Fue en 2014, en la cumbre de Gales, cuando España, al igual que el resto de países de la OTAN, adquirió el compromiso de aumentar el gasto en Defensa hasta alcanzar el 2% del PIB. El plazo: 2024. Apenas dos años después de firmar ese acuerdo, nuestro país sigue sin llegar al 1% (0,91%), lo que le sitúa a la cola de los 28 miembros. Aun así, tanto el presidente del Gobierno como la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, están convencidos de que España cumplirá. Los especialistas, en cambio, no lo ven tan claro.

“Es muy difícil cumplirlo teniendo incluso buena disposición”, apunta Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Instituto Real Elcano. A su juicio, aunque España mantuviera el crecimiento económico del 3% actual sería todo un reto duplicar el gasto en menos de diez años al tratarse de una progresión tan radical. «Por la experiencia que tenemos, el presupuesto de Defensa respecto al crecimiento del país no sube en la misma proporción”, argumenta.

En la actualidad, sólo cinco países superan esa franja del 2%: Estados Unidos (3,61%); Grecia (2,36%); Estonia (2,18%); Reino Unido (2,17%) y Polonia (2,01%). EEUU no sólo lidera el ranking sino que ha pedido personalmente al resto de miembros un mayor apoyo a la defensa común si “no quieren ver que Estados Unidos modera su compromiso” con la Alianza atlántica. De esta forma se expresó el secretario de Seguridad James Mattis en la cumbre de Bruselas celebrada el pasado mes de marzo. “EEUU lo que pretende es cambiar la cultura europea”, critica el investigador.

Arteaga no comparte las exigencias de la OTAN, ya que habría que tener en cuenta las características de cada país. Por ejemplo, Italia, España, Alemania o Francia, pese al situarse por debajo del 2% de gasto, son los que más contribuyen enviando tropas a misiones en el exterior. “¿Cuánto añade en el 2% Estonia o Grecia a la proyección de seguridad? Nada. Hay países como el nuestro que, gastando menos del 1%, han desarrollado capacidad de proyección que otros países no tienen”, defiende. Además, duplicar el gasto militar en algunos países supondría cambiar la estructura y la mentalidad de los mismos.

Hay países que, gastando menos del 1%, desarrollan una capacidad de proyección que otros no tienen»

¿Significa eso que no debería invertirse más en Defensa? No. Hasta ahora, España ha gastado poco, pero «muy bien», en palabras del investigador. Se ha recortado en munición y gasolina y se ha reducido el mantenimiento. Pero una mayor inversión «permitiría mejorar el rendimiento y llevar a cabo misiones con mayor autonomía estratégica», defiende Arteaga. Por eso, la mejor opción sería estudiar las necesidades para cubrirlas en lugar de ceñirse a una cifra. Lo contrario, advierte, podría suponer caer en gastos innecesarios. “Hay que explicar si se van a utilizar los recursos para luchar contra el terrorismo, para mejorar equipos o para pagar deudas del pasado”, insiste.

Francia es el país que más cerca está de alcanzar la cifra acordada por la OTAN y es previsible que llegue a cumplirla, a juicio del investigador, «pero no por el compromiso con la OTAN, sino por la situación de terrorismo que tienen”, matiza.

Reducción de otras partidas

En 2015, el presupuesto militar rozaba los 8.000 millones de euros. Para aumentarlo de forma progresiva, como planea el ministerio, la única alternativa sería reducir otras partidas. Sobre esto ya se pronunció Cospedal el pasado jueves tras la reunión con su homólogo estadounidense James Mattis en Washington. Tras ser cuestionada sobre las partidas que se verían perjudicadas, justificaba que “si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad, da igual tener garantizado el subsidio de desempleo, la sanidad pública o la mejor educación, porque lo primero que necesita un país es seguridad”.

No obstante, no son las partidas destinadas a la sanidad o la educación las que se reducirían a priori. Según Valentín Edo, profesor de Economía aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, las partidas que menos resistencia suelen poner son las destinadas a infraestructuras e investigación, ya que no tienen un destinatario concreto. De esta forma, afirma, «por poder, se puede alcanzar el 2% en 2024, pero habría que analizar las consecuencias de una subida o bajada en según qué partidas».

En 2015, el presupuesto se incrementó en más de mil millones respecto al inicial»

Edo, al igual que Arteaga, defiende la idea de «presupuestar con objetivos», es decir, estudiar las necesidades antes de adjudicar una cantidad. En Defensa, además, el presupuesto que se acuerda cada año no es el que finalmente se ejecuta, ya que a lo largo del año el Ministerio aumenta las partidas mediante créditos extraordinarios que se aprueban por decreto ley. En 2015, el presupuesto durante el año se incrementó en más de mil millones respecto al fijado inicialmente.

El próximo mes de mayo, los jefes de Estado se reunirán de nuevo en la cumbre de la OTAN que tendrá lugar en Bruselas. Allí, los expertos confían en que se puedan negociar algunas condiciones del acuerdo. “Empezarán a hacer las cuentas par ver el margen de maniobra que tienen y luego se hablará bilateralmente antes de llegar a un acuerdo final. No pueden llegara allí y aceptar cifras”, explica Arteaga. “Seguramente, el acuerdo final será sobre gastar mejor que sobre gastar más”.