Lean con atención: Pasokización. Es el término que estremece los corazones socialdemócratas de Europa. En las elecciones de 2015 el PASOK, que había dominado la política griega durante décadas alternándose en el poder con los conservadores, cosechó apenas un 4% de los votos y se hundió en la irrelevancia. Esa deriva amenaza hoy los cuarteles generales de los socialdemócratas de gran parte de los países europeos. El porcentaje de voto en las elecciones nacionales en Europa occidental ha caído a los niveles más bajos en 70 años, según un estudio de la Universidad de East Anglia, del que se hacía eco recientemente The Economist. «El apoyo a los partidos socialdemócratas europeos está cayendo de una manera sin precedentes», concluía el semanario.

En España, el PSOE, que vive ahora una de las crisis más graves de su Historia, ha perdido cinco millones de votos en cinco años. En los 80 el PSOE contaba con un apoyo del 48%, mientras que ahora ronda el 22%, una pérdida de apoyos que denota síntomas de pasokización. El británico Jeremy Corbyn, recién reafirmado por las bases con un 62%, pero muy contestado por su grupo parlamentario, presume de dirigir «el mayor partido político de Occidente con más de medio millón de miembros». Según Corbyn, en los últimos 20 meses se ha afiliado más gente al Labour que en los últimos 20 años. Sería la excepción británica, si bien en los sondeos los laboristas no tienen posibilidades de recuperar el Gobierno. En España, el PSOE cuenta con unos 190.000 militantes, que observan estupefactos, al igual que sus votantes la guerra fratricida de su dirección. «Un conservador es un tipo que se planta frente a la Historia y grita: ¡Paren!», escribió William F. Buckley. Ahora los grandes partidos tradicionales coinciden en que parecen ser arrollados por el ritmo de los tiempos y las demandas de los ciudadanos.

«La socialdemocracia europea está viviendo una crisis de contenidos, una falta de definición de su papel en la post crisis. En el caso español, hay además una crisis de modelo organizativo. También está dividido el Partido Laborista británico. De fondo está el debate sobre el modelo que debería seguir la socialdemocracia. Hay una clara indefinición ideológica y se aprecia con cuestiones como la acogida de refugiados, o en seguridad, donde los socialistas del presidente Hollande adoptan las tesis de la derecha tradicional», explica Pol Morillas, investigador principal del CIDOB, sobre temas europeos. Morillas subraya que la socialdemocracia europea carece de narrativa. «No tiene discurso frente a alternativas potentes, y a eso se suma una crisis general de liderazgo», añade el experto.

«Hay una crisis de contenidos, una falta de definición del papel del partido en la post crisis

El año 2015 fue un annus horribilis para los socialdemócratas europeos y sigue siéndolo este año. La irrupción de Syriza por la izquierda casi barre del mapa al PASOK en Grecia. En Dinamarca, perdieron el poder, por el vuelco a la derecha y el ascenso del Partido Popular Danés, pese a que fueron la fuerza más votada. En Finlandia fueron cuarta fuerza política, por debajo de los ultranacionalistas Auténticos Finlandeses. La izquierda desapareció del Parlamento por primera vez desde la caída del comunismo en Polonia. Y el PSOE cosechó en España dos derrotas históricas consecutivas, el 20-D con 90 diputados, y en las segundas elecciones anticipadas, el 26-J de 2016, con 85 escaños. Los socialistas españoles superaron la amenaza del ‘sorpasso’ por parte de Unidos Podemos, si bien esta coalición de izquierdas se consolidó como tercera fuerza política. En Alemania, el Partido Socialdemócrata alemán (SPD), parte de la Gran Coalición, que encabeza la canciller cristianodemócrata Angela Merkel, encaja peor que su socio de gobierno el desgaste del poder y su apoyo ronda el 20%. Estas alianzas cuestan caro en las urnas a los socialistas. Los socialistas gobiernan con los conservadores en 12 países de la UE.

