La historia reciente de la Navidad posee un gran componente de celuloide que tiene marcadas a varias generaciones con la escena de La gran familia (1962) en la que el abuelo -el actor Pepe Isbert- pierde al pequeño de sus nietos en el mercado navideño de la Plaza Mayor de Madrid. «¡Chencho! ¡Chencho!», gritaba Isbert con su voz afónica. Mucho ha cambiado el país respecto al que se ve en la película. Una cinta en la que el esforzado padre de una familia con quince hijos -interpretado por Alberto Closas- se desloma en varios trabajos para sacar adelante a su prole. Esta es la base argumental de la comedia que se estrenó en las navidades de 1962. Hoy esta película se podría incluir en el género de ciencia ficción (incluso de terror) si nos remitimos a la tasa de natalidad de 2015: menos de un hijo y medio (1,33), frente a los casi tres (2,88) de 1962. La película es un buen reflejo de la España que salía de la autarquía. El capital humano de la familia era tan amplio como excedentaria era la masa laboral del país, que tenía que buscarse el pan en el extranjero. Las remesas de los emigrantes, los primeros créditos dados al Estado por los EEUU y el dinero entrante del turismo inyectaron vitalidad a una economía en coma. La clase media, desaparecida del mapa tras la guerra, empieza a crecer en los años del desarrollismo junto con la sociedad de consumo. Tener una casa, un coche, electrodomésticos y todo tipo de bienes de consumo ya era posible, vía crédito, para los españoles.

Sólo hay que viajar en el tiempo, vía hemeroteca, a las páginas navideñas de ABC de 1962, para vislumbrar cómo se hacía espacio el consumo entre las aspiraciones vitales de los españoles. La Gran Familia competía en la cartelera con Barrabás, cine bíblico del bueno en una película protagonizada por Anthony Quinn, que llevaba cuatro meses en cartel. Una longevidad imposible para una película del presente. En Madrid se anunciaba la expansión de la ciudad por el Barrio de la Concepción, «desde 66.000 pesetas su piso» en una de las colmenas que quedaron inmortalizadas en el cine de los ochenta por Pedro Almodóvar en Qué he hecho yo para merecer esto. Comprarse un seat 600, arquetipo del desarrollo patrio, costaba lo mismo que hacerse con un piso: 64.000 pesetas. En 2016, una vivienda de dos habitaciones, en los mismos edificios del Barrio de la Concepción, según el portal inmobiliario Idealista, está entre 145.000 y los 230.000 euros. Un Fiat 500, modelo que vuelto al mercado por la moda vintage y primo hermano del pelotilla, cuesta más de 13.000 euros.

Frente a los estrenos millonarios de Disney y su factoría de franquicias para juguetes que vivimos en este siglo, se anunciaba en la prensa del momento, el volumen Películas de Disney, con las historias, en viñetas, de las películas de dibujos. Aunque la candidez se torna extrema cuando vemos a Marisol, con 14 años, promocionando un disco en el que narra cuentos clásicos como Caperucita. Algo que se podía comercializar como el mejor regalo para los niños de aquellas navidades.

Una intensa ola de frío afectó a la península durante la Navidad de 1962, y dejó una de las nevadas más grandes registradas en Barcelona, que pasó sus fiestas más blancas. Algo que costará ver cada vez más en un mundo que está a punto de cerrar el año más caluroso desde que se tienen registros.

Además de todos los productos para el hogar, que estaban destinados a la mujer para que ésta cumpliera su papel lo mejor posible en la casa, aquella incipiente sociedad de consumo de los sesenta se introdujo en la fiesta más importante del catolicismo para robarle paulatinamente el protagonismo.

