El Gobierno ha decidido dar la callada por respuesta a la convocatoria de una Cumbre sobre el referéndum por la independencia que ayer hizo pública Carles Puigdemont de forma inesperada. La respuesta unánime del equipo de la «operación diálogo» tanto en Madrid como en Barcelona ha sido el silencio oficial ante la iniciativa del presidente de la Generalitat, justo el día después de que la vicepresidenta del Gobierno visitara Barcelona para iniciar la segunda fase de su plan para reconducir las relaciones entre Gobierno y Generalitat y evitar el choque de trenes que supone el referéndum que planea Puigdemont.

Más allá de la postura oficial, desde el Gobierno valoran con un escueto «más de lo mismo» la convocatoria de la cumbre. Una respuesta entre desdeñosa y contemporizadora en la línea de las valoraciones con las que el Gobierno acoge las iniciativas independentistas. Del mismo modo que el ministro de Justicia, Rafael Catalá, restaba importancia el miércoles al hecho de que muchos electos municipales escenificaran en Cataluña que acudían al trabajo par saltarse la celebración de la Constitución. Nada que ver con la reacción del pasado 12 de octubre al boicot a la Hispanidad.

Imperturbable, por lo menos aparentemente, la vicepresidenta mantiene su agenda, que el próximo sábado 17 le lleva de nuevo a Barcelona, esta vez para participar en un acto de partido, puesto que allí se reunirán los responsables de la ponencia política del próximo Congreso. Mientras, los equipos de Santamaría y Oriol Junqueras, vicepresidente de la Generalitat, siguen trabajando en los preparativos de la reunión a la que se han emplazado, de nuevo, en la capital catalana.

Justifican la cumbre en la falta de avances con el Gobierno

Unos trabajos que ayer negaban algunas fuentes de la Generalitat. Esas mismas fuentes justificaban la convocatoria de la Cumbre del Referéndum para el próximo 23 de diciembre precisamente en la ausencia de avances en el diálogo anunciado por el Gobierno. «Dado que no se ha producido ningún avance concreto en el anuncio de diálogo, el president avanza en la agenda marcada», señalan, en referencia a la hoja de ruta alcanzada el pasado septiembre durante el debate de la moción de confianza a la que se sometió para fijar el apoyo de la CUP a su ejecutivo.

Esta agenda marca los pasos hasta la celebración del referéndum sobre la independencia en septiembre de 2017, para lo que el Parlamento catalán debe aprobar antes las leyes de desconexión y el gobierno de la Generalitat preparar los mecanismos para la celebración de la consulta. En ese programa, la primera cita es precisamente la celebración de la cumbre convocada ahora; una cita que la CUP venía reclamando insistentemente desde hace semanas. Ha sido más efectivo, sin embargo, que Sáenz de Santamaría visite Barcelona para reunirse con los líderes constitucionalistas y no con la Generalitat.