Era el último superviviente del trío de dirigentes, junto al asesinado primer ministro israelí, Isaac Rabin, y al líder palestino, Yasir Arafat, que hicieron Historia con mayúsculas en 1994 al recibir conjuntamente el Premio Nobel de la Paz en 1994 por los Acuerdos de Oslo, entre Israel y la Organización de Liberación de Palestina. El objetivo final de estos acuerdos, el fin del conflicto entre palestinos e israelíes, un sueño que creyó rozar con la punta de los dedos Simon Peres, sigue siendo una quimera. Peres, uno de los fundadores de Israel, con más de siete décadas de trayectoria política, ha muerto esta madrugada como consecuencia de un accidente cerebrovascular, recién cumplidos los 93 años.

En 2007 la Knesset le designó presidente del Estado de Israel y permaneció en el puesto hasta 2014. Concluía así una vida política tan intensa como irrepetible: fue dos veces primer ministro, tres veces ministro de Exteriores, titular de otras carteras como Defensa, Finanzas, Desarrollo Regional, así como diputado durante medio siglo y líder del Partido Laborista en varias ocasiones. También cosechó derrotas, como cuando perdió las elecciones en 1977 frente a Menahem Beguim. Fue entonces jefe de la oposición hasta 1984, cuando por primera vez encabezó el Gobierno de unidad con el Likud.

Tras el asesinato de Isaac Rabin, en noviembre de 1995 por un judío de extrema derecha, asumió la jefatura del Gobierno pero el actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, del conservador Likud, le derrotó en las urnas. Con Rabin siempre compartió un liderazgo no exento de rivalidad en el que Peres simbolizaba la quintaesencia de la diplomacia y Rabin el carisma asociado a un hombre de guerra. A finales de 1995, tras la muerte de Rabin, dio garantías al rey Hussein de Jordania, al presidente egipcio, Hosni Mubarak, al líder palestino, Yasir Arafat y al entonces presidente de EEUU, Bill Clinton, de que el llamado Acuerdo de Oslo II, por el que se pondría en marcha la segunda fase del autogobierno interino para Gaza y Cisjordania, seguiría adelante, pese a la ofesiva terrorista de Hamas y Yihad Islámica. Sin embargo, Peres congeló luego la desmilitarización de Hebrón con el argumento de proteger a los colonos judíos.

En abril de 1996 despertó la crítica internacional por la opeación llamada Uvas de la Ira contra posiciónes de Hizbulá en el sur del Líbano. En uno de los bombardeos, el 18 de abril, contra un campamento de refugiados en Qana, custodiado por cascos azules de la ONU, murieron 106 civiles y otro centenar resultó herido. Entre febrero y marzo de ese año los terroristas palestinos perpetraron una serie de atentados terroristas en Tel Aviv, Ashkelon y Jerusalén. Murieron 60 civiles y ese trágico balance pesaba sobre los hombros de Peres.

Inició su carrera a la sombra de David Ben-Gurión, de origen polaco como Peres, que proclamó el Estado de Israel el 14 de  mayo de 1948. En los 50 se ocupó de que Israel contara con armas modernas gracias a los acuerdos con Francia, y sentó las bases del programa nuclear israelí. «No me cabe duda de que el reactor de Dimona confirió a Israel una dimensión disuasiva. Para mí Dimona fue el primer paso hacia Oslo», afirmaba en 2014, según recuerda la agencia Efe. Junto a Ben-Gurión y al general Moshé Dayán fundó el partido Rafi (Lista de Trabajadores de Israel, según sus siglas en hebreo). En los 70 apoyó la creación de colonias en la Cisjordania ocupada, que luego han proliferado y se consideran uno de los escollos para el fin del conflicto con los palestinos. Años más tarde, criticó abiertamente a Netanyahu por impulsar la colonización judía de Jerusalén Oriental.

Los dos Estados es la única vía posible para acabar con el terrorismo, la violencia y el odio

Su larga travesía por la Historia de Israel le condujo a defender la solución de los dos Estados, israelí y palestino, como «la única vía posible para acabar con el terrorismo, la violencia y el odio». Según declaraba recientemente a la revista Time, «mientras estaba amenazada la existencia de Israel, era la que ustedes llaman un halcón… en cuanto sentí que los árabes estaban abiertos a la negociación, dije que era lo que preferíamos nosotros también».

Nacido con el nombre eslavizado de Szymon Perski en Wiszniewo,  Polesia, región históricamente polaca que tras la Segunda Guerra Mundial pasó a formar parte de Bielorrusia. Era nieto de un rabino que le inició en el estudio del Talmud y se educó en hebreo, yidish y ruso. En 1934 su familia emigró a Palestina, entonces bajo control británico. Los Perski se asentaron en el kibbutz (granja colectiva) de Geva. Creció ligado al kibbutz y se formó en la Escuela de Agricultura. Curiosamente durante su vida descubrió estar emparentado con una de las actrices más enigmáticas y bellas del  mundo, Lauren Bacall, nacida Betty Joan Perski. «En los años 50 en Nueva York Lauren Bacall me llamó y nos conocimos. Descubrimos que éramos familia. Era una mujer muy guapa y muy convencida de sus opiniones. No era una mujer fácil», dijo a Haaretz en 2014.

Cuando se van a cumplir 25 años de la Conferencia de Madrid,  donde se sentaron las bases de los Acuerdos de Oslo, el Gobierno español ha destacado el «coraje» de Peres en «el camino de la paz» y su «decisivo impulso» al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel, en 1986. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, también le ha rendido homenaje: «No me imagino un tributo mejor a su vida que renovar nuestro compromiso con la paz que él creía posible». Decía Peres que no malgastaba el tiempo mirando atrás. «Espero que mi momento de mayor orgullo llegue el día de mañana, cuando la paz llegue a mi país». Así sea.