Felipe VI no sólo se está resarciendo del pasado año de bloqueo político con su reciente desplazamiento a Arabia Saudí y su próximo viaje de Estado a Japón, en abril. Apenas dos meses después de visitar al emperador nipón, el monarca protagonizará con la Reina Letizia el acto estrella de su interrumpida agenda exterior con la muy esperada visita oficial a Reino Unido. Serán los días 6, 7 y 8 de junio -según los datos recogidos en fuentes solventes, y aún no hecho públicos- los que los soberanos de España pasarán a convertirse en huéspedes privilegiados de Isabel II, al cabo de los cuales -el mismo día 9- el monarca viajará solo a la Expo de Universal 2017 en Astaná (Kazajistán).

Una oportunidad que se brindaba idónea el año pasado -se había anunciado oficialmente para la primera semana de marzo de 2016-, en que la reina de Inglaterra cumplía 90 años y los dos escritores universales, Miguel de Cervantes y William Shakespeare, 400; oportunidad que, no obstante, el Gobierno en funciones del PP «pospuso» en febrero, con las maletas prácticamente hechas en La Zarzuela, por «el proceso de formación de un nuevo Gobierno actualmente en curso en España».

La visita tendrá una ventaja en este junio de 2017, cuando justo se cumple un año del Brexit, por cuanto servirá para estrechar relaciones institucionales en un escenario bilateral e internacional notablemente más complicado que el del año pasado; así como para dar un perfil más realista a los seguros encuentros con la City y la clase empresarial. Y aunque la previsión no está exenta de riesgos -como las tensiones en Gibraltar que en 2012 frustraron, también a última hora, el viaje de la reina Sofía al 60 aniversario de Isabel II en el trono-, el programa real servirá para medir el manejo diplomático del jefe del Estado español, como uno de los símbolos continentales y europeos, y el grado de receptividad de los británicos y de sus instituciones. Algo que,  desde perspectivas muy diferentes y de manera mucho más visible y polémica, también sucederá con Donald Trump. A diferencia de la de los Reyes, la visita de Trump está ya oficialmente confirmada por las autoridades británicas, a la espera de fijar la fecha.

Los Reyes, en el Palacio de Windsor

Pero, más allá del contexto político e institucional, lo obvio es que la Corona española recibirá un espaldarazo y se dará un baño de viejo protocolo regio en la más reconocida y consolidada de las monarquías europeas. Si, como es de prever, se cumple el programa del año pasado, los reyes se alojarán en el Palacio de Windsor, la residencia más familiar y querida por la soberana inglesa, y coprotagonizarán una serie de actos que dejarán pequeña la reciente y regia puesta en escena de la recepción de Estado en Madrid al presidente de Argentina y su esposa en el patio de Armas del Palacio Real; así como de la cena de gala celebrada en su interior, con despliegue de joyas de la Corona incluidas. La visita de junio a Londres servirá también para escenificar, en previsible informalidad junto a los herederos británicos, el grado de familiaridad entre la Casa de Windsor y la de Borbón, hoy por hoy beneficiosa para la restaurada dinastía española.