El primer teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, ha asegurado hoy que la exposición de una estatua ecuestre de Franco frente al museo del Born ha sido un éxito pese a que operarios municipales han tenido que retirarla esta noche tras ser derribada por un grupo de encapuchados. Pisarello ha “lamentado” los hechos, porque se ha dañado patrimonio municipal, pero no ha querido condenarlos, alegando que entraba dentro de la lógica que la estatua provocara reacciones de rechazo.

La CUP, en una rueda de prensa ofrecida este viernes, ha defendido incluso que la estatua no sea retirada y se mantenga en la calle para que pueda seguir recibiendo ataques. «Las estatuas estaban ahí fuera para que la gente pudiera interactuar con ellas», ha reconocido una portavoz de la formación antisistema, «y la gente ha interactuado». «No entendemos que se retiren las estatuas», ha manifestado el partido en sus redes sociales, desde donde han reiterado su idea, consistente en que «la gente debe tener la posibilidad de seguir interactuando» con la obra.

El teniente alcalde de Barcelona, además, ha anunciado que el Ayuntamiento ha abierto “diligencias informativas” sobre estos hechos pero ha advertido de que la respuesta del Consistorio “será proporcional”. Pisarello ha reconocido que ya esperaban actos de vandalismo cuando planearon la exposición y ha atribuido el rechazo extremo al “rechazo al franquismo y a un Gobierno que es en parte heredero del franquismo, que no lo ha condenado en su totalidad y que ha tenido actuaciones autoritarias que no son propias de una democracia normal”.

El número dos de Ada Colau ha anunciado además que el Consistorio retirará también la estatua de la Victoria, también franquista, esta mañana. Pisarello ha argumentado que ambas piezas tienen sentido si se exponen de forma conjunta, pero ha defendido “el debate generado” por la muestra, que ya ha recibido más de 2.000 visitantes en sus tres primeros días.

Su única responsabilidad ha sido la “falta de diálogo entre las fuerzas auténticamente antifranquistas”, opina, para frenar el rechazo de los grupos soberanistas que han visto en la muestra una ofensa por situarse en el Born, convertido en santuario de la reinvidicación independentista con su muestra sobre la caida de Barcelona en 1714. Sin embargo, el primer teniente de alcalde ha defendido una y otra vez la exihibición de las estatuas en la calle, y no en el interior del museo, argumentando que ambas obras estuvierno expuestas hasta 2008 y 2011 en espacios públicos de la ciudad.

“La muestra es pertinente, el debate sobre la impunidad de las dictaduras es una iniciativa rigurosa” que se ha llevado a cabo en muchas ciudades, ha añadido, para concluir que “ya era hora de que se hiciera algo así en Barcelona, en Cataluña y en España” donde siguen expuestos muchos monumentos franquistas, como los de Tortosa o Gandesa.