Ya sabíamos que Donald Trump es un presidente de acción, pero pocos imaginaban que en tan poco tiempo daría un giro tan radical a la política de EEUU en el conflicto de Siria, menos aún cuando Trump había dado muestras claras de su acercamiento al líder ruso, Vladímir Putin, uno de los grandes defensores del régimen de Bashar Al Assad en la región. Pero Trump ha demostrado que su lema va más allá de America First (América primero). También quiere una América de vuelta en el tablero internacional. A su manera.

La gota que ha colmado el vaso de la paciencia de Trump ha sido el ataque con armas químicas del martes por la mañana que se ha cobrado la vida de unas 80 personas en Jan Sheijun, en la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria. El régimen de Al Assad negó haber usado este tipo de armas, y Rusia argumentó que se había bombardeado un depósito de armas químicas de los rebeldes. Activistas y testigos sobre el terreno confirmaron el bombardeo y las imágenes de las víctimas dieron la vuelta al mundo. Donald Trump calificó el ataque como “afrenta a la Humanidad” y acusó al régimen de Damasco de haber cruzado “muchas líneas rojas”.

Hillary Clinton ha reconocido ahora que deberían haber sido “más agresivos” con el régimen de Al Assad

Trump también aprovechó para acusar a la Administración Obama de inacción en la guerra de Siria. A muchos les vino a la memoria entonces el ataque químico de Guta, en agosto de 2013. Guta era uno de los principales distritos bajo control del Ejército Libre de Siria en Damasco y una amenaza para el régimen. En la mañana del 21 de agosto la oposición siria denunció haber sufrido el peor ataque químico en 25 años. Decenas de vídeos mostraban a las víctimas, que se contaron por centenares. Hasta 1.300 muertos. Y no se hizo nada. Los expertos aseguraban que no había rastros de simulación.

Durante días Obama estuvo calibrando cómo responder y finalmente no hubo intervención de EEUU. En aquel momento, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, y luego rival de Trump en la lucha por la Presidencia, era partidaria de intervenir. De hecho, Hillary Clinton ha reconocido ahora que deberían haber sido “más agresivos” con el régimen de Al Assad y haber atacado las bases aéreas desde donde se usaron armas químicas por ser la causa de la mayor parte de bajas civiles. Trump parece haberle hecho caso.

El Consejo de Seguridad de la ONU intentó condenar la acción, de nuevo sin éxito. Rusia bloquea continuamente cualquier resolución contra su aliado Al Assad. La embajadora ante la ONU, Nikki Haley, suscribió la incapacidad de la organización por un veto que muchas veces EEUU utiliza en su favor. Fue cuando Estados Unidos habló por primera vez de medidas unilaterales. “Hay momentos en la vida de los estados que nos obligan a tomar nuestras propias acciones”, señaló Haley.

El Kremlin considera la intervención como “un acto de agresión contra una nación soberana”, en palabras de Dimitri Peskov, portavoz de Putin

Así, de forma unilateral, EEUU ha llevado a cabo su primer ataque con misiles contra una base aérea siria. Es la primera acción militar directa contra las fuerzas de Bashar Al Assad. Para Trump “el amigo de mi amigo no es mi amigo”. El Kremlin considera la intervención como “un acto de agresión contra una nación soberana”, en palabras de Dimitri Peskov, portavoz del presidente Putin. Para Trump, Bashar Al Assad es “un dictador” que ha matado “a civiles inocentes”. Y ha pedido a las naciones civilizadas a que se unan a EEUU “para acabar con la masacre en Siria y poner fin a todo tipo de terrorismo”. De este modo, Trump se vuelve multilateralista, a su manera, llevando la iniciativa y dejando de lado a las organizaciones como la ONU que poco pueden avanzar.

Con Al Assad hay un enemigo común, los terroristas del autodenominado Estado Islámico. La propia Haley reconocía que desplazar a Al Assad del poder no es una prioridad para EEUU. Sin embargo, después del ataque en Idlib, el secretario de estado, Rex Tillerson, decía que no tendría un papel en el futuro de Siria. Un giro de 180 grados en horas. A Trump no le basta la lucha contra el Estado Islámico para que sea un amigo incondicional. La lucha contra el terrorismo de Trump no es la misma que la de Putin . Hay líneas rojas.

Este ataque es una llamada de atención y no sólo a Bashar Al Assad. Sitúa a EEUU como un actor internacional con una nueva dinámica. Advierte al líder ruso, Vladímir Putin, que EEUU actúa por sus propios intereses, que ni en Oriente Próximo ni en ningún otro lado va a ser marioneta de nadie. Y que tampoco las organizaciones internacionales van a ser una cortapisa a la hora de actuar.

Y muy especialmente es un mensaje para Corea del Norte y para China. El régimen de Pyongyang está lanzando misiles un día sí y otro también. Tillerson ya no hace más comentarios. Dice que todo está dicho y no ha descartado pasar a la acción. El líder chino, Xi Jinping, se sienta a la mesa de Trump este viernes en Mar-a-Lago, Florida. Trump ha reiterado que China es quien puede parar a Corea del Norte. Xi sabe ahora que América ha vuelto.