El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha situado este viernes la celebración del referéndum el domingo 17 o 24 de septiembre de 2017, aunque ha aclarado que se podría posponer si se llega a un acuerdo con el Estado. En una entrevista en Rac1 ha negado la posibilidad de que se convoque el domingo 10 de septiembre por estar cerca de la Diada, para evitar que se le acuse de querer decantar el voto, pero ha recordado que ya avanzó que se podría pactar la fecha, la pregunta o el quórum si se pactara con el Estado.

Si gana el sí, «la consecuencia es la proclamación de la independencia»

También ha advertido de que una posible negociación con el Estado no puede tratarse de una maniobra dilatoria, y ha anunciado que habrá que volver a pedir en el Congreso la demanda del referéndum para mantener «al más alto nivel» esta apelación, además de precisar que el lunes 10 de octubre irá a Madrid a explicar lo planteado en el Parlament. Ha descartado que sea un «9N dos», porque sólo habrá una pregunta con respuesta binaria sobre la independencia y «el resultado que salga nos vincula», hasta el punto que, si gana el ‘sí’, «la consecuencia es la proclamación de la independencia».

Carles Puigdemont ha superado el primer round en la pelea por mantenerse al frente de la Generalitat, al menos, durante los próximos doce meses. Pero el debate y votación de ayer fue sólo eso, un primer asalto que, visto lo visto en el Parlament, parece el más fácil. El president pidió confianza y garantías de estabilidad, pero sólo obtuvo lo primero.

La CUP exigió referéndum unilateral de independencia y Puigdemont prometió referéndum. Sin apellidos –unilateral, viable, con garantías- que pudieran molestar a nadie y con una apelación al diálogo “con el Estado” muy del agrado de Cataluña Sí que es Pot (CSqP). Pero el de esta semana era un debate más efectista que efectivo, en el que Puigdemont ha mostrado lo justo para no disgustar del todo a nadie dentro del arco soberanista.

Puigdemont prometió referéndum, sin apellidos que pudieran molestar

La próxima semana, sin embargo, llegará la hora de las primeras concreciones. El Debate de Política General que debe celebrarse entre el 5 y 6 de octubre se cerrará con resoluciones, y parece poco probable que la CUP deje escapar la ocasión de imponer un texto en el que concretar sus condiciones a la hoja de ruta planteada por Puigdemont. Así sucedió el año pasado, cuando JxS aceptó aprobar junto a la CUP la Declaración del 9 de Noviembre que daba el pistoletazo de salida al proceso independentista. Un texto que ha puesto a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, a las puertas de los tribunales y ni siquiera sirvió para que los anticapitalistas invistieran presidente a Artur Mas.

Exigencia con las cuentas

Y después vendrá el debate de los presupuestos. Unas cuentas con las que Anna Gabriel ha dejado muy claro hoy que serán más que exigentes, lo que sólo se puede traducir en subidas de impuestos y aumento del gasto. Con razón el president despedía el debate advirtiendo de que no se pueden permitir dinamitar el proceso “desde dentro”, porque podrían estar perdiendo una oportunidad única para la independencia.

Ayer, algún analista elogiaba la habilidad de Puigdemont para ganar un año de tiempo volviendo a la casilla de salida del referéndum. Y hacerlo, además, prometiendo “convocar” la consulta, no celebrarla. Si el Gobierno prohíbe la celebración del referéndum habrá que ir a elecciones, convenientemente fijadas de nuevo a caballo de la Diada y con la vía del referéndum pactado de los “comunes“ desacreditada. Efectivamente, sería un escenario electoral mucho mejor para PDC que el actual, pero el camino para llegar hasta él puede convertirse en un auténtico calvario.