«Lo primero que hemos de plantearnos es qué propone la socialdemocracia en el siglo XXI. La sociedad actual poco tiene que ver con la sociedad del momento en que nació el Labour, ligado al mundo laboral. Hoy el sector servicios es amplio y muy variado; el concepto de identidad para las nuevas generaciones se desliga cada vez más de lo laboral, por ejemplo. Es una sociedad mucho más compleja en la que es crucial la cuestión de la globalización y sus efectos. A eso se suma que el euro ha limitado el margen de acción en política monetaria y fiscal», afirma Javier López, eurodiputado del PSC-PSOE, que participó el sábado en la reunión del Comité Federal de su partido en Ferraz.

Los perdedores de la globalización son quienes se sienten más huérfanos. «Son ellos los que no ven en la socialdemocracia una fuerza que les ofrezca un mundo mejor. Su mensaje ha dejado de ilusionar. El electorado percibe a los socialdemócratas, al igual que a los conservadores, como establishment, aquello contra lo que se rebelan los outsiders de la globalización», dice Álvaro Imbernón, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nebrija e investigador asociado en ECFR. Los votantes de izquierdas se van a partidos más a la izquierda, como el caso de Podemos en España o Syriza en Grecia, y los más conservadores, en general en países del Norte, se parapetan tras un discurso nacionalista que creen que les ampara frente a las amenazas a su bienestar.

El caso francés será, si sigue la tendencia, paradigmático del hundimiento socialista. El presidente socialista, François Hollande, apenas cuenta con un 13% de apoyo en los últimos sondeos, de modo que ni pasaría a la segunda vuelta en la elección al próximo inquilino del Eliseo en 2017. La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, ya roza el 33% y disputaría la segunda vuelta junto al aspirante de Los Republicanos,  ya sea Nicolas Sarkozy o Alain Juppé.

La voz más potente de la socialdemocracia europea es Renzi que no es socialdemócrata

El eurodiputado Javi López, uno de los más jóvenes del Comité Federal, destaca cómo resulta llamativo que sea Matteo Renzi, líder del Partido Democrático Italiano, la esperanza blanca de la izquierda europea. «La voz más potente de la socialdemocracia europea es Renzi, que no es socialdemócrata. No viene de nuestra tradición. Lo está haciendo bien con reformas institucionales, pero el modelo italiano es peculiar. Es sintomático y muestra la debilidad del momento actual», explica López.

«La crisis ha puesto de relieve que nuestras recetas son las buenas: el papel del Estado se reclama desde otros sectores, se acabó el dogma ortodoxo del mercado, y denuncian los perjuicios de la desigualdad para la economía. Es cierto que la socialdemocracia va a tener que aprender a hablar con los nuevos actores políticos. Ya no volveremos a tener un apoyo de un 40% o 50% del electorado. Pero los nuevos actores habrán de contar con los socialdemócratas para construir una alternativa de izquierdas», concluye el eurodiputado, uno de esos jóvenes que aún confía en que después de esta crisis hay una cuarta vía  (tras la Tercera Vía de Blair).

El líder socialista que se mantiene más firme en Europa es Joseph Muscat, que logró en Malta una victoria histórica en 2013 después de que su partido estuviera 15 años en la oposición. Según Muscat, «lo que nos diferencia y debería diferenciarnos no es que representemos a quienes han progresado en la sociedad, sino a todo aquel que quiera progresar». En un artículo recientemente publicado en The Guardian, titulado ¿Tiene futuro la izquierda?, el periodista John Harris, autor de ‘So Now Who Do We Vote For?’ explicaba que la izquierda occidental hace frente a tres desafíos: «El mercado laboral, y la socialdemocracia nace ligada a lo laboral; en segundo lugar, la globalización y la ola de proteccionismo que abanderan conservadores y outsiders; y el fin de la idea de que un único partido o ideología representa a una mayoría. El siglo XX ha terminado». Socialdemócratas europeos, sincronicen sus relojes.