La semana pasada, el primer barómetro de 2017 del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat dejó un titular generalizado: el independentismo sigue a la baja y el ‘No’ ganaría por cuatro puntos de diferencia un hipotético referéndum en el que todo el mundo votase. La foto fija fue esa y el análisis no avanzó mucho más allá. Veintiséis páginas de resumen de datos sintetizadas más aún. Sin embargo, en los límites de la demoscopia y, de paso, en los de la sociedad emergían otros titulares alternativos, acaso más sorprendentes, cuando no directamente inexplicables.

El mismo estudio desvelaba, por ejemplo, que el 3,1% de los votantes de Ciudadanos en Cataluña -unas 23.000 personas- quieren que ésta región se convierta en un estado independiente. O que hay 14.525 votantes de la CUP, que representan el 4,3% de la fuerza electoral de la formación antisistema, deseando que Cataluña siga siendo “una comunidad autónoma dentro de España”.

Esos porcentajes, ya sorprendentes, variarían más aún si se colocase al votante ante la opción efectiva de las urnas. Las cifras marginales que se desprenden de este ejercicio a menudo son ignoradas, pero podrían alterar los equilibrios de fuerzas de manera decisiva. Sin ir más lejos, el 7,7% de los votantes de Junts pel Sí y el 7,1% de los de la CUP representan 150.000 papeletas que se encasillan invariablemente en el ‘Sí’pero en el momento de la verdad optarían por el ‘No’ a la independencia.

El 1,8% de los votantes del PP en Cataluña responderían ‘Sí’ a la pregunta “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?”

No existen los bloques 100% compactos. En ningún bando. Tampoco en el PP: el 1,8% de los votantes de la formación que dirige en Cataluña Xavier García Albiol responderían ‘Sí’ a la pregunta “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?”. Esto, que se dibuja como una cifra insignificante, devuelve que en Cataluña hay al menos 6.285 personas a las que pasan por alto el 100% de los estudios sociológicos sobre la comunidad.

Más sorprendente todavía es este dato entre el electorado de Ciudadanos: el 4,1% se pronunciarían a favor de la secesión en un referéndum, incluso si éste no fuera acordado. 30.200 personas a las que parece desconocer el propio Albert Rivera.

El delirio demoscópico, sin embargo, no es ni mucho menos monopolio de Cataluña. Ocurre en toda España y lo demuestra el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) con cada barómetro. Las rarezas ideológicas están ahí y sólo hace falta localizarlas para darse cuenta de que, por ejemplo, hay en España 158.824 votantes del PP que se muestran favorables a que el Estado “reconociese a todas las comunidades autónomas la posibilidad de convertirse en Estados independientes”. Un 2% de sus cerca de 8 millones de electores se manifiesta así según el barómetro de marzo. El 0,9% de ellos se sitúa además en el 3 ideológico en una escala del 1 al 10, en el que el uno es la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha.

Hay un nicho de votantes del PP que se autoubican ideológicamente más a la izquierda que el PSOE (3.68) e incluso que Unidos Podemos (3.09). Y, de nuevo, no es el único partido que presenta sorpresas en este sentido. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) presentaba en la oleada de febrero un 4,6% de votantes autoubicados en la extrema derecha (entre el 8 y el 9), sólo una décima por debajo del 4,7% de votantes de este partido que aseguraban sentirse “tan españoles como catalanes”.

Un 0,9% de los cerca de 8 millones de electores del PP se sitúa en el 3 ideológico en una escala del 1 al 10 en el que el uno es la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha

Los derechistas de ERC, eso sí, no estaban solos. En el 8 ideológico, donde arrasa el PP y apenas compite Ciudadanos, hay espacio para todos. Un 4,8% de estos electores reconocía abiertamente en ese barómetro votar al PSOE, un 2,4% a Compromís, un 1,2% a Podemos y otro 1,2% a EH Bildu. Pasa lo mismo en los espectros de la extrema izquierda. De entre los que se sitúan en el 1, por ejemplo, el 2,6% admitían haber votado a Ciudadanos el pasado 26-J y el 1,3% lo hizo por Convergència.

Esta indefinición ideológica cala especialmente entre la preciada bolsa de indecisos que en cada cita electoral se disputan los partidos como trofeo de caza mayor durante las últimas semanas de campaña. Pero hasta en la duda hay sorpresa. Es cierto que los tránsitos más comunes el 26-J se dieron entre el PP y Ciudadanos (16,1%), PSOE/Podemos (14%) y PSOE/Ciudadanos (12%), pero se dieron otros más rocambolescos. El 1,4% de los indecisos españoles que terminaron acudiendo a las urnas no decidió hasta el último momento si votaría al PP o a Podemos. El 1,8% dudó entre Ciudadanos y una opción entre En Comú, Compromís o Convergència. Hubo incluso un 0,1% de votantes que se pensó si votar al PP o hacerlo por el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (PACMA).

Otros tuvieron dudas más estrambóticas todavía. Dónde votar, por ejemplo. En las elecciones generales de junio de 2016, el 0,9% del electorado no votó porque “no sabía a dónde tenía que ir”. El tema de los desconocimientos es el otro gran clásico de las encuestas. Aunque pueda parecer surrealista, efectivamente existe un 2,3% de españoles mayores de edad -840.000 personas- que ignoran quién es Albert Rivera; un 1% -365.200 personas- que desconocen a Pedro Sánchez; un 0,8% -292.170 personas- no sabe quién es Pablo Iglesias e, incluso, a 73.000 personas -un 0,2%- no les viene nada a la cabeza cuando se les menciona el nombre de Mariano Rajoy. Hay vida extraterrestre, y está entre nosotros.