El lugar de culto de la Navidad ha ido desplazándose de la iglesia al mercado y a las grandes superficies que han dado cabida a las necesidades de la nueva sociedad. El kilómetro cero de la festividad es ahora la plaza Mayor de Madrid, el mercadillo del Mercado Central de Valencia, el mercado de la calle Bailén en Bilbao o el de la plaza de la Alameda en Sevilla. Y esos son los lugares tradicionales que aportan autenticidad y sentido a la fiesta, pero el terreno de juego de la nueva fe consumista, que empezó en los años sesenta, son las grandes superficies, los centros comerciales y hasta los pop-up stores y pop-up markets que aparecen en estas fechas para intentar saciar tanta ansia de compras. La fiesta del consumo ha adelantado las navidades, las luces se encienden en noviembre, las compras hacen con más de un mes de antelación, se ha consolidado el Black Friday, el roscón y el turrón llegan antes a los supermercados y se han creado más momentos para la fiesta y el consumo: cenas de empresa, cenas de amigos y amigos invisibles.

Mercadillo navideño

Mercadillo navideño

Del abeto a la Flor de Pascua

Pepe Isbert estaría hoy más perdido que Chencho en el mercadillo de la Plaza Mayor de Madrid. El mercadillo navideño, que es una asociación de comerciantes, nació en 1940, entonces los puestos se ponían en cajas de pescado, que evolucionaron a un mercadillo de puestos con techos de tela hasta que en los ochenta se instalaron las casetas. Los belenes, los productos de decoración navideña, los artículos de bromas y los disfraces procedentes de China conviven en este mosaico representativo de lo que, se supone, son estas fiestas. La plaza lleva décadas cerrada al tráfico, su iluminación se ha multiplicado y los abetos han desaparecido de la venta al público. Pero no sólo en la plaza, en las floristerías de barrio ya no se acumulan por el suelo los árboles esperando un comprador. Hoy es difícil dar con un árbol de Navidad natural en una casa. La primera investigación sociológica de la Navidad que realizó el Instituto de Opinión Pública de Madrid -institución predecesora del Centro de Investigaciones Sociológicas- señalaba, en 1972, que el árbol de Navidad había desplazado en los hogares madrileños al nacimiento. El primero estaba presente en un 33% de los hogares, frente a un 21% de los que tenían el belén. Barcelona, la otra ciudad objeto de este estudio se mantenía fiel a los nacimientos, que estaban presentes en 30% de los hogares, frente al 16% de los árboles de Navidad. En el estudio más reciente del CIS sobre la Navidad, de 2009, los encuestados aseguraban poner en el 34% de los casos el árbol y el nacimiento. En la encuesta realizada por El Independiente con el panel de Google Surveys  a finales de noviembre de 2016, las personas que reconocen poner el árbol superan, con un 43%, al nacimiento, que sólo afirman ponerlo un 23% de los encuestados.

Lo que no detallan estas encuestas es si estos árboles son de plástico o naturales. ¿Quién compra hoy estos árboles? José Martel, estudiante de la Escuela de Montes de Madrid, atiende al teléfono para la reserva de abetos navideños que su facultad habilita todos los años lo detalla: «Hay de todo, pero hay un porcentaje muy alto de extranjeros que tradicionalmente celebran las fiestas con árboles naturales. Son norteamericanos, nórdicos y también sudamericanos en un porcentaje especialmente alto frente a las familias españolas». Los ingenieros de montes consideran que los abetos procedentes de viveros son más sostenibles que los contaminantes árboles de plástico. Sobre este asunto, Santiago González Soriano, director de la Asociación Española de Centros de Jardinería (AECJ) considera que el abeto natural ha sido víctima de un ecologismo mal entendido: «La falsa idea de que el abeto natural era una especie de expolio a la naturaleza, ha enviado el cultivo y consumo del abeto de Navidad a un nivel testimonial. Ese cultivo, daba vida a comarcas de mediana montaña poco pobladas de Navarra, País Vasco, Cataluña y otras zonas. Una vez vendidos, las parcelas se volvían a plantar y generaban oxígeno. Ahora, el número de parcelas se ha reducido un 80%, y han quedado sin cultivar. El abeto natural se ha sustituido por el artificial, cuya fabricación ha comportado contaminación, y el día que se tira es un residuo plástico poco o nada reciclable».

