómo se resuelva la pugna interna dependerá en gran medida la solidez del mismo y, por tanto, la estabilidad de un sistema que, con todas sus imperfecciones, ha proporcionado a nuestro país una de las etapas más brillantes de su historia.

Si Susana Díaz no da el paso, la alternativa a Sánchez será Eduardo Madina

Los rebeldes tienen fuerza, tienen poderosos aliados mediáticos, pero ¿cuál es su hoja de ruta?, ¿quién es su líder? Algunos de los que jalean la revuelta lo hacen pensando en evitar unas terceras elecciones, pero ¿se atreverán a romper el mantra del «no es no» a Rajoy? ¿Hay alguien que crea de verdad en el PSOE que la propuesta de Susana Díaz de que se vaya Rajoy como condición para posibilitar un gobierno de coalición PP/Ciudadanos tiene alguna posibilidad de salir adelante?

Perded toda esperanza: el presidente del PP no se va a marchar y mucho menos porque se lo pidan desde el PSOE.

Todo golpe de estado necesita un líder y esta intentona, por ahora, sólo cuenta con coroneles. Susana Díaz, a la que todos atribuyen el papel de comandante en jefe de la rebelión, aún no ha dicho esta boca es mía y ya ha defraudado las expectativas en anteriores algaradas. Por si acaso (dar la cara siempre es difícil; sobre todo, cuando, al final, tendrán que ser los militantes los que decidan), la oposición a Sánchez ya está preparando una alternativa: Eduardo Madina. El diputado, que logró in extremis situarse en un puesto de salida en la lista del PSOE por Madrid, ya lo intentó hace dos años… y perdió. Y perdió porque la presidenta de la Junta de Andalucía decidió inclinar la balanza hacia Sánchez, tal vez porque pensaba que podía manejarle con mayor facilidad que a su contrincante desde Sevilla. ¡Las vueltas que da la vida!

«La cuestión -plantea un miembro de la Ejecutiva- no es la posición del PSOE respecto a Rajoy, que se mantendrá en el ‘No’, sea quien sea el secretario general, sino en la supervivencia del partido. Con Sánchez, el PSOE está condenado a la irrelevancia. Hay que buscar una alternativa que devuelva la ilusión al partido y a los votantes. No podemos seguir desangrándonos como ha sucedido en los últimos años».

Sánchez, y eso que tampoco nadie lo dude, resistirá hasta el final. De aquí al Comité Federal del próximo día 1 de octubre prepara su oferta de gobierno tripartito, con Podemos y Ciudadanos, un deseo irrealizable dada la firmeza de Albert Rivera en negarse a pactar con el partido de Pablo Iglesias. El pulso de Íñigo Errejón tiene ese telón de fondo: darle una salida a Sánchez, dejarle gobernar en solitario con el apoyo de Podemos y los soberanistas, una vez que éstos hayan aparcado el referéndum de autodeterminación. Iglesias se niega y habla por boca de su jefa de gabinete, Irene Montero: «No nos han votado para regalarle el gobierno al PSOE».

Opción, por tanto, imposible. A Sánchez sólo le quedan las bases, su fortaleza, unas primarias que le ratifiquen como candidato a unas terceras elecciones cada vez más probables. Un salto en el vacío que seguramente sólo servirá para alargar una agonía que comienza a ser heroica.

Mientras, Rajoy se frota las manos. Tiene al alcance una tercera victoria en menos de un año. Con ello, igualaría el récord de Felipe González. ¡Quién lo diría!