Fue en 2013 cuando la organización yihadista que ahora conocemos como Estado Islámico quedó apartada de la estructura global de Al Qaeda. En junio del año siguiente sus dirigentes optaron por disputar a ésta última la hegemonía del yihadismo global y proclamaron un califato en los territorios de Siria e Irak sobre los cuales había conseguido imponer su dominio.

Pues bien, Abu Bakr al Bagdadi y los demás miembros del directorio que encabeza decidieron muy poco después articular un mando de operaciones externas con base en la ciudad de Raqqa. A las órdenes de este mando es como se estableció una red operativa para planificar y ejecutar atentados en Europa Occidental. Como los del 13 de noviembre de 2015 en París.

Europa Occidental ha sido, por tanto, objetivo temprano del Estado Islámico, que antes de finalizar 2014 contaba con un entramado compuesto en su mayoría por jóvenes musulmanes de nacionalidad francesa y belga, aunque también por otros, como por ejemplo iraquíes. Unos, experimentados en el uso de tácticas terroristas en Siria, quienes habían retornado con una misión específica que llevar a cabo, y otros, radicalizados en sus países europeos de origen pero no desplazados, dispuestos a cumplir con las instrucciones que para colaborar con aquellos se les diera, inmersos como estaban en medios radicales aparentemente indiferenciados del entorno social de las colectividades musulmanas en que se habían formado.

A corto y medio plazo cabe esperar un incremento de la compleja amenaza terrorista

En la actualidad, cuando Estado Islámico ha iniciado un proceso de mutación, básicamente como resultado de la presión a la que se encuentra sometido en Siria e Irak, es oportuno recordar que Europa Occidental no ha dejado de ser objetivo continuado de la organización yihadista. A corto y medio plazo, cabe prever un incremento en su diversa y compleja amenaza terrorista, en buena medida relacionado con la vuelta, a sus países europeos de origen, de parte de los miles de combatientes terroristas extranjeros que no hayan perecido ni estén desencantados de su militancia. Numerosos de estos están expresamente adiestrados para eludir su posible localización y detención, a fin de llevar a cabo con éxito los planes que tengan encomendados.

Pero la amenaza está asimismo relacionada con jóvenes musulmanes residentes en países de Europa Occidental, radicalizados solos o en compañía de otros en las actitudes y creencias religiosas de Estado Islámico, que en su gran mayoría pertenecen al componente homegrown o autóctono del fenómeno terrorista promovido por dicha organización yihadista. Entre ellos hay muy probablemente centenares de individuos frustrados por no haber podido viajar a Siria o Irak, una migración más difícil y costosa en estos momentos que hace un año, pero dispuestos a seguir las instrucciones que los dirigentes de Estado Islámico difunden para incitarlos a que preparen y ejecuten actos de terrorismo por su propia cuenta.

El nuevo órgano de propaganda se llama Rumiyah, es decir, Roma, nombre revelador

En el primer número de Rumiyah, es decir, Roma -nombre revelador por sí mismo del señalamiento que se hace de Europa Occidental- el nuevo órgano de propaganda de Estado Islámico, difundido electrónicamente a inicios del pasado septiembre, sus dirigentes incitan precisamente de este modo a los musulmanes que viven entre quienes son caracterizados como infieles a conducirse, en tanto que terroristas individuales, a la manera de los actores solitarios y perpetrar atentados por su cuenta: «La sangre de los infieles es barata, asquerosa y está permitido vertirla». Alá, se afirma por añadidura, «ha ordenado que sean asesinados donde quiera que se encuentren, dentro o fuera del campo de batalla».

Tras insistir en que matar infieles es «una forma de venerar a Alá», el nuevo órgano de propaganda de Estado Islámico ofrece, entre los reveladores contenidos de su primera entrega, indicaciones concretas sobre posibles blancos de esos atentados que pueden llevar a cabo actores solitarios únicamente inspirados por la ideología de la organización yihadista: «Hombres de negocios que van al trabajo en taxi», «jóvenes adultos que practican actividades deportivas en el parque», «el anciano que espera en fila para comprar un bocadillo», «soldados y policías, jueces y políticos», por ejemplo. En suma, se aduce en las páginas de Rumiyah, «infundir terror en los corazones de todos los infieles es una obligación del musulmán».

 


Fernando Reinares es director del Programa sobre Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano, catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos y Adjunct Professor en la Universidad de Georgetown.