Mientras los extranjeros compran los abetos para seguir fieles a sus costumbres y nosotros ponemos los regalos debajo del árbol made in China, hemos incorporado a nuestras casas la Flor de Pascua que, como explica González, es el producto rey a nivel ornamental para los viveros. «La flor de pascua hasta principios de los 80 sólo se veía en películas americanas y anglosajonas. Gracias a su colorido y valor decorativo ha tenido una gran progresión durante 30 años y, a día de hoy, existe un consumo consolidado. Existen muchos formatos y colores y se ha convertido en el producto rey de la navidad a nivel ornamental», señala el presidente de la AECJ.

Fotograma de La gran familia (1962)

Fotograma de La gran familia (1962)

Papá Noel y Reyes

«En casa somos de Reyes Magos». Esta es una frase que se escucha a menudo durante estas fechas, como una resistencia a la tradición anglosajona que el cine y la televisión ha introducido en nuestros hábitos. En 1972 ese debate ya existía y según los datos del Instituto de Opinión Pública el 28% los madrileños y el 19% de los barceloneses ya daba los regalos el 25 de diciembre. En 2009 el CIS detectaba que esa división entre los Reyes Magos y la Navidad continuaba. Pero lo que nos hace únicos a los españoles es que hemos incorporado las tradiciones anglosajonas sin renunciar a las nuestras y ahora se celebra Papá Noel y vienen los Reyes Magos. Según la encuesta de El Independiente el 42,9% afirma que en sus casas se dan regalos en Papá Noel y en Reyes Magos. Un 26% se mantiene fiel a la noche de Reyes y un 10% sólo da regalos de Papá Noel.

En el País Vasco persiste la tradición del Olentzero, según un estudio del Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco de 2007. Un 65% de los vascos mantienen al Olentzero como personaje que entrega los regalos, un 60% a los Reyes Magos, un 13% recurre al amigo invisible y únicamente un 7% a Santa Claus. La suma es superior a 100 porque en algunos hogares los regalos se reparten en más de una ocasión. Otros personajes como el Apalpador en Galicia, el Esteru en Cantabria, el Angulero en Asturias o el Tientapanzas en Écija, se mantienen con cierto arraigo y en algunos casos se promocionan institucionalmente por su singularidad cultural. No hay estudios sobre los malabares mitológicos que tienen que hacer los padres para explicar a sus hijos la invasión de señores que traen juguetes.

Con tantos regalos que hacer no es de extrañar que siga creciendo la fiebre consumista. La Navidad del consumo se extiende por noviembre con el Black Friday y por enero con las rebajas. En estas fechas se concentra la gran parte de las ventas de muchos productos como el perfume, que es uno de los regalos clásicos. El 30% de las ventas de éstos se hace durante las últimas ocho semanas del año, según Stampa, la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética. En esta época se dispara también la venta de cofres o packs de regalo de perfumes, «puesto que se ha convertido en un producto de lujo a un precio asequible», explican desde Stampa. En 2015 se vendieron 3.000.000 de frascos, el 60% de mujer, y 1.6000.000 packs de regalo en la campaña navideña.

El sector textil con su fórmula de moda rápida atrae gran parte del consumo que se hace en estas fechas. El consumo de moda creció la Navidad pasada un 23,6%, según el estudio Fintonic de 2016 El consumo de moda es España. Según este informe Inditex, Primark, H&M y Mango concentra entre el 25% y el 30% de sus ventas. El crecimiento de este sector ha llamado la atención de los ecologistas sobre la sostenibilidad de ambiental de esta lógica de producción y consumo. Un reciente estudio de Greenpeace sobre la moda rápida destaca que compramos un 60% más de prendas de ropa cada año y las conservamos la mitad de tiempo que hace 15 años.

