Francés de vocación y español por nacimiento, Manuel Valls (Barcelona, 1962) ha confesado que va a competir en las primarias socialistas por amor a Francia. «Quiero dar todo por una Francia que me ha dado tanto», declaró el lunes al dar a conocer en el ayuntamiento de Évry, donde fue alcalde a los 39 años, que tiene el objetivo puesto en el Elíseo. «Ahora sí, soy candidato a la Presidencia de la República», confirmó finalmente.

Primer ministro desde abril de 2014, puesto que ahora dejará para dedicarse en cuerpo y alma a la campaña, lleva figurando en la carrera de los presidenciables desde hace años, algo que negaba hasta hace semanas. En el Palacio de Matignon, hace justo dos años le planteábamos esa cuestión y su respuesta entonces fue tajante: «No puedo pensar en otra cosa que en mi misión como primer ministro. Además si los franceses confían en mí porque estoy trabajando como primer ministro y luego ven que hablo de otra misión, dejarían de confiar en mí». En ese momento era así: se debía a la jefatura del Gobierno.

Sus palabras denotaban rectitud y lealtad a unos principios claros anclados en su vocación de servicio a la patria. «Yo soy patriota. He aprendido a ser francés. Mi padre es barcelonés, mi padre es suiza-italiana, no tenían familia en Francia y yo soy un patriota republicano y amo este país más que ninguna otra cosa. Francia es un gran país: su literatura, su cultura, su apertura al mundo las tenemos que preservar. El nacionalismo encierra. Ser patriota es algo distinto. Es amar tu país», declaraba Manuel Valls al entonces director de El Mundo, Casimiro García-Abadillo, en el despacho donde guarda como una joya una de las obras realizadas por su padre, el pintor Xavier Valls Subirà.

Su tío Manuel Valls compuso el himno del Barça, y nació en Barcelona por deseo de su padre el pintor Xavier Valls y su madre Luisangela Galfetti

Manuel Valls, que siempre vivió en París y vino al mundo en Barcelona porque sus padres querían que conservara sus vínculos con España, se nacionalizó francés a los 20 años y se hizo miembro del Partido Socialista. Conserva por España una pasión casi adolescente, que se delata en su ardor culé, y en el cuidado con el que habla castellano. Como si lo acariciara. Varios de sus asesores más directos, como Benjamin Djiane, se defienden con soltura en la lengua de Cervantes.

Ha imbuido de su pasión por el Barça a sus hijos, Benjamin, Ugo, y los gemelos Joachim, y Alice, fruto de su primer matrimonio con la profesora Nathalie Soulié, con quienes acude en ocasiones a partidos señalados. Le une al equipo blaugrana también el ADN pues su tío Manuel Valls i Gorina es autor del himno del club.

Reconoció el lunes, al anunciar sus aspiraciones al Elíseo, que quiere que «Francia sea independiente, inflexible en sus valores, frente a la China de Xi Jinping, la Rusia de Vladimir Putin, la América de Donald Trump, la Turquía de Erdogan». Una de sus preocupaciones es el auge de la extrema derecha. «No quiero que Francia reviva el traumatismo de una extrema derecha en la segunda vuelta… Francia necesita la izquierda», aseguró el lunes en Évry, rodeado de su madre, Luisangela Galfetti; su esposa, la violinista Anne Gravoin, que conserva su apellido algo poco habitual en Francia, y sus más allegados.

En diciembre de 2014, ya decía Valls sobre el temor a una extrema derecha cada vez más fuerte: «Ese peligro es la gran prioridad, y para eso hemos de hacer las reformas… hemos de unir a toda la gente que piensa que este país no puede estar representada por una extrema derecha que es todo lo contrario de lo que es Francia. La extrema derecha propone un programa que derriba totalmente a Francia… Tenemos que explicar a la gente que ese mensaje de odio no es posible en una sociedad como la nuestra».

Tenemos que dar confianza y optimismo a la sociedad francesa. Lograrlo quizá sería pasar a la Historia»

Socialista pragmático, formado al amparo del ex primer ministro Michel Rocard, confesaba en aquella ocasión a la hora de definir su credo político: «Lo que me pregunto cada mañana es si mi política es eficaz para lograr más empleo y luchar contra las desigualdades, si es eficaz, en definitiva, para resolver los problemas de los franceses». Sin etiquetas y sin prejuicios, pero con unos valores firmes. «Estoy muy preocupado con la subida no sólo de los populismos en Francia, sino también con el racismo y el antisemitismo. Me preocupa mucho porque eso no es Francia ni la sociedad europea en la que yo creo», aseguraba.

Siempre ha sido muy honesto a la hora de recocer los problemas del socialismo europeo después de la caída del Muro de Berlín. Declarado admirador de la Tercera Vía de Blair, incluso clintoniano, afirmaba en 2012 en El País: «Pensar en otro tipo de sociedad que no sea capitalista no tiene sentido», y aseguraba que la misión de la izquierda es «luchar » contra las desigualdades» que el sistema generaba.

Ya fue candidato a las primarias socialistas en 2011, pero tenía claro su apoyo al más fuerte, entonces el actual presidente Francois Hollande, que terminará su mandato con la popularidad por los suelos. En mayo de 2012 fue nombrado ministro del Interior en un momento en el que la lucha contra la radicalización islamista se hacía imprescindible. Trató de conjugar su visión del Islam como «elemento constitutivo integral de la Francia de hoy» con el respeto a la laicidad de la República. Su defensa de la ley y el orden fue bien acogida entre los franceses, que le bendijeron con la mejor popularidad del gabinete.

En las distancias cortas, Valls, que también aprendió italiano con su madre, es discreto, casi tímido, y extraordinariamente correcto con sus colaboradores. Pequeño y elegante, argumenta de forma pausada y destila una inteligencia sofisticada. Al preguntarle en aquel fugaz encuentro cómo le gustaría pasar a la Historia fue modesto y cercano. «La Historia la vivimos cada día… Yo tengo una visión optimista del mundo… Tenemos que dar más confianza y optimismo a la sociedad francesa. Lograrlo quizá sería pasar a la Historia». Si consigue llegar al Elíseo, hará historia. Un caballero de origen español en el trono (republicano) de Francia.