Con el comienzo de la crisis las calles del país se llenaron de movilizaciones ciudadanas y sindicales contra el Gobierno y contra la situación política. A muchos ciudadanos les sorprendió que los resultados electorales siguieran dando ganador a Mariano Rajoy después de años en los que hasta el 23% de la población asistió a alguna manifestación, según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Pero sólo hay que ver cómo es la composición del Parlamento hoy para constatar que las movilizaciones han provocado cambios. Podemos, el partido que más provecho electoral sacó de esta agitación ciudadana, vuelve a mirar a la calle con su proyecto «Vamos». Pero, ¿es acertada esta estrategia para un partido que ya está instalado en las instituciones?

Rafael Mayoral, secretario de Relación con la Sociedad Civil y Movimientos Sociales de Podemos, así lo explica: «Nuestro proceso está orientado a rescatar la democracia de las élites económicas que han controlado el poder estos años, y por ello es necesaria la participación social para recuperar los derechos clave en la configuración del orden democrático. Creemos que hay que profundizar en este proceso, sobre todo ante los recortes que se avecinan. Nosotros venimos de la lógica del 15-M en la que la gente se adueña de los valores democráticos», asegura el parlamentario.

Pero la estrategia de Podemos se encuentra ahora con una sociedad menos movilizada que aquélla con la que se instaló en los ayuntamientos y en los parlamentos autonómicos. En los últimos doce meses sólo un 12% de los españoles reconoce haber asistido a una manifestación. Es un dato del último Barómetro del CIS y, según la serie histórica de esta institución, ese porcentaje de movilización está en niveles de años anteriores a la crisis. Atrás queda el pico del 23% de españoles que en 2013 reconocía haber estado recientemente en una manifestación. Apenas han pasado tres años, aunque la desmovilización ciudadana es un hecho que se corrobora con el descenso del número de manifestaciones contabilizadas anualmente por las delegaciones del Gobierno. En 2015 se registraron 32.904 manifestaciones, una cifra todavía alta respecto a los años previos a la crisis, pero que continúa la tendencia a la baja desde el pico de 2012 con 44.223 manifestaciones.

Ignacio Urquizu, sociólogo de cabecera del PSOE y diputado nacional por esta formación, asegura que este fenómeno se explica porque «los movilizadores de estos años han entrado en las instituciones, por eso han bajado las manifestaciones y ahora están de concejales, son senadores, diputados y alcaldes, como Ada Colau, que venía de los movimientos sociales». Para Urquizu la formación morada ha tocado techo y se encuentra en una encrucijada estratégica que simboliza la paradoja de Podemos: «Ellos mismos han contribuido a la desmovilización, cuando han llegado a las instituciones, y ahora tienen que gestionar a su electorado desde la oposición y a la vez estar en la calle, y eso es muy complicado. Una gran parte del electorado de Podemos es muy abstencionista y votan si están movilizados, son gente afectada por la crisis, gente de movimientos sociales y personas con un carácter identitario muy fuerte. Si pierden la calle, pierden a esta gente; pero, si salen a la calle, pierden a otros electores», señala Urquizu.

Mayoral explica su presencia en las instituciones como una continuidad, no como una ruptura: «Estamos en un proceso de transformación social que ahora está en una fase de carácter político que es lo que ha permitido la configuración actual de las instituciones».

Alberto Cañas, politólogo del Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas de la UCM, también duda de la efectividad de la estrategia de Podemos de apoyarse en las calles: «No veo claro que puedan movilizar más electorado. Pueden volver a sacar a gente que ya les vota. Ahora están dentro del Congreso, de los parlamentos autonómicos y de muchos ayuntamientos. Por eso mismo no creo que vaya a ser fácil movilizar a nuevos manifestantes, dudo de su efectividad; no estamos ya en mayo de 2011. Como ya se vio en las divisiones internas en Podemos en cuanto a rodear el Congreso durante la sesión de investidura, les va a costar más justificar que ellos sí representan«.

Un partido político, como Podemos, no va a movilizar más que a los suyos, y éstos se pueden llegar a cansar»

Ernesto Ganuza, investigador del Instituto de Estudios Sociales Avanzados del CSIC, coincide en la opinión de que la estrategia de Podemos es errónea. «Yo creo que se equivocan si quieren ser el referente de las personas que se movilizaron en el 15-M y si quieren llevarlos de nuevo a las calles, porque eso no se va producir. El 15-M tuvo mucho éxito porque no estuvo organizado por un partido político; ellos ahora están en el Congreso, se acabó eso del no nos representan, porque ellos están representando a un electorado. Esa estrategia no les va a dar más votos, incluso les puede llegar a quitar. Un partido político no va a movilizar más que a los suyos , y éstos se pueden llegar a cansar. La gente del 15-M no eran activistas».