La Navidad de este año contará con un mayor consumo que en años anteriores. Hasta un 6% más, según el Barómetro de tendencias en las compras navideñas, realizado por American Express. Los regalos es la partida que acapara mayor porcentaje del presupuesto, un 37%, seguidos de la alimentación (29% del gasto), ocio, con un 12% y viajes (8%).

El fenómeno consumista no ha pasado desapercibido para los intelectuales que han calificado a nuestra sociedad de hiperconsumo. Jorge Fernández Gonzalo fue un poco más lejos en su obra Filosofía zombi (Anagrama,2011), con el que fue finalista del Premio Anagrama de ensayo. En el libro relaciona a los putrefactos no-muertos con los consumidores insaciables de nuestra sociedad actual. “Somos zombis a disposición del hambre consumista justamente porque, como buenos zombis, no sabemos que lo somos”, describe el autor. Además somos tan buenos zombis que hemos transformado “nuestro descanso en gasto, consumo, acumulación y despilfarro”. No hay momento del año en que esto sea más evidente que en Navidad, cuando la diversión y el intercambio son una sola cosa. La Gran Vía de Madrid, abierta a las hordas de consumidores, es una muestra de cómo el espacio público deriva en una ciudad-mall. Y para desconcierto de las ideologías se promueve por un ayuntamiento de izquierdas y se denuncia por la líder liberal de la oposición. Durante la Navidad zombie, ya no se pierde únicamente Chencho.

Gran Vía de Madrid

Gran Vía de Madrid

 

La familia, el pilar

Pese a que la familia ha sufrido muchas transformaciones en los últimos cincuenta años, sigue siendo, en todas sus formas, el pilar de la Navidad. La Nochebuena es el momento más familiar de todos. En el año 72, los madrileños la pasaban en el 98% de los encuestado en casa con familia y amigos. En el 2009 según el CIS, el 98,7%, lo hacían, igualmente, en su hogar o en el de familiares o amigos. Salvando las diferencia metodológica, la encuesta de El Independiente sitúa la cifra en 86,5%, ya que se da un incremento de las personas que pasan la Nochebuena solas en casa (7,6%).
El porcentaje «familiar» disminuye cuando se trata de la Nochevieja, cuando además del 7,8% que reconoce pasarla a solas, se une un 7,8% que lo hacen en un local en una fiesta. Según el estudio de 1972 sólo los «jóvenes solteros de clase socioeconómica alta salían de sus casas con amigos a salas de fiesta». En el sondeo de El Independiente, el 25% de los jóvenes entre 25 y 35 años empiezan la noche en casa y luego salen.

En 2004 un 14% de la población viajaba por ocio durante el periodo navideño, según el CIS -la encuesta de El Independiente sitúa esta cifra en el 26%-. En ambos casos la principal razón es para visitar a la familia y amigos y en segundo lugar por hacer deporte o turismo. Respecto a los años sesenta los españoles viajan más en general, pero incluso en los viajes de Navidad que se hacen ahora, se hacen en familia o en grupos de familia. Según la división de Viajes Barceló, «los viajes de estas fechas son eminentemente familiares, aunque lo que se produce cada vez más es que varios grupos de de amigos viajan con sus respectivas familias». Desde hace 12 años, los viajes que se ofertan entre el 27 de diciembre y el 3 de enero «se venden todos y se sigue aumentando la oferta año tras año. Para esta Nochevieja ya está prácticamente todo vendido, especialmente a los destinos que funcionan mejor en estas fechas, como son Caribe y Canarias», señalan desde este operador. Pero la tendencia a viajar en Navidad se está extendiendo a la Nochebuena, hace unos años no se preparaban paquetes vacacionales para esa fecha, pero ha aumentado la demanda.

