Con 35 años y apenas cuatro de carrera política, Inés Arrimadas García (Jerez de la Frontera, 1981) se ha convertido en líder de la oposición en Cataluña y en uno de los rostros imprescindibles de Ciudadanos. Esa progresión no le ha hecho olvidar sus orígenes en la empresa privada, a la que asegura que volverá -«la política no se puede convertir en un modus vivendi«, afirma-. Pero también señala que el reto actual en Cataluña es demasiado importante como para ponerse límites, lo que descarta también que siga la senda de Albert Rivera y su núcleo duro camino a la política nacional.

Pregunta.- ¿Qué le parece el Pacto Nacional por el Referéndum orquestado por el president Puigdemont y la participación en él de Ada Colau?

Respuesta.- Puigdemont no tiene más proyecto que intentar repetir el 9-N y los catalanes necesitamos un proyecto sensato, de futuro, inclusivo y de todos. En cuanto a Ada Colau, está donde siempre ha querido, al lado de los que trabajan para sacarnos de España y de la UE. Colau votó sí a la independencia en el 9-N, fue a la manifestación del 11-S, fue a la manifestación para que Forcadell se pueda saltar las leyes sin consecuencias y el viernes estuvo en la reunión para repetir el 9-N.

Hasta ahora, el escenario era perfecto para los independentistas: sólo reacción judicial»

P.-¿Coincide en las críticas al Gobierno por “judicializar” la crisis política catalana?

R.– Hay dos ámbitos que deberían estar muy diferenciados y no lo están: el político y el jurídico. Los jueces deben aplicar las leyes a todo el mundo. Sólo con la Justicia no se va a solucionar el problema, pero la Justicia tiene que actuar. Además, los políticos debemos hacer política, y ahí se deben abrir nuevos cauces. El Gobierno empieza a entender, gracias a que se lo hemos exigido, que tiene que abrir la Conferencia de presidentes autonómicos para hablar de financiación, que tiene que hablar de reforma constitucional… Tiene que hacer política para dar salida al problema. Hasta ahora, el escenario era perfecto para los independentistas, sólo reacción judicial; ahora que hay una mano tendida resulta que ellos no quieren dialogar.

P.– ¿Entendería que, en ese proceso de nuevo diálogo, el Gobierno diera instrucciones a la Fiscalía para retirar la acusación contra Forcadell?

R.– No quiero hablar de supuestos. Tenemos que trabajar en los dos ámbitos, y dentro del político hay mucho trabajo por hacer.

P.– En el ámbito político, el Gobierno puede tomar iniciativas para relajar la tensión judicial.

R.–  No hablo de futuribles porque no sé qué piensa hacer el Gobierno.

P.– ¿Qué reclama Ciudadanos al Gobierno cuando le pide que haga ofertas a los catalanes?

R.– Que haga propuestas para los problemas reales de los catalanes. Por ejemplo, inversiones en Cercanías y en el Corredor Mediterráneo, rebajar peajes, revisar la financiación autonómica; que la gente empiece a notar que los servicios van mejor. Cosas muy concretas, fuera del ámbito identitario en el que estamos instalados desde hace seis años.

P.– ¿Cree que con esas ofertas se desactivará la reivindicación independentista?

R.– Es una alternativa política regeneradora que serviría, aunque también hay que reformar Cataluña. Los problemas que afectan a los catalanes no sólo vienen del Gobierno, muchos también son resultado de cosas que ha hecho mal la Generalitat. Si empezamos a hablar de lo concreto, de sanidad, educación, infraestructuras… Estoy convencida de que tendremos un proyecto ilusionante sobre la mesa que podrá competir mucho mejor con la propuesta rupturista del Gobierno de la Generalitat.

P.– ¿Soraya Sáenz de Santamaría acierta o yerra cuando afirma que el PP es en parte responsable por su campaña contra el Estatut?

R.– Lo que tenemos muy claro es que todo el proceso del Estatuto fue un fracaso. Y si lo que pretende es decir que hay que volver a la vía del Estatuto, se equivoca porque la gestión de ese proceso fue un fracaso para todas las partes. Se empezó a plantear un nuevo Estatuto cuando todavía no se habían desarrollado competencias del anterior; se hizo una reforma centrada en el plano identitario y no en el de la gestión de servicios; y el PP quizá se equivocó con su recogida de firmas.

Las reforma constitucional no es una varita mágica, ni un proyecto parta tres meses»

P.– ¿La reforma de la Constitución servirá para dar salida a este embrollo?

R.– No se puede plantear la reforma de la Constitución para contentar al señor Puigdemont, hay que hacerlo para mejorar el conjunto de España, para modernizar este país. Esto va a ayudar a la situación de Cataluña, porque va a hacer que España sea un país más atractivo, pero la reforma constitucional no es una varita mágica, ni un proyecto para tres meses. Hay que recoger muchas reformas parciales: delimitación de competencias entre CCAA y Estado, mejora del sistema de financiación, reforma del Senado, garantizar mejor la separación de poderes. Soy una firme defensora de esa reforma, pero no como una maniobra a corto plazo para solucionar lo que está pasando en Cataluña.

