Es imposible derrotar a alguien que no se rinde. Hasta su rival Donald Trump reconoce que Hillary Clinton jamás se da por vencida. Es tenaz hasta la extenuación. El último episodio sobre el caso de los correos electrónicos es un obstáculo más en su carrera a la Casa Blanca, pero Hillary Clinton está muy lejos de dar la batalla por terminada. «Trump dice que puede ganar y tiene razón, cualquier cosa puede pasar en unas elecciones», decía la ex jefa de la diplomacia de EEUU en la noche del viernes. Poco antes se había revelado que el FBI había informado al Congreso de que había encontrado nuevos correos electrónicos relacionados con la candidata demócrata y sus colaboradores que debía investigar. Apenas 11 días antes del 8-N, con las encuestas claramente a favor, de nuevo se alejaba del horizonte la anhelada Casa Blanca, donde fue primera dama durante ocho años, entre 1993 y 2001.

«Estas revelaciones afectan, aunque no creo que tanto como para dar un vuelco a las encuestas porque ya están votando en muchos estados y en favor de los demócratas de momento. Es cierto que puede desanimar a los seguidores de Sanders porque esta noticia ahonda en esa falta de honestidad que transmite Hillary Clinton y ahora se lo pueden pensar dos veces a la hora de darle su voto», afirma Carlota García Encina, investigadora experta en EEUU en el Real Instituto Elcano. A juicio de García Encina, «lo peor es que liguen a Hillary Clinton con ese personaje tan poco fiable que es Anthony Weiner, es decir , no sólo se trata de ella, sino de la gente que le rodea y estará junto a ella en la Casa Blanca».

Los nuevos correos electrónicos que ahora va a investigar el FBI proceden de dispositivos del ex congresista demócrata Anthony Weiner, sospechoso de intercambiar mensajes sexuales obscenos con una menor. Weiner, que ya tuvo que renunciar como congresista por sexting, es, todavía, el marido de Huma Abedin, mano derecha de Hillary Clinton. Abedin, musulmana practicante, hija de indio y paquistaní, es como una hija para Clinton, según sus allegados. Entró a trabajar con Hillary Clinton como becaria a los 20 años y dos décadas después sigue siendo «su arma secreta». Los enemigos de la candidata demócrata saben que es su punto más vulnerable y el talón de Aquiles de Abedin es Weiner. Hillary Clinton les presentó y el ex presidente Clinton les casó. A finales de agosto Abedin anunció que se separaban.

El caso de los correos se cerró en falso en julio pasado. De hecho, siguió en el limbo pero el Departamento de Justicia, una vez que el FBI consideró que no había encontrado motivos de delito, aunque sí de descuido, no procedió contra Hillary Clinton. La candidata demócrata ha reconocido su error al usar un servidor privado y una cuenta no oficial para correos sobre asuntos relacionados con su cargo como secretaria de Estado. Tras la investigación sobre el ataque en Bengasi, en el que falleció el embajador Stephens, salió a la luz este escándalo de los correos. Clinton entregó parte del material pero borró 33.000 mensajes, y de eso le acusa Donald Trump cada vez que tiene ocasión.

«Trump tiene ahora la perfecta oportunidad, que le ha funcionado muy bien en el pasado, de reforzar la idea de crooked Hillary (la corrupta) de insistir en que ella es una candidata falsa, deshonesta y manipuladora», explica Pedro Rodríguez, ex corresponsal en Washington y profesor de Relaciones Internacionales en ICADE y Universidad Complutense. Los expertos reconocen que es difícil cuantificar el nivel de daño de estas nueva investigación del FBI. «Las encuestas más recientes favorecen a Hillary Clinton con una ventaja casi imposible de superar para Trump. Pero no hay que olvidar que el resentimiento es una fuerza tan poderosa como difícil de medir», señala Rodríguez.

