Primera reunión del comité ejecutivo popular, donde apenas ha habido cambios significativos en una clara apuesta por la continuidad. Era un acto más protocolario que otra cosa aunque el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una corta intervención ha expresado su deseo de poder presentar un texto de Presupuestos Generales del Estado para 2017 «antes de Semana Santa».

Ha recordado las negociaciones que aún se mantienen con Ciudadanos, Coalición Canaria, PNV y PSOE, aunque fuentes de la ejecutiva reconocen que «todo está muy verde» y que el PNV, que sería fundamental para pasar los primeros trámites de debate a la totalidad y de enmiendas parciales, «no es de fiar en esta negociación».

En Gobierno y PP hay dos corrientes de pensamiento, transversales, entre los que se inclinan por presentar Presupuestos aunque sea para ser rechazados, y los que defienden que no se puede ir a perder al Congreso con el que es el texto más  importante de cada curso parlamentario. Lo primero, en todo caso, serviría para justificar un adelanto electoral «que Rajoy no quiere, aunque, si no hay más remedio, no es al que más miedo tiene a esa eventualidad». Otros son conscientes de que ir a debatir presupuestos en mitad de las primarias socialistas, impide cualquier tipo de acercamiento a éstos.

Cospedal apela a «recuperar la unidad del centro derecha español», en alusión al voto que ha ido a Ciudadanos

En todo caso, del  único horizonte electoral del que ha hablado Rajoy ha sido del de las locales y autonómicas de 2019. Ha vuelto a reiterar que de los congresos regionales y provinciales del partido, que también deben celebrarse antes de Semana Santa, debe salir una maquinaria electoral potente para «ganar los gobiernos sensatos que la gente necesita», según ha dicho posteriormente María Dolores de Cospedal durante su intervención en el plenario. «Tenemos que recuperar a nuestros votantes perdidos y recuperar la unidad del centro derecha español», ha agregado la secretaria general del PP en alusión all voto que ha ido a Ciudadanos.

Ese es el principal, y espinoso, encargo que tiene el nuevo coordinador general, Fernando Martínez-Maíllo, sobre la mesa.