P.– En las últimas semanas hemos visto ataques a sus sedes y las de otros partidos, escraches a las actividades de Sociedad Civil Catalana, manifestaciones ante cuarteles de la Guardia Civil. ¿Se está tensionando y erosionando la convivencia en Cataluña?

R.– Hay muestras de que la situación política en Cataluña es más tensa que en otras comunidades. Nosotros queremos luchar por volver a la normalidad, nos han atacado siete veces la sede de Hospitalet en dos meses, han pegado a un concejal… Hay que recuperar el sentido común catalán, que debería impulsarse en primer lugar desde el Gobierno de la Generalitat, pero el planteamiento que tenemos ahora es el contrario.

P.– ¿Cómo se revierte ese estado de opinión que ha convencido a un 48% de la población que en las últimas elecciones votó por opciones claramente independentistas?

R.– Poniendo un proyecto ilusionante y alternativo encima de la mesa. En Ciudadanos trabajamos por presentar un proyecto que sea sensato, viable económicamente y que sea inclusivo para todos los catalanes y respete los principios que nos garantizan el estar dentro de España y de la Unión Europea. Y aquí necesitamos una alternativa de gobierno preparada para gobernar de otra manera.

P.– ¿Esa alternativa de gobierno es la que hace que les acusen de haberse vuelto condescendientes con el Gobierno de Puigdemont?

R.– Nadie que haya visto nuestras intervenciones en el Parlament puede sostener eso.

Somos los únicos que no tenemos mochilas: nunca hemos pactado con los nacionalistas»

P.– Pero han recibido esas críticas.

R.– Bastante pocas y siempre externas, no internas. Damos la cara por nuestro proyecto en Cataluña cada día, no nos pueden decir lo contrario. Somos los únicos que no tenemos mochilas, porque no hemos pactado nunca con los nacionalistas, como PP o PSOE. Nadie en Cataluña tiene dudas de que defendemos un proyecto dentro de España y Europa.

P.– ¿Cómo contempla el crecimiento previsto para los comunes de Ada Colau?

R.– Podemos no ofrece nada nuevo, sigue hablando del referéndum de independencia como solución mágica. Llevamos desde 2010 oyendo esto, no es alternativo ni viable. La alternativa realmente la lidera Ciudadanos.

P.– ¿En el Congreso se han quedado descolocados con el pacto PP-PSOE para los Presupuestos?

R.– Para nada, somos una fuerza influyente que hemos obligado al PP a hacer cosas que no tenían ningunas ganas de hacer. Pero no tenemos mayoría, por eso no quisimos entrar en el Gobierno, porque no era el nuestro. Tenemos Gobierno y se están tramitando cosas importantes, como la ley de autónomos, el permiso de trabajo, el grupo de trabajo de la ley de educación. España no se puede arreglar en un cuarto de hora, pero estamos mejor.

P.– Ha quedado la imagen del Gobierno pactando con el PSOE mientras C’s quedaba orillado.

R.– No es cierto. En los Presupuestos se están incorporando partidas gracias a C’s, por ejemplo el complemento salarial para los jóvenes, o la ampliación de la cuota reducida para autónomos. Lo que no apoyaremos son subidas de impuestos, para eso el PP solo va a poder hablar con el PSOE. La política española ha cambiado, vamos a ver acuerdos multilaterales y aritméticas variables, y ahí C’s se siente cómodo.

P.– C’s debe celebrar en primavera la asamblea general en la que se decidirá qué quieren ser de mayores y eso genera tensiones.

R.-Se está gestionando bastante bien. Es normal que haya opiniones y ruido, pequeño en este caso. Tenemos que plantearnos cómo va a ser el C’s de los próximos cuatro años: hemos pasado de ser un partido pequeño y focalizado en Cataluña a ser una alternativa de gobierno a nivel nacional, influyente, con representación en Europa, en 12 parlamentos autonómicos, 1.500 cargos locales. Es un reto muy bonito y lo estamos enfocando con ilusión y ganas de hacer un partido más moderno y alternativa de gobierno.

Albert Rivera ejerce el liderazgo. Quizá el problema es que eso no se da en otro partidos»

P.– Dan la imagen de sufrir el hiperliderazgo de Albert Rivera. ¿Eso se va a solucionar en el Congreso?

R.– No tengo esa percepción. Cada vez se reconocen más figuras de C’s, hoy la gente conoce lo que estamos haciendo en Cataluña, lo que hacemos en Madrid o en Andalucía, donde damos apoyo a los gobiernos autonómicos, en Barcelona con Carina Mejías. Lo que sí es cierto es que Albert ejerce el liderazgo, quizá el problema es que eso no se da en otros partidos.

P.– ¿Prevé elecciones para 2017?

R.– En Cataluña puede pasar cualquier cosa, y lo importante es que estamos preparados para cualquier cosa.

P.– ¿Sería la consecuencia natural de no celebrar el referéndum?

R.– A lo único que puede aspirar Puigdemont es a repetir el 9-N. Y no podemos perder más tiempo, más dinero, ni tomarle más el pelo a la gente, Cataluña no se merece seguir mirando al pasado. Cuando vuelven a hablar de referéndum, están reconociendo que están en un callejón sin salida.