Si los chicos te tiran al suelo, te levantas, te sacudes el polvo y sigues peleando’, le aconsejaba siempre su madre, Dorothy Rodham

¿Superará este escollo Hillary Clinton? Cuenta Carl Bernstein en su biografía A Woman in Charge: The Life of Hillary Rodham Clinton cómo la vida de la candidata demócrata está forjada por el carácter de su madre, Dorothy Rodham, quien siempre le empujó a levantarse cada vez que se cayera. «Si los chicos te tiran al suelo, te levantas, te sacudes el polvo, y sigue peleando», le decía Dorothy Rodham a su primogénita. Uno de sus asesores suscribía al legendario periodista cómo Hillary Clinton concibe la vida «no como una serie de crisis, sino como una serie de batallas. Es una luchadora que combate contra los enemigos de la derecha, contra las injusticias, o contra las acusaciones de la prensa… Es feliz cuando ha identificado el enemigo y entra en modo combate».

Bernstein explica también que los pilares de Hillary Clinton son tres: familia, religión (es metodista y suele llevar una Biblia a mano), y servicio público. Su madre creció sin sus padres y Hillary Clinton se volcó con la defensa de los niños más desamparados, marcada por la trayectoria materna.

«Siempre ha trabajado, desde hace más de 30 años, por la educación de los niños. Está marcada por la relación con su madre, al igual que a Trump le influye su padre. Es muy tenaz, muy determinada, y siempre ha sabido qué quería hacer con su vida. En los 90 fue capaz de que los republicanos apoyaran un plan para que los menores más desfavorecidos tuvieran seguro médico, por ejemplo. Tiene experiencia en buscar consensos y eso será definitivo en su presidencia», afirma Alfred Montero, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Carleton, Minesota.

Es muy tenaz y determinada y siempre ha sabido qué quería hacer con su vida»

Sobre esta gran determinación contaba una amiga muy cercana de la candidata demócrata a Bernstein que es muy pragmática, incluso en las relaciones personales. «Casi todo el mundo con el que ha tratado en su vida ha tenido un papel en su recorrido hacia dónde quiere llegar. No digo que no tenga ética, porque la tiene. Pero los demás son de alguna manera instrumentos al servicio de la empresa común que tiene con Bill Clinton», decía Sara Ehrman al reportero. Su optimismo lo explica esta vieja amiga de Hillary Clinton porque ella «cree que Dios está de su lado y eso a veces parece arrogante».

Coinciden todos, hasta sus enemigos, en que es la candidata mejor preparada para la Presidencia de EEUU en mucho tiempo. Sin embargo, el nivel de rechazo que genera es muy alto: la mayoría de los americanos la considera deshonesta, por ejemplo. Uno de cada tres demócratas querrían que la investigación del FBI hubiera ido más allá. «Es una mujer extraordinariamente preparada, muy trabajadora y que ha demostrado una y otra vez su resiliencia. En los debates ha tenido la habilidad de exponer sus propuestas y dejar claro quién era su rival», dice Alana Moceri, analista política y profesora en la Universidad Europea de Madrid.

Entre sus defectos se destaca con frecuencia su falta de empatía y su frialdad en público, si bien sus asesores suelen destacar que es detallista y cordial en las distancias cortas. En grupos reducidos sobresale su brillo, especialmente cuando aborda temas que le apasionan, como la educación. «Transmite ambición personal y puede generar rechazo por su determinación a la hora de ejecutar su plan, incluso puede parecer carente de escrúpulos», afirma Javier Redondo, autor de Presidentes de EEUU. Como Bush padre, Hillary llegaría a la Presidencia con una dilatada experiencia, ya mayor (acaba de cumplir 69 años) y con escasa popularidad, según Redondo.

Incluso para Bernstein, que habló con 200 personas de su entorno, Hillary Clinton sigue siendo un enigma. «Es una de las personas más interesantes de nuestra era», reconocía en una entrevista en CNN. Para el autor de Todos los hombres del presidente, la candidata demócrata tiene un punto débil, muy débil, que se pone en evidencia con el escándalo de los correos. «Desde sus días en Arkansas, Hillary Rodham Clinton tiene serias dificultades para lidiar con la verdad». A veces se engaña hasta a sí misma como en el caso de los amoríos de Bill Clinton. Se cuenta a sí misma un relato y acaba creyéndoselo. Muchas veces atribuye «a los enemigos de la derecha» cualquier tipo de acusación. Según Bernstein, «a menos que pueda hacer frente a esta falta de honestidad, que en gran parte la define, tendrá dificultades en ganar la Presidencia».