La suerte está echada. El Partido Socialista afronta un Comité Federal que no se parecerá en nada al celebrado el pasado 1 de octubre. Habrá ruido, por supuesto. Algunos de sus miembros alzarán la voz contra la orientación que pretende la Gestora encabezada por Javier Fernández, pero los debates serán muy civilizados. Ni a los unos ni a los otros les interesa volver a dar un espectáculo. Más aún, cuando la mayoría a favor de la abstención a un gobierno de Mariano Rajoy está ya garantizada.

Lo que no tiene asegurado la Gestora es que los 85 diputados socialistas respeten la disciplina del partido. Al menos 12 de ellos se mantienen en el no a Rajoy. La nueva mayoría socialista, y, en especial, la Federación de Andalucía, se está empleando a fondo en la tarea de convencer uno a uno a los parlamentarios y dirigentes del partido que se obstinan en mantener su posición contraria a favorecer un gobierno del PP.

Una ex ministra me comenta que ha recibido varias llamadas para ganar su apoyo a la causa, con un argumento que se resume en un mensaje muy básico: «Los que no defiendan la abstención se van a cargar la posibilidad de reconstruir el PSOE». O sea: o te abstienes, o traicionas al PSOE.

La presión no ofrece garantías de que los 85 diputados socialistas acaten la disciplina del Comité Federal

La presión, sin embargo, no ofrece garantías, a día de hoy, de que los 85 diputados socialistas vayan a acatar la disciplina y respalden la decisión que saldrá del Comité Federal. En caso de que eso sea así, Ferraz pondría en marcha el Plan B: la abstención técnica. Once parlamentarios socialistas harían posible con su voto un gobierno de centro derecha.

El problema que tienen los rebeldes, que cuentan con un amplio apoyo en la militancia y en el poder local, es la falta de liderazgo. Su jefe natural sería Pedro Sánchez, pero el ex secretario general no parece que esté dispuesto a encabezar la revuelta. «No es que haya cambiado de posición, lo que ocurre es que, tras lo ocurrido en el anterior Comité Federal, no se va a lanzar a la piscina si no ve muy claro que hay agua», dice una fuente cercana a Sánchez.

En las filas de la oposición a la Gestora hay dos cosas que están muy claras. La primera es que Susana Díaz no puede ser la secretaria general del PSOE. La segunda es que necesitan una persona que pueda aglutinar el descontento de las bases con la nueva línea política que ha adoptado el partido. Si no es Sánchez, ¿quién puede asumir ese papel? Desde distintos sectores se mira hacia Josep Borrell como la única persona que podría afrontar ese complicado reto.

El ex presidente del Parlamento Europeo, que en 1998 ganó las primarias a Joaquín Almunia, ha mantenido una postura muy crítica hacia los que propiciaron la caída de Sánchez. Es probablemente el dirigente mejor valorado entre los militantes y votantes socialistas, y nadie le puede negar su perfil como hombre de Estado.

Sin duda, sería un hueso duro de roer para los que pretenden llevar a la presidenta de la Junta de Andalucía a Ferraz como paso previo a su candidatura a la presidencia del gobierno. Otra cosa es que el ex ministro de Fomento esté dispuesto a aceptar meterse en ese lío. Capitanes no le iban a faltar. El alcalde de una ciudad importante me confiesa: «Con él, muchos estamos dispuestos a dar la batalla para recobrar la dignidad y volver a convertir al PSOE en una alternativa real de poder al PP».