Llenar la mesa siempre ha sido un quebradero de cabeza para las familias, que ya en el 72 reconocían que un 82% de los encuestados aseguraban que se excedían de su presupuesto durante estos días. La encuesta de El Independiente mantiene ese dato, con 73% de encuestados que superan su gasto habitual. Un 28% gasta más del doble que un mes normal. La mejora de los ingresos de los españoles ha marcado la evolución de los productos que ponemos en la mesa durante estas fiestas y aunque la crisis les ha pasado factura, no faltan en las mesas. Según Nielsen la cesta de la compra se mantiene muy tradicional y en 2015 tuvo al marisco como el producto que movió más millones (222) y con él, la que las familias realizaron más esfuerzo económico. Le siguen el turrón y las bebidas. Pero estos productos también han tenido que adaptarse a los consumidores en el último medio siglo. La mesa y los productos que consumimos en Navidad, como el turrón y el cava, han evolucionado con nosotros y con el país, y se encuentran entre los productos más exitosos en comercio exterior.

Andrés Cortijo, director general de El Lobo, nos explica que el sector del turrón ha vivido una evolución muy significativa en las últimas cinco décadas. El principal reto «ha sido la industrialización de los procesos de producción sin perder la calidad del producto». Mientras que los años sesenta el turrón era algo muy artesanal ahora se han introducido cambios para adaptarse a la situación actual. «Ahora hay más momentos de consumo -explica Cortijo- por eso se ha evolucionado en los formatos y en la presentación. Se ha pasado de las tabletas de 500 gramos a las de 300 gramos, y ahora los de 250 gramos». Con estas modalidades se ha perseguido adaptarse a las nuevas forma de familia, que hay ahora más reducidas, y que los turrones no se estropeen. Muchos se presentan con empaquetado individual, porque según los estudios de mercado de esta compañía turronera los momentos de consumo han aumentado, ahora se organizan visitas de amigos además de las de las familiares, y se adelanta el consumo. Otro de los aspectos detectados por la industria turronera es la necesidad de funcionalidad en estos días. «Ahora producimos bandejas premium de turrón que ya está cortado y envuelto individualmente para servir directamente en la mesa, así los anfitriones no tienen que perder el tiempo», señala el turronero. Esa funcionalidad es también apreciable en las latas de doce uvas peladas que se han introducido en el mercado en los últimos años.

El cava, otro clásico en la mesas navideñas. «Con el final de la autarquía a principios de los sesenta el cava empieza a llegar a un mayor número de personas. Entonces se hacían 30 millones de botellas que se consumían prácticamente en su totalidad en el mercado interno y era un consumo muy estacional», explica Pedro Bonet, presidente del Consejo Regulador del Cava. «Codorniú fue el productor que mejor llegó con su marca a la nueva burguesía creciente del país. Prácticamente controlaba un mercado con el 90% de la producción», señala Bonet. Los años setenta marcaron el comienzo de la distribución moderna en España y otras marcas empiezan a operar con éxito. «Freixenet es, en ese momento, la empresa que mejor interpreta los cambios y crea un red comercial propia. Pero el consumo sigue siendo muy estacional y ocasional para eventos especiales. La producción a finales de los 70 es de unos 60 millones de botellas. En los 80 y 90 el número de elaboradores sigue aumentando y ahora estamos en los 245 millones de botellas», según Bonet.

Otro producto que no ha faltado en la mesa es la sidra achampanada. «El Gaitero entró en el mercado interior, después de la revolución castrista en Cuba -cuenta María Cardín, de Marketing de la empresa asturiana-. A diferencia de otros productos, la sidra empezó exportando, porque estaba destinada a la emigración asturiana, y Cuba y México eran las sus principales mercados». Tras los acontecimientos de Cuba, la empresa de Villaviciosa se centró en el mercado interior y consiguió meterse en los hogares de toda España. La fórmula navideña le sigue funcionando a esta empresa que es la líder en el mercado de sidra sin tener que hacer cambios ya que, como reconoce, Cardín, la botella de sidra espumosa tradicional sigue siendo lo que más se vende. «Es una sidra que se compra con la excusa de que es para la abuela, pero la bebe toda la familia», asegura Cardín.