Desde el punto de vista de este analista, «harían mejor en poner en valor su trabajo en el Congreso e informar a la gente de lo que pasa dentro de éste». Estos años ha quedado claro que Podemos es una gran máquina de comunicación electoral, pero ahora, según este experto, «tienen que comunicar la política del Parlamento y hacer oposición».

Pero para el secretario de Relación con la Sociedad Civil y Movimientos Sociales de Podemos, su «proceso de empoderamiento de la gente va a ir in crescendo». Nosotros aspiramos a ser representantes de una mayoría social en las instituciones y, al mismo tiempo, queremos trabajar en una nueva fraternidad popular. Nosotros no nos manejamos en términos de competencia, creemos que son elementos claves la cooperación y la dignidad de las personas».

Respecto a la posibilidad de que su estrategia pueda traducirse en pérdida de voto, Mayoral asegura que no todo se mide en votos y que «hay que tener una idea más amplia de la democracia. Ya veremos qué pasa. Estamos en un contexto político en el que nadie apostaba porque nos hiciéramos un hueco y, sin embargo, todo cambió en las Europeas de 2014», mantiene el diputado de Podemos.

La mayoría silenciosa, ¿del PP?

En el polo opuesto estratégico de Podemos está la relación que ha mantenido el Partido Popular con la calle y la manera en que Rajoy ha minimizado reiteradamente manifestaciones multitudinarias apelando a la mayoría silenciosa que permanecía en sus casas. La serie histórica del CIS muestra cómo, casi invariablemente, cerca de la mitad de la población nunca ha ido a una manifestación, y en particular el 66% de los votantes del PP. ¿Es ésta la mayoría silenciosa con la que reiteradamente Rajoy ha minimizado manifestaciones multitudinarias? ¿Existe tal cosa?

Para el sociólogo Ernesto Ganuza, sí existe esa mayoría silenciosa: «Son los que sólo votan, pero eso no quiere decir que no estén politizados. La mayoría silenciosa existe, pero ha dado un salto cualitativo desde principio de este siglo ya que ha aumentado el interés por la política y ha aumentado su conocimiento sobre ésta. Los datos del CIS también muestran que se ha incrementado el número de personas que piensa que la política no es algo complicado».

Hay un sector de la población para el que la única participación política es el voto y delegar en los representantes»

Sobre esta parte desmovilizada de la sociedad, el politólogo Alberto Cañas profundiza en la descripción de cómo es esta mayoría de ciudadanos: «Hay un sector de la población para el que la única participación política es el voto. Es lo que llamaba Benjamin Constant la libertad de los modernos, personas que se centran en su esfera privada, cuya única forma de participación política es votar y delega en los representantes políticos la acción política».

Pero que la gente no se manifieste no quiere decir que no tengan opinión, «aunque estén de acuerdo, hay gente que no se manifiesta. Por ejemplo, la guerra de Irak tenía un rechazo del 90%, pero el 90% de la población no salía a las calles». En todas la manifestaciones están los más movilizados: aquéllos que les importa la visibilización de su protesta van siempre. «Esos no van a fallar. Ir a una manifestación implica tiempo y dedicación, cada vez hay más personas de los que se llaman revolucionarios de salón, gente que habla de política en casa, pone un tuit o firma una petición por internet y ya está, pero la mayor participación digital no desmoviliza», agrega.

«El que está realmente sensibilizado no va a dejar de ir a una manifestación por firmar una petición o poner un tuit. Lo que hace es tratar de movilizar a los demás vía Twitter y otras redes sociales, luego va y hace fotos que comparte y difunde. Esto al final añade algo de valor a su causa al hacer que, quizá, movilice digitalmente a alguien que no va nunca a una manifestación. La movilización digital es un plus», añade Cañas.

España no es Twitter, aunque muchos parecen creerlo», apunta el politólogo Alberto Cañas

Pero está claro que lo que pasa a nivel digital no es lo que ocurre en la vida real. «España no es Twitter, aunque muchos parecen creerlo», apunta el politólogo.

Por su parte, el sociólogo Ignacio Urquizu va más allá con la explicación del complejo comportamiento de la mayoría silenciosa: «Cuando hay mucha movilización con ideas que no se está de acuerdo se produce una espiral silenciosa porque lo que opinan ellos está mal visto por una parte muy visible de la sociedad o por los medios de comunicación». Para este sociólogo que ha estudiado durante años el fenómeno del voto oculto, esto es lo que ha ocurrido con Donald Trump. En este sentido, nada hay más certero que la reflexión de Mayoral de cara al futuro de su estrategia política, y que es aplicable a todo el orbe democrático: «Al final, ocurrirá lo que decida la gente».