José Manuel Maza toma este martes posesión como fiscal general del Estado en un acto solemne en el Tribunal Supremo, la que ha sido su casa durante los últimos años. Cuando llegue a su despacho se encontrará con más papel del que ha dejado en la sala segunda del alto tribunal. Fuentes fiscales apuntan que su mandato será muy distinto al de su antecesora, Consuelo Madrigal, una fiscal que trabajó con un Gobierno en mayoría absoluta y que ha tenido que lidiar con el reto catalán y los múltiples casos de corrupción que afectan al partido de Mariano Rajoy.

No obstante, estos dos asuntos ocuparán la atención del nuevo fiscal del Estado. Fuentes fiscales apuntan, como adelantó ayer El Independiente, que el Gobierno quiere rebajar la presión judicial contra los mandatarios catalanes y Madrigal no podía interpretar este nuevo papel. La anterior jefa de los fiscales impulsó la querella presentada contra Artur Mas y las ex consejeras Joana Ortega e Irene Rigau y presentó la demanda contra la presidenta del parlamento catalán, Carme Forcadell. Por ello, era necesario este cambio porque como recuerda un veterano fiscal «sin forzar la legalidad esta se puede interpretar».

El PP en el banquillo

Otra de las patatas calientes que tendrá que manejar el nuevo fiscal son los casos de corrupción que han sentado en el banquillo a centenares de dirigentes del PP. Algunos juicios ya están en marcha, como el caso Gürtel, otros pendientes de sentencia, como el caso Fitur en Valencia y otros en lista de espera como el de Los papeles de Bárcenas. Su margen de maniobra será muy corto, aunque en sus manos tiene una as en la manga: el nombramiento del fiscal jefe de Anticorrupcion. Antonio Salinas cesó en ese cargo el pasado mes de octubre al jubilarse y desde entonces esta fiscalía funciona con la teniente fiscal Belén Suárez como responsable.

Sin embargo, esta plaza, una de las más ansiadas en la carrera fiscal, será ocupada por otra persona. Las quinielas ya han empezado a circular y suenan los nombres de Alejandro Luzón, fiscal fundador de Anticorrupción, y Manuel Moix que dirigió la fiscalía de Madrid. No obstante, las fuentes consultadas evitan mojarse porque «nadie apostaba por Maza como fiscal del Estado, así que puede ser cualquiera».

Los nuevos subalternos de Maza también van a estar muy atentos al resto de nombramientos. 30 plazas tienen que ser renovadas, ya que Madrigal aplazó estas decisiones mientras el Gobierno estuvo en funciones. La fiscalía de la Audiencia Nacional podría cambiar de manos. Javier Zaragoza la ha dirigido los últimos años, pero parece que se busca otro perfil ahora que ETA ha dejado de estar operativa y esta sede judicial busca nuevas competencias.

La prueba de fuego: los nombramientos

Estos nombramientos serán una prueba de fuego para Maza habida cuenta de que se va encontrar con una plantilla muy desmotivada. Fuentes fiscales explican que los representantes del ministerio público están escasos de manos, ya que no se ha aumentado el número de fiscales en los últimos años y solo son 2.400 frente a los 5.000 jueces. Además, desde principios de año, los fiscales están viviendo una situación inédita, ya que hasta entonces eran los primeros en recibir las resoluciones de los jueces y ahora son los últimos. Justicia ha implantado un sistema informático en los juzgados para hacer desaparecer el papel, pero al mismo no tiene acceso la fiscalía, que sigue recibiendo las resoluciones en mano un día o dos después que los abogados.

Otra cuestión a la que Maza tendrá que dedicar tiempo es la respuesta de la fiscalía a la sentencia de ‘el caso Nóos’ que se conocerá previsiblemente la próxima primavera. Entonces tendrá que decidir si recurre la decisión de la Audiencia de Palma. El fiscal Pedro Horrach se ha peleado por la absolución de la Infanta Cristina y ha pedido la condena del resto de los acusados, entre ellos Iñaki Urdangarin. La fiscalía tendrá que decidir si solicita el ingreso en prisión o no del cuñado del Rey nada más conocerse el fallo o pide que se aplace hasta que el Tribunal Supremo revise esta resolución.

La realidad del papel del fiscal

A pesar de todos estos temas calientes, fuentes fiscales explican que el fiscal general del Estado «poco o nada» puede hacer «para solucionar los problemas del país». Y es que «no va a tener ni más instrumentos ni más facultades» que sus antecesores. Aunque estas fuentes apuntan que mejorara la relación con el Tribunal Supremo. El propio Maza reconoce que deberá acostumbrarse a pasar de ejercer una función «decisoria» a una «postulante» ante sus antiguos compañeros cuando las causas afecten a aforados.

El nuevo fiscal del Estado se mostró el pasado 23 en el Congreso de los Diputados encantado por ejercer este nuevo cargo y se comprometió a ejercerlo «con esfuerzo y honestidad». Por ello, no tuvo reparos en admitir que ha optado por «un cambio de vida» que le ha causado algún «trastorno», pero se comprometió a defender la autonomía del fiscal. «El fiscal solo debe obedecer a su propio criterio» y «no debe ni puede rendir y cumplir órdenes ajenas», sentenció.