Publicidad antigua de El Gaitero

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La eterna vuelta a casa

Pero la sidra El Gaitero no es el único producto navideño vinculado a la emigración española. Con su campaña de Vuelve a casa por Navidad, los turrones El Almendro, llevan décadas echando hormigón armado a los valores familiares navideños aprovechando el bucle sentimental de ausencia y retorno que vive la sociedad española. La culpa es de un mercado de trabajo que no termina de absorber a su fuerza laboral y parece condenada a la emigración. Entre 1960 y 1967 emigraron a Europa 1.900.000 españoles, según los datos de los países de destino, en su mayoría eran trabajadores de temporada por lo que las cifras de emigrantes oscilaban y eran muy sensibles a la situación económica de los países de destino. Así en los setenta con la crisis del petróleo la emigración se redujo drásticamente. La proporción de retornos entre los emigrantes siempre ha sido muy elevada pero en 2001 se contabilizaron 1.431.000 residentes en el exterior. A día 1 de enero de 2016 se ha convertido en 2.300.000 debido a la última crisis económica.

TeleNavidad

En 1962 se celebró en el Teatro Español de Madrid el primer sorteo por el sistema de bombos múltiples que hoy sigue funcionando. El sonido de esos bombos moviendo las bolas de los números marca el comienzo sentimental de las Navidades. El sueño millonario de la lotería no podría encajar mejor en la narrativa de unas fiestas orientadas al consumo. El sueño de convertirse en millonario antes de la festividad no ha hecho sino extenderse con los años. En 1966 se emitieron para el sorteo 14 series de 62.000 números, hoy son 165 series de 100.000 números. Y la clave para que esta lotería haya seguido creciendo con los años ha sido no cambiarla.

Juan Antonio López, subdirector de Comercialización de Juegos de Loterías y Apuestas del Estado, explica que la lotería no ha cambiado con los años, «más allá de aumentar los números y billetes a la venta y la ubicación del sorteo, todo sigue siendo igual. Es de las cosas que menos ha cambiado en Navidad, y no vamos a cambiar nada, ni nuevos diseños ni nada, porque algo que funciona bien y que gusta como está, no necesita cambiarse. En otros juegos se han cambiado cosas, pero en el Sorteo de Navidad, nada».

Fotograma del anuncio de Lotería de Navidad de 2013

Fotograma del anuncio de Lotería de Navidad de 2013

Pese a que los cambios son pocos, cualquier español de 1962 que fuese movido en el tiempo para presenciar el sorteo en directo se pensaría que España es el reino de Oz o que en el futuro el carnaval se celebra junto con las navidades. Un espectáculo al que este año asistirán más de 300 medios acreditados y que abre la dimensión catódica de la Navidad, que es más real que la Navidad misma. La narrativa consumista de esta época empieza con el sueño de poder ser rico por un golpe de suerte, para después convertirse en el mejor escaparate de productos para mayores y pequeños, en uno de los momentos de mayor consumo televisivo del año. Con las citas estelares de la Nochebuena y la Nochevieja.

Toñi Prieto, directora de Programas de Entretenimiento de RTVE, hace memoria sobre la evolución de los programas que se emiten en esas noches de máxima audiencia. «No ha cambiado mucho porque la gente lo que quiere es no prestar atención, la gente está en familia y es un hilo musical de fondo». En los ochenta, bajo la dirección de Fernando Navarrete, las emisiones en directo dieron alguno de los episodios más memorables y más comentados en los recreos de la EGB y en los bares de todo el país como la actuación de la cantante italiana Sabrina, que en un momento de la actuación enseñaba, accidentalmente o no, un pecho. Debates que no pasan de moda, hay que recordar que en el arranque de 2016, miles de tuiteros lanzaron su opinión sobre la conveniencia o no de las transparencias del vestido de Cristina Pedroche durante la retransmisión de las campanadas. «En los 80 se cerraron de madrugada algunos especiales de nochevieja con un desnudo integral. Era otra época, hoy sería impensable un uso del cuerpo de la mujer sin sentido», señala Prieto.

