El Partido Pirata se dispone a gobernar un país europeo por primera vez en la Historia. Los sondeos apuntan a que uno de cada cinco islandeses optará el sábado por este autoproclamado «movimiento popular». Los Piratas (Piratar) ya lograron tres escaños en el Parlamento (Alpingi) en 2013. Ahora su estimación de voto es de un 22,6%, según los datos del Social Science Research Institute de la Universidad de Islandia, lo que se traduce en la cuarta parte de los 63 escaños del Alpingi. Sería un hito para esta formación política, que nació hace una década en Suecia y se extendió por varios países europeos, ligada a la rebelión en la red de redes. En Islandia apenas cuenta cuatro años de intensa vida política.

En abril pasado Piratar llegó a sumar un 43% de apoyos, una sorprendente popularidad ligada al escándalo del entonces primer ministro, Sigmundur Davio Gunnlaugsson, del Partido Progresista, quien tuvo que dimitir por aparecer su nombre en los Papeles de Panamá. Desde entonces ha ido perdiendo fuelle, pero aún figura en las encuestas como primera o segunda fuerza más votada.

La principal demanda de Piratar es adoptar la Constitución, redactada por 25 ciudadanos electos en 2011 y aprobada en referéndum, y así dejar atrás la Carta Magna de 1944. Este «movimiento popular» presume de no tener líderes y de englobar a ciudadanos de toda ideología. «No presentamos un candidato a primer ministro, en parte porque no hay un líder concreto y no queremos dar la impresión de que existe tal líder. Hay muchos miembros del partido que estarían cualificados para desempeñar este papel», explican fuentes del Partido Pirata, en la documentación publicada por El Faro de Reykjavík, que dirige el español Èric Lluent.

Representamos un mensaje de esperanza. Somos gente corriente que quiere estar representada en el Parlamento para cambiar leyes»

Sin embargo, su portavoz más visible es Birgitta Jonsdottir, de 48 años, ex activista de WikiLeaks, y que sería probablemente la primera ministra, en caso de que los Piratas lideren la formación de gobierno. Jonsdottir se define como «una poeta de la política». Exponía así su credo a la revista Time: «Representamos un mensaje de esperanza. Somos gente corriente que quiere estar representada en el Parlamento para cambiar leyes y para ello otorga a ciudadanos corrientes, como ellos, el poder para hacerlo».

En una entrevista reciente, Jonsdottir explicaba en La Marea que es partidaria de «adoptar la Constitución y después reformarla». También se mostraba partidaria de «volver a reunir a los mil ciudadanos que participaron en la Asamblea Nacional para saber qué piensan ahora sobre la Constitución que redactaron».

«El Partido Pirata no radica en la extrema izquierda, como muchos creen. No tienen una ideología clara. Hay piratas de todo credo. Lo que tienen en común es que quieren cambiar las reglas en las que se basa el sistema y apoyan la democracia directa, participativa. Habrá que esperar a ver cómo son sus políticas, si finalmente forman parte del gobierno o lo encabezan», explica Lluent, que viaja con frecuencia desde hace varios años a Islandia. Sus vínculos con Podemos no van más allá de ser formaciones nuevas, y promover mayor transparencia y participación directa de los ciudadanos de momento.

Lluent dirige El Faro de Reykjavík, un recién nacido medio digital que informa en primicia sobre Islandia en español. Ha escrito dos libros sobre el colapso financiero islandés y sus repercusiones políticas, sociales y económicas, publicados en catalán, Islandia, 2013, Crònica de una decepció y también Islandia 2014. El preu del miracle econòmic. Este joven periodista destaca que la sociedad islandesa es «muy dinámica», algo que es posible también debido a sus reducidas dimensiones: son apenas 332.000 habitantes, la población de Córdoba o Alicante, en España, por ejemplo. El Faro hará seguimiento de los resultados el sábado en Twitter con la etiqueta #Islandia290

El Parlamento resultante de las legislativas del sábado estará probablemente muy fragmentado. La suma de estos cuatro grupos (Partido de la Independencia, Piratar, Movimiento de Izquierda Verde y Alianza Socialdemócrata y Futuro Brillante), que ya forman una alianza en el Ayuntamiento de la capital, superaría la mayoría con 36 escaños, según una encuesta reciente. Pero también podría gobernar el Partido de la Independencia, apoyado en el Progresista y el Reformista.

«Sólo una de las últimas encuestas sitúa a Piratar como favorito, pero es cierto que están en cabeza con el Partido de la Independencia (ligado al lobby de la pesca). En las urnas puede haber cambios porque aquí hay mucha volatilidad», señala el periodista, que seguirá la jornada electoral desde Reykjavik. Los islandeses cambian fácilmente sus preferencias de una formación de izquierda a otra conservadora. Sin embargo, hasta 2009 no hubo una coalición de izquierda en el poder. Ahora se trata de un pulso entre la nueva y la vieja política. Según Lluent, «el boom económico que ahora vive Islandia no favorece un triunfo claro del Partido Pirata».

Junto a la líder pirata, otra mujer, Katrin Jakobskottir, líder del Movimiento de Izquierda Verde, acapara todas las miradas este sábado, por ser la cabeza de lista mejor valorada por los islandeses. Jonsdottir y Jakoskottir encarnan la imagen del cambio por el que apuestan los islandeses.  En el verano ya optaron por la renovación en la Presidencia, cuando eligieron a Guoni Johannesson, académico de 48 años, autor de Hrunio (El colapso, sobre la crisis financiera), y flamante padre de cinco criaturas. Gran aficionado al fútbol, recién elegido presidente el 25 de junio, renunció al palco vip en Niza, y con la camiseta de la selección islandesa se confundió con los aficionados para ver jugar a su equipo contra Inglaterra. Ganaron por dos a uno. Los Piratas están listos para repetir la hazaña.