Todavía perviven en Castilla y León, y en muchos otros territorios, viejas rencillas de los dirigentes del PSOE, muchas de ellas marcadas aún por personalismos y cuotas de poder. Pero en las últimas semanas la mayor crisis que atraviesa el partido socialista desde la Transición ha tenido la virtud de barrer esas arcaicas disputas y dejar dos bandos perfectamente reconocibles: los que apoyaron la abstención y quienes defienden las tesis de Pedro Sánchez del «no es no». Lo malo para los primeros es que entre la militancia corren el riesgo de quedar en perfecta minoría, como sufrió en carne propia la diputada Soraya Rodríguez en una tensa asamblea en Valladolid el pasado jueves 4 de noviembre.

Soraya visitó a la militancia para explicar la postura de la gestora y salió escaldada

Al igual que su tocaya, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Rodríguez es de Valladolid, la única diputada por esta circunscripción. Y una de las grandes abanderadas de la abstención, posición que viene defendiendo estos días activamente en platós de televisión, cadenas de radio y cabeceras nacionales. Pero el 4 de noviembre Soraya no visitó un medio de comunicación sino a la militancia para explicar la postura de la gestora que dio a Mariano Rajoy el Gobierno. Y Soraya salió escaldada.

La asamblea duró más de cuatro horas, algo insólito y una prueba del nerviosismo vivido. La sala estaba abarrotada y había gente en el pasillo. Al término de la misma, pasadas las 23 horas, muchos afiliados se recogieron a sus casas completamente desorientados, según varios testimonios. «A Soraya se la esperaba, porque la gente requiere explicaciones», dice uno. «Ella arrancó con el discurso que ya conocíamos, el de que con 85 diputados no se podía formar Gobierno alternativo con Podemos».

La que fuera secretaria de Estado de Cooperación con Zapatero fue más lejos y trató de quitar hierro al asunto de la investidura, un argumento aireado por los miembros de la gestora con el que las bases no tragan: «Soraya nos habló de hacer una oposición dura, como si no se hubiera entregado el Gobierno al PP y sin condiciones». Comparó el Congreso con un «escenario nuevo lleno de oportunidades» y al afirmar categórica que el PSOE «va a hacer oposición» se escucharon risas en la sala. Cerró su discurso y entonces llovieron los reproches.

De la quincena de intervenciones largas que se produjeron, apenas un par sostuvo la abstención, entre ellas la del senador Emilio Álvarez. Tomaron la palabra el secretario provincial del PSOE Javier Izquierdo (hombre fuerte del alcalde vallisoletano Óscar Puente, uno de los sanchistas más acérrimos); la alcaldesa de Medina del Campo, Teresa López y el procurador regional Pedro González. Todos dispararon contra la decisión de la gestora y fueron dejando un poco más sola a la diputada.

Al afirmar categórica que el PSOE «va a hacer oposición» se oyeron risas en la sala

El vaso desbordó con las intervenciones de militantes de base, alguna cargada de rabia y con la voz quebrada. «Soraya se fue desfondando y la cosa se desmadró cuando se la reprochó que había incumplido el mandato del Comité Federal castellano-leonés para salvar sus intereses personales», apunta otro. «Las listas electorales del PSOE se elaboran por consenso, y si no hay consenso se vota. En una votación Soraya Rodríguez no tendría demasiadas opciones de salir ahora». Ella lo negó, pero el tono de sus respuestas ya no sonaba igual que el del discurso con el que inauguró la asamblea, a las 19.00 horas. Estaba acorralada.

Viejos dirigentes como el ex alcalde Tomás Rodríguez Bolaños o Jesús Quijano estuvieron en el acto, pero optaron por ponerse de perfil y no posicionarse en público, decisión que tampoco gustó entre las bases. Pero el centro de atención se lo llevó la diputada. «No se respetaron las formas. Hubo gritos, descalificaciones e insultos». Paralelamente, hubo una suerte de recogida de firmas para apoyar la decisión de la gestora que una mayoría rehusó firmar.

Sí firmaron muchos otra petición para que se consulte a los afiliados cuanto antes vía primarias. «Y la dijimos que cuanto antes significa cuanto antes, es decir, mejor antes de finalizar 2016 que la primavera o verano del año que viene, cuando el daño sea irreparable», cuenta un testigo.

«¿Quién manda en el PSOE, Soraya, la militancia o Susana Díaz y Felipe González?», la interpeló uno de los militantes. La asamblea ya estaba completamente rota y para dos centenares largos de asistentes solo quedaba levantar el acta y meterse en la cama.

Como si cuatro horas de rifirrafes e imprecaciones no fueran suficientes, al día siguiente la emisora local de la Cadena Ser entrevistó a Justina Sandoval, una de las fundadoras del partido socialista en Valladolid allá por los años setenta. Sandoval, de 84 años, no pudo contener las lágrimas y estalló contra Soraya Rodríguez en medio de sollozos: «No es por España ni por los españoles, es por sus sillones. Ella lleva treinta años chupando de la teta del partido», dijo. «Han destrozado el partido».