La mujer

Al margen de la programación, la publicidad, es la gran productora de deseos navideños. Lo es para los niños y para los adultos. Rosa Urbón, directora del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, no detecta un incremento específico de roles estereotipados con respecto a las mujeres. «El sexismo es similar al resto del año, fundamentalmente recurrir al cuerpo femenino como un reclamo o un objeto sexual o presentar a las mujeres como madres responsables de los cuidados y la armonía familiar. Lo que sí puede ocurrir es que, cuantitativamente, se intensifica su visibilidad porque en la época de Navidad aumentan las campañas de publicidad».

Esto es más claro con respecto a los juguetes. «En este sector sigue manteniendo ciertos roles y estereotipos de género. Aunque ya no se clasifiquen claramente en juguetes para niños y para niñas, sigue existiendo el uso del color rosa para casi todo lo que se ofrece a las niñas, que además está más relacionado con estar guapa, con ser madre y cuidar bebes o con ser princesas. En cambio, los que tienen que ver con la aventura y la acción, con los descubrimientos o con la heroicidad están más dirigidos a los niños». Con todo, esta experta asegura que hay una evolución positiva, «hay más empresas, sobre todo grandes empresas, que empiezan a cuidar más sus estrategias de comunicación, a diversificar su mensaje y evitar los estereotipos más evidentes. Pero aún hay un tratamiento discriminatorio hacia la imagen de las mujeres en la publicidad».

El lenguaje

Por la antena de la televisión han entrado en los hogares gran parte de los cambios que han tenido lugar en España en los últimos sesenta años. Y el lenguaje no es una excepción. Elena Zamora, directora técnica del Instituto de Lexicografía de la RAE, nos desglosa las fechas de incorporación de algunas palabras importantes. «La acepción nacimiento relacionada con la Navidad aparece ya en el primer diccionario de la Real Academia, el conocido como Diccionario de Autoridades, en 1734. Belén entró en 1869 y pesebre en 1984. «Árbol de Navidad no aparece en el repertorio académico sino en la edición de 1970, muchos años después que nacimiento, lo que nos hace pensar que, independientemente de cuándo se instalaran los primeros árboles de Navidad en el ámbito hispánico, no sería hasta la segunda mitad del siglo XX cuando la costumbre calase en nuestra sociedad», afirma esta experta.

En cuanto a la voz christmas, «se registra por primera vez, como voz inglesa, en el Diccionario Manual, en 1989 y en el Diccionario de la Lengua Española en la 22.ª edición 2001. La voz, tarjeta de Navidad, fue introducido como novedad en 2014». Claro que eso era cuando se usaban esos medios escritos tradicionales para felicitar las fiestas. Primero los SMS sustituyeron la felicitación tradicional y ahora la Navidad se celebra por Whatsapp en el país con mayor penetración de móviles en Europa. Por eso a la voz SMS, que entró en el diccionario en 2012, es posible que no tarden en añadirle, como a otras costumbres, «en desuso».

En los últimos 60 años puede que hayamos dejado atrás una dictadura, transitado a la democracia, entrado en la Unión Europea, modernizado el país y vivido la peor crisis económica en décadas, da igual, porque llegan estas fechas y todo eso es algo ornamental, que parece que está ahí para darnos temas que hablar cuando nos juntamos. Pasan los años y nos comemos las uvas. Quizá la Navidad no sea más que un gran simulacro de una tradición cristiana abandonada, quizá sea una gran performance de una mayoría social que vive en una hiperrealidad y demás giros de las teorías posmodernas de Jean Baudrillard. Pero ponla a prueba, plantea estos temas durante la Nochebuena y verás quién se lleva la primera colleja de la abuela. Feliz Navidad.